
Una investigación publicada por Agenda Malvinas y replicada por distintos medios sostiene que contingentes rotativos de entre 20 y 30 integrantes del Cuerpo de Marines de Estados Unidos estarían realizando actividades de adiestramiento junto al Batallón de Infantería de Marina N.º 4, con asiento en Tierra del Fuego.

La información abrió cuestionamientos por la ausencia de precisiones oficiales sobre los permisos, el alcance de los ejercicios y el eventual ingreso de equipamiento militar extranjero.
Según la publicación, los contingentes participarían en maniobras de desplazamiento, reconocimiento y supervivencia en valles, zonas montañosas y áreas cercanas a glaciares. La misma investigación afirma que habrían ingresado equipos de comunicaciones, sensores y otros recursos tecnológicos, parte de los cuales podría permanecer almacenada en instalaciones de la Armada en Ushuaia. Hasta el momento, esos extremos requieren una aclaración oficial que permita confirmarlos, precisarlos o descartarlos.
El control parlamentario no es una formalidad
La discusión excede el interés local. El artículo 75, inciso 28, de la Constitución Nacional establece que corresponde al Congreso permitir la introducción de tropas extranjeras al territorio argentino y la salida de fuerzas nacionales fuera de él. La Ley 25.880 reglamentó ese procedimiento y dispone que el Poder Ejecutivo debe solicitar la autorización parlamentaria, incluso cuando el ingreso esté contemplado en convenios marco de cooperación aprobados por ley.
Por eso, la pregunta no es si Argentina puede desarrollar actividades de cooperación y adiestramiento con otros países, sino bajo qué autorizaciones, con qué duración, qué personal participa, cuál es el material ingresado y cuál será su destino al finalizar las maniobras. En una república, la cooperación militar internacional debe ser informada y controlada: la discreción operativa no puede confundirse con opacidad institucional.
Tierra del Fuego, un punto estratégico
La situación cobra especial relieve en Ushuaia por la posición geopolítica de Tierra del Fuego, puerta de acceso a la Antártida y provincia atravesada por la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur. Cualquier presencia militar extranjera en la zona, aun cuando responda a ejercicios acotados, merece ser explicada con la seriedad que exige un área estratégica para la defensa nacional.
La investigación de Agenda Malvinas sostiene que las rotaciones se realizan junto al BIM 4 y que existe un circuito regular de ingreso y egreso de personal y equipamiento. Frente a esa información, corresponde que el Ministerio de Defensa, la Armada Argentina y la Cancillería informen si existe autorización del Congreso, qué actividades fueron aprobadas, cuántos efectivos participaron y si quedó material extranjero bajo resguardo en instalaciones nacionales.
No se trata de alimentar fantasmas ni de negar la cooperación internacional. Se trata de defender una regla elemental de soberanía: en el extremo sur argentino, las decisiones militares deben tener control democrático, marco legal y explicaciones públicas a la altura de su importancia.
(*) Periodista. Corresponsal en Buenos Aires.




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