
La situación dentro de la Policía de Acción Táctica – UOI Santa Fe ha llegado a un punto crítico. Así lo expresan numerosos efectivos que describen un escenario de abandono operativo, deterioro logístico, desigualdad interna y agotamiento extremo del personal, en lo que ya consideran la peor etapa que recuerdan dentro de la unidad.
Por Marcos Anglada
Según relatan fuentes internas, desde la asunción del subdirector Emanuel Beloso se implementaron una serie de cambios organizativos —CAT, SIP y esquema por Compañías— con tres regímenes horarios distintos, que lejos de mejorar la operatividad generaron desorden, malestar y un trato desigual, afectando especialmente al personal destinado en el norte provincial y favoreciendo al personal con base en la ciudad de Santa Fe.
Uno de los puntos más graves es el estado de la flota de móviles. Patrulleros destruidos, sin cubiertas en condiciones, sin reparaciones mínimas y sin aire acondicionado, lo que compromete directamente la seguridad del personal y la capacidad de respuesta operativa. En las últimas etapas se produjeron accidentes atribuibles al mal estado de los vehículos, que no derivaron en tragedias solo por azar.
Las condiciones edilicias completan un cuadro alarmante. En la casilla de Barranquitas, el personal debe utilizar baños químicos; en la base de Recreo, los sanitarios se encuentran destruidos, sin duchas, con presencia de ratas y alacranes. Las cuadras destinadas al descanso cuentan con colchones inutilizables, configurando un entorno que los propios efectivos califican como indigno y humillante.
La incertidumbre se profundiza porque las mejoras prometidas nunca llegaron. No hubo soluciones concretas, ni plazos, ni respuestas claras. El malestar escaló aún más en las últimas horas cuando, durante una reunión interna, un jefe de Compañía de Movilidad Vehicular (MV) reclamó soluciones operativas y fue descalificado públicamente, siendo tildado de “piquetero” delante de subalternos, en un episodio que agravó la tensión interna y quebró aún más el vínculo de confianza.
Hoy, el clima interno es de quiebre total. En pasillos y oficinas se repite la misma frase: “Nunca se estuvo tan mal como ahora”. La conducción aparece desbordada, la Operativa Uno fuera de control y el personal al límite físico y psicológico.
Frente a este escenario, la pregunta es inevitable y legítima:
¿hasta cuándo las autoridades máximas de la Policía de Acción Táctica sostendrán en el cargo a una conducción que, según el propio personal, ha perdido el control efectivo de la unidad?
El deterioro ya no es una advertencia ni un reclamo aislado. Es una realidad cotidiana que pone en riesgo a quienes tienen la responsabilidad de intervenir en los escenarios más complejos de la seguridad pública. Ignorarla no solo profundiza el conflicto: la hace estructural.
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