El cabo de la Policía Federal Argentina Emilio Miguel Gómez Villafañe continúa internado en estado crítico en el Hospital Italiano de Rosario, donde lucha por su vida tras haber resultado gravemente herido en el ataque armado ocurrido en Villa Banana y en el que murió su compañero, el agente Rodolfo Arnaldo Manfredi.
En las últimas horas familiares, camaradas y amigos comenzaron a difundir una cadena de oración que rápidamente se extendió por distintas provincias del país. La imagen del joven policía acompañada por un pedido de fe y esperanza circula intensamente entre integrantes de las fuerzas federales, donde la preocupación por su estado de salud es tan grande como el malestar por las circunstancias en las que se produjo el hecho.
Según pudo saberse, Villafañe presenta heridas de extrema gravedad y permanece bajo estricta atención médica. Su evolución es seguida minuto a minuto por sus seres queridos y por compañeros de distintas dependencias, muchos de los cuales llegaron a Rosario en el marco del Plan Bandera.
Pero junto a la angustia comenzó a crecer otra sensación: la desconfianza.
Las versiones oficiales difundidas hasta el momento no lograron despejar las dudas sobre cómo se desarrolló la misión que terminó con Manfredi muerto y Villafañe luchando por sobrevivir.
El primer parte del Departamento de Investigaciones Federales Rosario sostuvo que ambos intentaron identificar a varios hombres y que uno de ellos abrió fuego. Más tarde, desde la Fiscalía se informó que los efectivos estaban uniformados, aunque llevaban camperones.
Sin embargo, dentro de la propia fuerza circulan otras versiones.
Algunos testimonios sostienen que los policías habrían estado vestidos de civil y que la misión desarrollada aquella noche habría sido diferente a la informada inicialmente. Otros cuestionan la modalidad operativa empleada y se preguntan si existió una adecuada evaluación del riesgo al ingresar en una de las zonas más conflictivas de Rosario.
Hasta el momento ninguna de esas hipótesis fue confirmada oficialmente.
Pero tampoco fueron completamente desmentidas.
Ese silencio alimenta el malestar entre quienes conocen la actividad desde adentro y saben que detrás de cada operativo existen órdenes, responsables y decisiones que deben ser explicadas.
También persisten interrogantes sobre el equipamiento utilizado, las condiciones en que se desarrolló el procedimiento y la desaparición del arma reglamentaria del agente fallecido, un dato reconocido por la propia investigación.
Mientras la Justicia intenta reconstruir la secuencia del ataque, la familia policial atraviesa horas de enorme tensión.
Por estas horas, el pedido más repetido no tiene contenido político ni institucional.
Es simplemente una oración.
Porque Emilio Miguel Gómez Villafañe sigue vivo.
Y mientras pelea por recuperarse, crece entre sus camaradas una convicción: la verdad sobre lo ocurrido en Villa Banana todavía no ha sido completamente contada.



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