Un argentino que se incorporó al ejército ucraniano para combatir en la guerra denunció que no le abonaron el sueldo prometido, que sufrió demoras e irregularidades administrativas y que, pese a haber pedido la baja, no puede abandonar el país sin exponerse a ser considerado desertor.
El testimonio fue difundido por TN, que preservó la identidad del denunciante por razones de seguridad. Su relato muestra una cara mucho menos épica del reclutamiento de extranjeros: promesas salariales incumplidas, retención de documentación y obstáculos para abandonar una estructura militar en plena guerra.
Una contratación por casi 3.000 dólares mensuales
El combatiente aseguró que viajó a Ucrania atraído por la oferta de un salario de 120.000 grivnas mensuales, equivalentes a unos 2.800 dólares, además de incentivos económicos para quienes fueran enviados al frente.
También le habrían prometido una adecuada instrucción militar, rápida apertura de una cuenta bancaria y la regularización de toda la documentación necesaria para recibir el pago.
Sin embargo, afirmó que, después de dos meses en Ucrania, todavía no había cobrado ningún sueldo.
“Como siempre, pintan todo color de rosa, uno lo cree. Llegás acá, te atienden muy bien, te dan una buena instrucción. Pero te dicen una cosa y después termina siendo otra”, relató.
Cuarenta y cinco días para abrir una cuenta
Uno de los primeros inconvenientes fue la demora en la apertura de la cuenta bancaria y la obtención del código fiscal necesario para cobrar.
Según contó, recién le habilitaron la cuenta después de un mes y quince días, aunque el procedimiento debía realizarse inmediatamente después de su llegada.
Para el denunciante, esa demora no fue una cuestión menor. La falta de documentación bancaria impidió que pudiera recibir el sueldo ofrecido y reforzó su decisión de solicitar la baja.
Pidió la baja por incumplimiento del contrato
El argentino explicó que el contrato permitía solicitar la desvinculación antes de cumplir los dos primeros meses cuando alguna de las partes incumplía las condiciones pactadas.
Ante la ausencia de pagos y las demoras administrativas, presentó el pedido de baja. Sin embargo, aseguró que las autoridades militares comenzaron a dilatar el trámite y finalmente se lo negaron.
De acuerdo con su relato, le informaron que antes debían investigar qué había ocurrido con cascos, chalecos y arneses que él y sus compañeros ya habían entregado al batallón anterior.
También les habrían advertido que, si esos elementos no aparecían, tendrían que pagarlos.
“Sentimos que estamos secuestrados”
Consultado sobre si él y sus compañeros se consideraban retenidos contra su voluntad, respondió afirmativamente.
“Mis compañeros y yo creemos que sí”, sostuvo. Luego describió la exigencia económica vinculada con los equipos militares como una especie de condición impuesta para recuperar la libertad.
“Es como que están pidiendo plata a cambio de nuestra liberación, nuestra baja”, denunció.
La afirmación es grave. No se trataría solamente de un conflicto salarial, sino de una situación en la cual un combatiente extranjero denuncia que no puede terminar una relación contractual ni abandonar el territorio pese a los presuntos incumplimientos de la contraparte.
La retención del pasaporte
El mercenario argentino también aseguró que, durante los primeros días, las autoridades no les devolvían los pasaportes si los propios interesados no los reclamaban insistentemente.
“Tenés que exigir que te lo entreguen porque, si no, no te lo dan. Tenés que enojarte para pedirles algo”, afirmó.
La recuperación del pasaporte, de todos modos, no resuelve su situación. Para abandonar Ucrania legalmente necesita que se formalice la baja y que le entreguen una identificación militar.
Sin esos documentos, explicó, no podría cruzar la frontera y correría el riesgo de ser considerado desertor.
Entre la baja y la acusación de deserción
El denunciante sostuvo que no puede simplemente tomar el pasaporte y regresar a la Argentina.
Para salir del país necesita un documento de baja y el correspondiente ID militar. Sin esa autorización, la estructura militar ucraniana podría considerarlo desertor.
De esta manera, el contrato que inicialmente aparecía como una oportunidad económica terminó convirtiéndose, según su denuncia, en una trampa: no le pagan lo prometido, pero tampoco le permiten retirarse sin consecuencias.
“Acá te matan y te matan”
El argentino lanzó además una advertencia dirigida a quienes evalúan viajar a Ucrania atraídos por el dinero o por una imagen idealizada de la guerra.
“El que piensa que esto es venir y transformarse en Rambo está equivocado. Acá te matan y te matan”, afirmó.
La frase expone crudamente la distancia entre la propaganda del reclutamiento y la realidad del campo de batalla. No existe aventura cinematográfica, sino una guerra de alta intensidad en la que los combatientes extranjeros quedan sujetos a una organización militar, a una legislación desconocida y a condiciones extremas de supervivencia.
El negocio del reclutamiento extranjero
El caso vuelve a colocar bajo discusión el circuito de captación de argentinos para combatir en Ucrania.
Las ofertas suelen presentar salarios en dólares, entrenamiento militar, alojamiento, equipamiento y beneficios adicionales. Para personas atravesadas por dificultades económicas, la propuesta puede parecer una salida rápida.
Pero quienes aceptan ingresan a una guerra ajena, bajo mando extranjero, sometidos a contratos y reglamentos cuya aplicación resulta difícil controlar desde la Argentina.
Además, una vez incorporados, los combatientes dependen de las autoridades militares para cobrar, trasladarse, recibir documentación y abandonar legalmente el territorio.
Una relación profundamente desigual
La denuncia deja al descubierto una relación de poder extremadamente asimétrica.
De un lado se encuentra el aparato militar de un Estado en guerra. Del otro, un extranjero aislado, lejos de su familia, sin salario y sin capacidad efectiva para abandonar el país por su propia decisión.
Aunque exista un contrato firmado, la posibilidad real de exigir su cumplimiento parece limitada. En medio de un conflicto armado, no hay una oficina normal de reclamos ni una justicia laboral a la cual acudir con facilidad.
El combatiente queda sometido a quienes controlan su documentación, su remuneración, sus movimientos y su eventual salida.
“Me arrepiento de haber confiado”
El argentino afirmó que se arrepiente de haber confiado en las promesas que recibió antes de viajar y de haber dejado a su familia.
“Veré cómo hago y me iré de vuelta a la Argentina, y lucharé allí en mi país para sobrevivir”, expresó.
Su testimonio no es solamente una denuncia individual. También constituye una advertencia para quienes puedan sentirse tentados por la promesa de cobrar en dólares a cambio de combatir en una guerra situada a miles de kilómetros.
Lo reclutaron por un salario que, según afirma, nunca recibió. Ahora denuncia que tampoco puede retirarse libremente.
Entre el contrato incumplido y la amenaza de ser considerado desertor, el mercenario argentino quedó atrapado en la misma guerra a la que había llegado buscando una oportunidad económica.
(*) Periodista. Corresponsal en Buenos Aires.






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