El salario como derecho, no como instrumento de control

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MAS PLUS. El gobierno provincial los anunció pero con «cupos»

Salarios básicos insuficientes y plus con cupo convierten el ingreso en un mecanismo de control que fragmenta a la fuerza, debilita la unidad de acción y erosiona la igualdad por igual tarea.

Por Alberto Rubén  Martínez (*)

La política salarial del gobierno de Maximiliano Pullaro no puede analizarse exclusivamente como una discusión técnica sobre ingresos. Leída desde la Doctrina de la Sospecha Permanente (DSP) y el dispositivo Foco y Vara (FyV), revela algo más profundo: el salario como instrumento de control selectivo.

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«Crean un Incentivo por Riesgo Profesional para personal policial de algunas áreas» (Diario el Litoral)

El punto de partida es claro y verificable: el salario de bolsillo del personal policial y penitenciario no alcanza para cubrir ni la mitad de la canasta familiar. Esa insuficiencia no es un daño colateral: es el terreno sobre el cual luego se despliegan los mecanismos de disciplinamiento.

Foco: salarios bajos y trabajadores vulnerables

FyV enseña que el poder no actúa de manera pareja. Primero define focos: sectores más expuestos, más dependientes, con menor margen de autonomía. Un trabajador cuyo salario no alcanza para vivir está, por definición, en situación de vulnerabilidad estructural.

En ese contexto, el salario deja de ser un derecho garantizado y se transforma en una variable de presión. No hace falta castigar abiertamente: alcanza con administrar la escasez.

Vara: plus limitados, cupos y selección

Es allí donde aparece la vara. El Ejecutivo provincial no recompone el salario básico de manera general, sino que ofrece “plus” remunerativos, limitados y con cupo, destinados a grupos específicos y definidos por la propia autoridad administrativa.

Desde FyV, esto no es una política de reconocimiento: es selección disciplinaria.

  • No acceden todos.
  • No acceden por igual.
  • No acceden por derecho, sino por decisión administrativa.

El mensaje implícito es claro: el ingreso adicional no depende solo de la tarea, sino del lugar que cada uno ocupa en el esquema de confianza y obediencia.

Meritocracia y fragmentación interna

En este esquema, la apelación a la meritocracia no fortalece la profesionalización ni el compromiso colectivo. Por el contrario, administrada sobre salarios básicos insuficientes y plus con cupo, funciona como un factor de fragmentación interna. El ingreso deja de ser una cuestión de derechos compartidos y pasa a vivirse como una competencia individual.

La consecuencia es visible en el terreno: “yo no cobro plus, que vayan los que cobran plus”. Esa frase, repetida en distintos contextos, expresa con crudeza cómo el salario fragmentado rompe la unidad de acción en fuerzas numerosas. El compañero deja de ser par y pasa a ser “el que tiene algo más”. Así, la política salarial no solo administra ingresos: administra distancias, resentimientos y desresponsabilización colectiva.

DSP: cuando la sospecha organiza el ingreso

La DSP describe un Estado que no confía en sus trabajadores, y por eso evita consolidar derechos universales. Prefiere administrar beneficios condicionados, porque eso permite observar, premiar, retirar y volver a otorgar.

El salario con cupo encaja perfectamente en esa lógica:

  • no organiza,
  • no iguala,
  • no dignifica; solo clasifica y condiciona.

Así, la sospecha no se expresa solo en controles, sumarios o auditorías, sino también en el bolsillo.

Igual tarea, distinto ingreso: la fractura deliberada

Tanto la Constitución Nacional como la de Santa Fe sostienen el principio de igual remuneración por igual tarea. Desde FyV, la violación no es un error jurídico aislado, sino un mecanismo funcional.

Cuando dos trabajadores realizan la misma tarea pero solo uno accede al plus:

  • no estamos ante un derecho,
  • tampoco ante un beneficio general,
  • estamos ante un privilegio selectivo.

Y el privilegio, a diferencia del derecho, divide, fragmenta y ordena.

Continuidad del dispositivo

La actual gestión no rompe con el esquema anterior: lo continúa.

La política de plus limitados ya había sido utilizada durante la gestión de Perotti y Saín.

Cambian los nombres, cambian los decretos, pero el dispositivo es el mismo:

  • salario básico bajo (foco),
  • adicionales selectivos (vara),
  • obediencia inducida sin sanción formal.

FyV no mira quién gobierna, sino cómo gobierna. Y acá la matriz es reconocible.

Una política vieja con consecuencias nuevas (y previsibles)

Conviene decirlo con claridad: la política de “plus” no es una novedad de esta gestión, ni siquiera de la anterior. En sus distintas variantes —incluyendo las vinculadas a fuerzas especiales como el TOE— se viene aplicando desde hace décadas en Santa Fe y en otras jurisdicciones. Cambian los nombres, los decretos y los argumentos coyunturales, pero el esquema se repite: salarios básicos insuficientes y adicionales selectivos, con cupo, administrados bajo criterios definidos por la autoridad política o jerárquica.

Leído desde Foco y Vara, esto no expresa una sucesión de errores, sino la persistencia de un mismo dispositivo de gobierno del trabajo estatal. El foco se coloca sobre trabajadores con ingresos que no alcanzan para vivir y la vara aparece en forma de plus que puede otorgarse o negarse sin sanción formal. Pero además, esta modalidad colisiona abiertamente con principios constitucionales como el de igual remuneración por igual tarea, abriendo de manera casi inevitable la puerta a reclamos que ya se escuchan en voz alta: ¿por qué no ingresé en el cupo y otro sí? ¿por qué, haciendo la misma tarea, cobro menos?

Estas preguntas no son retóricas ni nuevas. Ya generaron en gestiones anteriores reclamos administrativos y acciones judiciales, algunos de los cuales aún se encuentran en trámite. La experiencia demuestra que cuando el salario se administra de manera discrecional, el conflicto deja de ser político para volverse jurídico. Y cuando eso ocurre, no hay relato que lo disimule: lo que aparece es la fractura entre derecho y privilegio.

Lo que muestra FyV, sin estridencias

Leída desde la DSP y FyV, la política salarial provincial no apunta a fortalecer al trabajador ni a profesionalizar la función, sino a administrar la dependencia. No se gobierna pagando salarios dignos y luego regulando responsabilidades. Se gobierna manteniendo salarios bajos y dosificando ingresos como forma de control. Cuando el salario deja de ser piso y se convierte en premio, la sospecha ya ganó. Y cuando la dignidad depende de un cupo, la vara ya está levantada, aunque nadie la nombre.

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«Quien quiera oir que oiga»

(*) Periodista. Licenciado en Seguridad Pública (Universidad Nacional de Chaco Austral -. UNCAUs). Autor del libro Doctrina de la Sospecha Permanente (DSP)

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Web: Confianza Soberana – Teoría política en desarrollo

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