El Inspector Andrés “Yogui” Alfonso, con 28 años de servicio, solicitó su retiro voluntario tras ser desplazado y trasladado luego de negarse a reprimir a familiares durante el acuartelamiento, en una decisión que evitó conflictos y fue reconocida con aplausos en la calle.
Por Rubén Pombo (*)
La salida del Inspector Andrés “Yogui” Alfonso de la policía santafesina no es un hecho más dentro de los movimientos internos de la fuerza. Es, más bien, una historia que deja al descubierto tensiones profundas entre conducción, criterio operativo y reconocimiento profesional. Cabe recordar que el operativo finalmente fue llevado adelante por el actual jefe de Policía, Luis Maldonado, marcando un contraste que sigue generando debate dentro de la fuerza.
Con 28 años de servicio, Alfonso decidió pedir el retiro voluntario. No fue una decisión administrativa más. Fue el desenlace de una situación que, para muchos dentro de la institución, expone un problema que se repite: cuando el que está en la calle actúa con criterio, pero la conducción responde con sanción muchas veces encubierta y solapada.
Una escena que terminó en aplausos
Todo se desencadena durante el acuartelamiento. En ese contexto, el entonces segundo jefe del CGI tenía una orden clara: desalojar a familiares que se encontraban sobre calle Francia. Sin embargo, Alfonso tomó otra decisión. Ordenó retirar el grupo.
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05/02/2026 – TENSOS Y EMOTIVOS MOMENTOS: Anoche frente a la jefatura de policía de Rosario. El jefe del extinto Suboficial Valdez obligado por el gobierno a desalojar a sus propios camaradas. ¡Más manoseo imposible! Así los tienen como a perros todos los días.
ROSARIO 05/02/2026 – En pleno conflicto policial el entonces subjefe del CGI UR II repliega a su personal y no ordena reprimir. Esto le costo su solicitud de pase a retiro en medio de una feroz persecución de las autoridades del gobierno provincial y la policía provincial. Hoy 28/03/2026 se conoció su decisión de pedir el retiro voluntario.
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No hubo incidentes. No hubo tensión. No hubo represión. Por el contrario, la escena terminó con aplausos y muestras de reconocimiento de los propios familiares presentes. Un gesto poco habitual en escenarios de este tipo, donde suele primar la confrontación.
Quienes estuvieron allí aseguran que incluso existe un video de ese momento, que refleja con claridad lo ocurrido.
La respuesta que vino desde adentro
Pero lo que en la calle fue leído como una decisión prudente, puertas adentro tuvo otra interpretación. Alfonso fue removido de su cargo y posteriormente trasladado a Arroyo Seco, a unos 30 kilómetros de Rosario. La decisión, atribuida a la conducción de la Unidad Regional II, fue percibida por muchos como un castigo.
Y ahí aparece una de las contradicciones más difíciles de explicar: una acción que evitó conflicto terminó generando consecuencias negativas dentro de la propia institución.
El desgaste que no se ve en los partes oficiales
Con el paso de los días, el impacto de esa decisión se hizo evidente. No en informes ni en comunicados, sino en lo personal. Alfonso optó por pedir el retiro voluntario.
Detrás de esa decisión hay algo que no siempre se dice, pero que pesa: el destrato, la falta de reconocimiento y la sensación de que la experiencia acumulada no es valorada por la conducción actual.
No se trata solo de un cambio de destino. Se trata de lo que ese cambio representa para alguien que pasó casi tres décadas en la fuerza.
Un nombre que no pasa desapercibido
Para muchos policías, “Yogui” Alfonso no es un cuadro más. Es parte de su formación. Instructor en el curso GIRI en 2009, hombre de terreno, de esos que construyen autoridad desde el trabajo y no desde el escritorio. De los que conocen lo que implica estar horas con los borcegos puestos y tomar decisiones en contextos reales, no teóricos. Ese tipo de perfiles, cuando se van, dejan algo más que un cargo vacante.
Una señal que preocupa
El caso abre una pregunta que incomoda, pero que necesita hacerse: ¿Qué se espera hoy de un jefe operativo?
Si actuar con prudencia, evitar un conflicto y priorizar una salida pacífica termina en sanción, el mensaje que se transmite hacia abajo es claro, aunque no se diga en voz alta.
Y ese mensaje no siempre fortalece a la institución.
El reconocimiento que sí quedó
Más allá de lo que indiquen las resoluciones internas, hay algo que no se borra fácilmente.
El respeto de sus pares, el reconocimiento de quienes fueron formados por él y, en aquel episodio puntual, el aplauso de la gente.
No es menor. Porque en una actividad donde la legitimidad muchas veces se discute, ese tipo de reconocimiento tiene un valor que ningún traslado puede compensar.
La salida de Andrés “Yogui” Alfonso deja una sensación difícil de ignorar. No solo por lo que ocurrió, sino por lo que simboliza.
Porque cuando la experiencia se retira antes de tiempo, la pregunta no es solo quién se va.
La verdadera pregunta es qué está pasando adentro para que eso ocurra.
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(*) Periodista. Corresponsal en Rosario
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