«Callar por miedo no debería ser la regla. Estamos cansados»

«Callar por miedo no debería ser la regla. Estamos cansados»
Subinspector Cintia Curioni, presta servicio en la Unidad Regional XV.

Una joven mujer oficial de policía de nuestra ciudad, que presta servicios en la Unidad Regional XV se expresó con una carta a través de redes sociales para hacer un pedido público en el contexto de una serie de denuncias públicas, bajas y hasta hechos más graves como suicidios, que se viven en la fuerza desde hace un tiempo.

A continuación, el escrito:

«Buenas noches, me presento, soy Subinspector Cintia Curioni, presto servicio en la Unidad Regional XV y tengo 10 años de servicio en la Policía de la Provincia de Santa Fe. Trabajo desde los 18 años. Antes de ingresar a la fuerza, me desempeñé en el ámbito privado, en distintos trabajos, de lo que hubiera. Sé lo que es cumplir horarios, responder a jefes, ganarse el sueldo, adaptarse y salir adelante. Esta no es mi primera experiencia laboral. Renuncié a otro trabajo para elegir pertenecer a la policía, por vocación. Por eso duele y desmotiva tanto lo que se vive en el día a día.

Escribo esto desde un lugar de cansancio profundo, pero también desde la convicción. Porque hay cosas que dentro de la seguridad se siguen naturalizando y ya no pueden seguir pasando como si nada. No voy a puntualizar hechos ni personas. No es ese el sentido. Sí voy a decir que existe un seguimiento que viene de vieja data y que, como en tantos otros casos, termina impactando no solo en lo laboral, sino en la salud física y mental de quienes trabajamos en este sistema.

Se creó un área de Bienestar Policial, dependiente del Ministerio de Seguridad. En los papeles existe, pero en la práctica, muchas veces seguimos atravesando sobrecargas, presiones, destrato, silencios y una lógica que parece más preocupada por números, estadísticas y conveniencias políticas que por las personas que están detrás del uniforme.

Quiero aclarar algo importante:

Yo, gracias a Dios, soy una persona afortunada. No viajo largas distancias ni estoy lejos de mi hogar. Y aun así, el malestar existe. Porque esto no le pasa solo a quienes tienen que viajar, a quienes no llegan a fin de mes o a quienes están peor. Esto atraviesa a toda la fuerza. El sistema está mal y se trabaja mal, más allá de las realidades particulares.

Lo digo para evitar comentarios fuera de lugar. No escribo desde la queja fácil ni desde la comodidad del ‘total te pagan igual’. Reconozco la realidad, porque la conozco. Nada de esto es regalado.

También quiero decir algo más: He tenido muy buenos jefes, muy buenos superiores y excelentes compañeros. Los hay. Y cuando las cosas se hacen bien, se trabaja mejor y en paz. El problema es que muchas veces, cuando alguien intenta hacerse valer, expresar un límite o plantea una situación con respeto, se la señala como la problemática. Es más fácil.

En algunos casos, se juega con la jerarquía para imponer órdenes improcedentes, cuando manifestarse no es rebeldía. Hablando se entiende la gente. Callar por miedo no debería ser la regla. Estamos cansados. Cansados de aguantar. Cansados de que se confunda vocación con aguante ilimitado. Cansados de que decir “basta” parezca un problema y no una alerta.

Yo todavía tengo fuerzas. Y justamente por eso escribo. Porque no me voy a rendir. No voy a sacar carpeta para desaparecer del sistema. No voy a abandonar mi carrera ni mi sueño, ni permitir que situaciones como las que se viven tengan como resultado que deje atrás todo lo que construí. Estudio. Me formo. Progreso día a día.

Soy madre soltera y la crianza de mi hijo de tan solo 3 años es el motor que me impulsa todos los días. A él le debo mucho más que palabras: le debo ejemplo, dignidad y coherencia.

También escribo esto pensando en una compañera de la localidad de San Fabián, cuya reciente baja me tocó profundamente. No sé si atravesó las mismas situaciones, quizá sí, quizá no, pero estoy convencida de que nadie abandona una vocación porque sí. Lo hago por ella y por cada uno y cada una de quienes ya no aguantan, por quienes se fueron en silencio y por quienes todavía seguimos de pie, sin merecer estas injusticias.

Entramos a esta fuerza por vocación. Para ser mejores. No solo para hacer cumplir la ley como auxiliares de la justicia, sino también para que nuestros propios derechos y deberes sean respetados. Eso no debería quedar afuera. Esto no es un ataque. Es un pedido. Un pedido urgente de que nos escuchen, de que nos dejen trabajar con respeto, con humanidad, entendiendo que sin salud mental no hay seguridad posible.

La fuerza todavía aguanta. Pero aguantar no debería ser la condición para pertenecer. Yo elijo trabajar bien. Yo elijo trabajar en paz. Gracias a todos por escuchar mis palabras!»

Fuente: Coronda Registrada

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