
La tragedia aérea ocurrida este miércoles en la provincia de San Juan también golpeó profundamente a Rosario y a toda la comunidad vinculada con la aviación sanitaria y de emergencias.

Entre las siete personas fallecidas se encontraba el comandante Matías Valenzuela, conocido afectuosamente como “el Ronco”, piloto del helicóptero Bell 412 que cayó en inmediaciones del Parque Provincial Ischigualasto cuando participaba de una actividad vinculada con la capacitación y el combate de incendios forestales. Las causas del siniestro todavía son materia de investigación.
Valenzuela era, además, integrante de UTV Aeroemergencias, empresa con asiento operativo en el Aeropuerto Internacional Rosario Islas Malvinas. Desde allí participó en numerosos vuelos sanitarios, operativos de emergencia y traslados de personas accidentadas desde distintos puntos de la región.
No era solamente un piloto experimentado. Para quienes compartieron vuelos, guardias y operativos con él, era un compañero confiable, una persona generosa y un profesional que comprendía que detrás de cada despegue podía existir una vida esperando ser salvada.
En diálogo con nuestro medio, el comisario mayor retirado Fernando Scabuso, jefe de Operaciones de UTV y amigo personal de Valenzuela, recordó al “Ronco” desde un lugar atravesado por el dolor, pero también por el orgullo de haber compartido con él una parte importante de su vida.

Scabuso destacó su calidad humana, su profesionalismo y su permanente disposición para intervenir en situaciones difíciles. Lo recordó especialmente por los numerosos traslados de personas heridas o enfermas que realizó a lo largo de los años, algunos de ellos correspondientes a policías accidentados en servicio o efectivos provenientes de distintas localidades de la región.
En esas circunstancias, cuando cada minuto podía resultar decisivo, Valenzuela estaba allí.
Detrás de los controles de la aeronave había un hombre consciente de la responsabilidad que llevaba entre sus manos. No transportaba solamente pacientes: trasladaba esperanzas, familias enteras pendientes de una noticia y compañeros que aguardaban que uno de los suyos pudiera regresar con vida.
Muchas personas quizá nunca supieron su nombre. Lo conocieron como el piloto que llegó en medio de una emergencia, como la voz serena que indicaba que todo estaba preparado o como quien esperaba con los motores en marcha mientras médicos y rescatistas completaban su tarea.
Ese trabajo silencioso también construye una comunidad.
El mundo aeronáutico despide hoy a un piloto respetado y querido. UTV pierde a uno de sus hombres más apreciados. Sus amigos pierden al “Ronco”, con su manera particular de estar presente, de acompañar y de asumir cada misión.
Rosario también pierde a alguien que, aunque muchas veces trabajó lejos de las miradas públicas, formó parte de una red de asistencia que permitió salvar vidas en los momentos más críticos.
La aeronáutica de emergencia tiene algo de épica y mucho de sacrificio cotidiano. Se vuela cuando otros no pueden hacerlo, se aterriza donde las condiciones no siempre son las mejores y se trabaja sabiendo que del otro lado existe una urgencia que no admite demoras.
Matías Valenzuela eligió ese camino.
Hoy corresponde recordarlo no solamente por el vuelo en el que encontró la muerte, sino por todos los vuelos anteriores: aquellos en los que regresó con una persona herida, acompañó a un paciente grave o permitió que un policía accidentado llegara a tiempo a un centro de mayor complejidad.
Esos vuelos también forman parte de su historia.
A su familia, a sus compañeros de UTV Aeroemergencias, a Fernando Scabuso, a sus amigos y a toda la comunidad aeronáutica, nuestro acompañamiento en este momento de profundo dolor.
Que el último vuelo del “Ronco” no borre la memoria de los innumerables vuelos que realizó al servicio de la vida.
Buen vuelo, comandante.
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