BOU ROSARIO: vuelven las denuncias por maltrato, gritos y abuso de autoridad

BOU ROSARIO: vuelven las denuncias por maltrato, gritos y abuso de autoridad

Personal de la Brigada de Orden Urbano volvió a comunicarse con Radar Policial para denunciar situaciones de maltrato verbal y psicológico, gritos, insultos y prolongación de actividades fuera del horario de servicio.

Los nuevos testimonios apuntan a responsables de distintos sectores y vuelven a poner sobre la mesa una pregunta inevitable: ¿Qué está pasando dentro de la BOU de Rosario?

Nuevas denuncias provenientes de personal de la Brigada de Orden Urbano (BOU) de Rosario vuelven a advertir sobre situaciones que, según los testimonios recibidos, estarían deteriorando seriamente el clima laboral dentro de una dependencia que en los últimos meses ya fue escenario de reiterados reclamos.

Esta vez, los señalamientos alcanzan a la suboficial de policía Natalia V., a quien los denunciantes identifican como encargada del tercio Alfa, y a la inspectora Silvia M., señalada como responsable de la Oficina de Disponible.

Debe quedar expresamente aclarado que se trata de denuncias formuladas por integrantes de la propia dependencia y cuya responsabilidad individual deberá ser determinada, en su caso, mediante las actuaciones administrativas correspondientes. Radar Policial expone los testimonios recibidos y mantiene abiertas sus páginas para la respuesta de las personas mencionadas y de la conducción policial.

Tercio Alfa: una denuncia que se repite

Respecto de Natalia V., los mensajes recibidos describen presuntos episodios de gritos, insultos y maltrato verbal hacia compañeros de trabajo.

Los denunciantes cuestionan especialmente que una persona con escasa antigüedad institucional haya asumido, según describen, modalidades de conducción basadas en el destrato y la imposición antes que en el respeto profesional.

Pero existe además otro aspecto que excede lo estrictamente interpersonal.

El personal asegura que se realizarían “academias” una vez concluido el horario de servicio, obligando a los efectivos a permanecer dentro de la dependencia cuando ya deberían haber finalizado su jornada.

La consecuencia no es menor.

Quienes dependen del transporte dispuesto mediante colectivos QRU o de servicios regulares para regresar a sus domicilios pueden perder esas unidades, llegar varias horas más tarde a sus hogares y, en algunos casos, afrontar gastos adicionales para poder regresar.

El tiempo del policía también tiene valor.

Una instrucción, reunión o academia obligatoria vinculada con el servicio sigue siendo actividad laboral aunque se la convoque después de terminado el turno.

Ya había sido denunciado

Lo particularmente llamativo es que el problema del tercio Alfa no aparece ahora por primera vez.

El 7 de agosto de 2026 APROPOL Noticias publicó una denuncia proveniente de personal de la propia BOU donde ya se señalaban presuntos gritos, insultos y reuniones realizadas después del horario de servicio.

Aquella publicación advertía además sobre las consecuencias que esas demoras generaban para quienes dependían del transporte para regresar a sus domicilios.

Es decir: pasaron casi dos meses y el reclamo vuelve a aparecer.

Y cuando una denuncia se repite durante semanas o meses, la cuestión deja de ser solamente quién gritó, quién insultó o quién demoró una salida.

La pregunta pasa a ser otra:

¿Qué hizo la cadena de conducción después de conocer el problema?

También denuncian maltrato en la Oficina de Disponible

Una segunda comunicación recibida por Radar Policial apunta a la inspectora Silvia M., identificada por los denunciantes como encargada de la Oficina de Disponible de la BOU Rosario.

El personal habla de maltrato psicológico y verbal, abuso de autoridad y destrato hacia empleados administrativos.

Uno de los testimonios sostiene que la funcionaria tendría una conducta de permanente superioridad sobre quienes trabajan en el sector y que utilizaría expresiones descalificantes, llegando —según la denuncia— a tratar de “ignorantes” a otros integrantes de la dependencia.

Los cuestionamientos adquieren particular gravedad cuando los denunciantes aseguran que también existirían faltas de respeto hacia personal femenino embarazado.

Son afirmaciones que deberán comprobarse.

Pero precisamente por la gravedad del señalamiento corresponde investigarlas y no archivarlas bajo el cómodo argumento de que se trata simplemente de “problemas internos”.

“Estamos cansados”

Hay una frase dentro de los mensajes recibidos que probablemente sintetice mejor que ninguna otra el clima que los propios trabajadores describen: “Estamos cansados”.

Consultados sobre la existencia de registros de los episodios denunciados, los remitentes reconocieron que hasta ahora no disponían de grabaciones.

Sin embargo, anticiparon que comenzarían a registrar las situaciones que consideran abusivas.

Ese dato también debería preocupar a la conducción.

Cuando dentro de una dependencia policial los trabajadores sienten que necesitan comenzar a grabar conversaciones para protegerse frente a quienes tienen responsabilidad de mando, existe al menos una ruptura de confianza institucional que merece ser atendida.

El problema no termina en los nombres

Durante septiembre ya se habían conocido nuevas denuncias provenientes de la BOU relacionadas con recargos prolongados, jornadas de hasta doce horas, comunicaciones efectuadas con poca anticipación y cuestionamientos sobre los criterios utilizados para distribuir servicios.

Días después aparecieron además chats internos en los que integrantes de la dependencia expresaban malestar por la reiteración de recargos sobre determinadas personas.

Vistas en conjunto, las denuncias empiezan a dibujar un problema mayor.

No estamos únicamente frente a discusiones entre compañeros.

Estamos hablando de organización del trabajo, descanso, transporte, previsibilidad de los servicios, trato digno y ejercicio responsable de las funciones de mando.

Mandar no es maltratar

La estructura policial es jerárquica y necesita autoridad.

Eso no está en discusión.

Pero jerarquía no significa humillación, conducción no significa gritar y disciplina no significa disponer arbitrariamente del tiempo personal del subordinado.

Un buen jefe no demuestra autoridad haciendo sentir permanentemente al subordinado que puede complicarle la vida.

La autoridad profesional se construye con conocimiento, ejemplo, equilibrio y respeto.

Y esto resulta todavía más importante dentro de una institución cuyos integrantes trabajan armados, sometidos a altos niveles de exigencia, con jornadas extensas y responsabilidades que pocas profesiones soportan cotidianamente.

¿Quién controla a quienes tienen personal a cargo?

Si las denuncias son infundadas, corresponde esclarecerlo y despejar cualquier cuestionamiento sobre las personas señaladas.

Pero si existen testimonios coincidentes y reiterados, también corresponde determinar por qué estas situaciones pudieron sostenerse durante tanto tiempo sin una intervención eficaz.

La responsabilidad de una organización jerárquica nunca termina exclusivamente en el último escalón.

Existen superiores, jefes de dependencia, responsables operativos y una cadena de mando cuya función incluye precisamente supervisar cómo se ejerce la autoridad sobre el personal.

Radar Policial considera necesario que la conducción de la Unidad Regional II tome conocimiento formal de estos reclamos, escuche al personal involucrado con garantías de confidencialidad y determine qué está ocurriendo dentro de la BOU.

No hace falta esperar que el conflicto explote para intervenir.

Proteger al que protege

Los policías tienen obligaciones particulares por la función que desempeñan, pero no dejan por ello de ser trabajadores ni pierden su derecho a ser tratados con dignidad.

El uniforme no convierte el insulto en una orden legítima.

Tampoco transforma una prolongación arbitraria del horario en una obligación razonable.

Mucho menos puede aceptarse que perder un colectivo, llegar horas más tarde al hogar o gastar dinero adicional termine siendo considerado una consecuencia normal del servicio.

Si realmente queremos policías equilibrados, profesionales y preparados para brindar seguridad a la comunidad, también debemos preguntarnos cuáles son las condiciones humanas y laborales en las que esos policías prestan servicio.

La BOU necesita respuestas.

Y quienes todos los días salen a la calle a cumplir una función difícil también necesitan saber que, puertas adentro de la institución, alguien está dispuesto a proteger al que protege.

 

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