
Óscar Santiago Zarich, hijo de un policía santafesino: un nombramiento que une tradición familiar y vocación de servicio.
Por Rubén Pombo
El nombramiento de Óscar Santiago Zarich como nuevo jefe del Ejército Argentino no solo representa un movimiento institucional de relevancia; también toca una fibra especial en Santa Fe, donde su apellido evoca una historia familiar marcada por el servicio. Zarich es hijo del fallecido comisario Óscar “El Conde” Zarich, figura recordada dentro de la Policía de la provincia por su carácter firme, su disciplina y su modo directo de ejercer la autoridad. Era parte de una generación en la que el uniforme no se explicaba: se honraba.
Mientras ese legado permanece en la memoria policial santafesina, el perfil profesional del general Zarich —tal como retrató MDZ— muestra una trayectoria militar construida desde otra lógica institucional, más técnica y más propia de las Fuerzas Armadas modernas.
Egresado del Colegio Militar en 1987, especializado en Infantería, desarrolló una sólida carrera en unidades de montaña y comandos, asumió responsabilidades en logística, planeamiento y operaciones, integró misiones internacionales. Una hoja de vida que refleja profesionalización, estudio y un ejercicio del mando alineado con los estándares del siglo XXI.

Su extenso currículum que gentilmente nos proporciona el Departamento de Comunicación Institucional de la Secretaría General del Ejército Argentino el general de división OSCAR SANTIAGO ZARICH:
Sin embargo, más allá de las diferencias propias entre una policía provincial y un ejército nacional, hay un hilo común: la vocación de servicio, esa manera de entender la función pública como un compromiso que excede al individuo. No parece casual que Zarich provenga de un hogar donde los uniformes formaban parte del paisaje cotidiano, donde la idea de disciplina se transmitía más por ejemplo que por palabras, y donde la noción de “cumplir con el deber” era parte del aire familiar.
Su llegada a la jefatura del Ejército resignifica, entonces, el apellido. No como réplica del padre —cada uno hizo su camino en instituciones con culturas distintas— sino como continuidad de un mismo núcleo de valores: orden, responsabilidad, entrega, respeto por la función y una ética del servicio que se hereda más como actitud que como mandato.
De algún modo, este nombramiento conecta dos historias: la del comisario santafesino “El Conde”, que dejó su marca en tiempos donde la autoridad se vivía de otro modo, y la del hijo que hoy asume la conducción de la fuerza militar más importante del país con una formación moderna y una mirada estratégica.
Es una de esas vueltas del destino donde las trayectorias familiares se entrelazan con la historia institucional. Y aunque el anuncio se inscriba en la agenda nacional, en Santa Fe inevitablemente despierta una memoria propia: la de un apellido asociado al servicio y la disciplina, que ahora se proyecta a un nuevo escenario, con nuevas responsabilidades, pero con la misma raíz.
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