
La Cámara Penal de Rosario absolvió al policía Luciano Nocelli, condenado en 2022 a 25 años de prisión por un doble homicidio ocurrido en 2019.
La Corte Suprema provincial había anulado el fallo por arbitrariedades. La nueva resolución, celebrada por el gobernador Maximiliano Pullaro, reconoce los errores de una Justicia que, por fin, empieza a revisar cómo juzga a quienes nos cuidan.
Un giro en la historia judicial
La Cámara Penal de Rosario, integrada por los jueces Gabriela Sansó, Alfredo Ivaldi Artacho y Juan Pablo Lavini Rosset, absolvió al suboficial Luciano Nocelli, quien había sido condenado a 25 años de prisión por el doble homicidio de Jimena Gramajo (25) y Maximiliano Rosasco (35).
Los hechos ocurrieron el 21 de mayo de 2019 en Buenos Aires y 27 de Febrero, cuando Nocelli y su compañero, el policía Hugo Leone, intervinieron ante un intento de robo violento. En apenas 14 segundos, se produjo un intercambio de disparos que terminó con los dos delincuentes muertos.
El primer fallo lo había condenado, en 2022, por “exceso en el cumplimiento del deber”, alegando que hubo disparos a corta distancia cuando el peligro ya habría cesado. Sin embargo, la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe anuló esa condena en 2024, señalando graves arbitrariedades y una valoración parcial de la prueba.
Los jueces advirtieron que el tribunal anterior había “fraccionado artificialmente” el enfrentamiento en dos secuencias —una de 11 segundos legal y otra de 3 segundos supuestamente ilícita—, sin tener en cuenta la tensión, el riesgo y la inmediatez propios de una situación de vida o muerte.
Un contexto que no se quiso ver
En su voto, la jueza Sansó fue contundente:
“No ponderar la reacción del agente frente a un contexto de violencia, el temor experimentado y la percepción del peligro concreto derivó en una apreciación parcial de la prueba”.
El tribunal coincidió en que Nocelli actuó bajo una situación de riesgo real, persistente y de extrema tensión, y que las imágenes de las cámaras, analizadas “a cámara lenta”, no podían reemplazar la vivencia inmediata de los hechos.
En consecuencia, la Cámara revocó la condena y absolvió al agente, considerando que su accionar fue ajustado a la dinámica real del enfrentamiento.
Reacciones y lecturas políticas
La absolución fue celebrada por el gobernador Maximiliano Pullaro, quien desde su asunción había cuestionado el tratamiento judicial del caso y hasta deslizado la posibilidad de un indulto.
“Celebro este fallo por todos los buenos policías que nos cuidan. Algo está cambiando en la Justicia santafesina”, expresó el mandatario.
El ministro Pablo Cococcioni también destacó la decisión:
“Un policía que en 14 segundos tuvo que decidir si protegía su vida, la de su compañero y la de los vecinos. Este fallo defiende a quienes todos los días se ponen el uniforme”.
Una lectura desde la Doctrina de la Sospecha Permanente
El caso Nocelli se convierte en un emblema de lo que hemos llamado la Doctrina de la Sospecha Permanente: una lógica estatal que presume la culpabilidad del policía por el solo hecho de actuar.
Durante años, el agente fue sometido a una presunción de abuso en lugar de una evaluación objetiva del contexto operativo.
Su absolución no borra el sufrimiento ni los años perdidos, pero sí marca un punto de inflexión: el reconocimiento de que no puede haber justicia si el Estado desconfía estructuralmente de quienes lo representan en el terreno.
Esta absolución no es solo un acto jurídico: es un acto moral y político.
El caso Nocelli expone la necesidad de revisar la forma en que el sistema penal trata a los trabajadores policiales, sometidos a una doble carga: la del riesgo en la calle y la del prejuicio en los tribunales.
Cuando la sospecha se convierte en método, la justicia se degrada.
Cuando el valor se reconoce, empieza a nacer la confianza soberana.
¿Nadie ha roto el hielo todavía?
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