Mar del Plata - Le hicieron frente a la tarde invernal y avanzaron por la costa durante casi dos horas. 
 
Abrigados, envueltos en banderas celestes y blancas y a paso firme, familiares de los tripulantes del ARA San Juan partieron desde la Base Naval y llegaron ya en penumbras hasta pleno centro con dos reclamos que gritaron durante el largo recorrido: continuidad en la búsqueda del submarino y justicia en este caso.
 
Seis meses transcurrieron desde el último contacto con la dotación de 44 hombres, que navegaba desde Ushuaia hacia Mar del Plata. "Ha pasado mucho tiempo, necesitamos saber qué pasó para poder cerrar nuestra historia", dijo a LA NACION Mabel Castillo, hermana de Enrique David, uno de los suboficiales que permanece desaparecido.
 
La manifestación de cada mes se tornó más nutrida por este hito que significa medio año sin una sola novedad concreta respecto a qué fue de la nave y sus marinos. A los casi 20 familiares que mantienen aquí la vigilia desde el primer día se sumaron otros 30 o 40, arribados desde sus provincias para fortalecer esta demanda para que el rastrillaje se sustente y, además, se intensifique con medios civiles. La contratación de esos equipos la concretará el gobierno en próximas semanas.
 
Francisco, hermano del suboficial Sergio Cuellar, volvió a viajar desde Salta casi seis meses después de aquella escala obligada que hizo aquí para recibir primeros informes sobre la desaparición del submarino. "Todo es incertidumbre y la respuesta es siempre la misma: nada, ni una sola novedad", explica, enfundado en un poncho rojo y antes de desandar con un centenar de pares los casi seis kilómetros que separan al apostadero militar de la Catedral local, donde cerraron la manifestación con una misa.
 
Los familiares exigen por la pronta puesta en marcha del operativo de búsqueda subacuática con una empresa privada. Hay nueve firmas interesadas que presentaron oferta en la licitación pública. "Dijeron contratación directa, pero todo se demora, siempre" acota Mabel Castillo, que cuestiona a las autoridades porque los tiempos que manejan "no son los nuestros, que son urgentes".
 
Hoy sienten que a los 44 tripulantes los han dejado abandonados. Solo la corbeta ARA Rosales está en tareas de rastrillaje, pero casi sin tecnología como para detectar al submarino en profundidades. Carina Funes, esposa del suboficial Cayetano Vargas, solo viene a la Base Naval el 15 de cada mes, para compartir las marchas. "Una intenta estar fuerte para contener a los chicos, que extrañan a su padre", dice sobre sus hijos que tienen 17 y 10 años. El más pequeño, cuenta, dice hoy que su padre tiene "un maldito trabajo". "Tendría que haberlo cambiado", le dijo a su madre, que se carga de coraje y retiene lágrimas con mucho esfuerzo. "Claro que se llora, pero de noche, sola", asegura a LA NACION.