
Santiago del Estero – La Fiscalía Federal Nº 2 imputó a un comandante principal, un primer alférez y un sargento primero de Gendarmería Nacional. Están acusados de abuso de autoridad y violación de los deberes de funcionario público por hechos de maltrato, hostigamiento y discriminación que habría sufrido una cabo entre 2016 y 2022 en el Escuadrón 59 “Santiago del Estero”.

La Fiscalía Federal Nº 2 de Santiago del Estero imputó a tres integrantes de Gendarmería Nacional por los delitos de abuso de autoridad y violación de los deberes de funcionario público, en perjuicio de una cabo de la propia fuerza.
Los acusados son un comandante principal, un primer alférez y un sargento primero, quienes habrían ejercido, según la fiscalía, un patrón de “maltrato, hostigamiento y discriminación” contra la subalterna mientras esta dependía del Escuadrón 59 “Santiago del Estero”. Los hechos investigados se habrían extendido durante un período prolongado, entre 2016 y 2022.
La denuncia fue impulsada por la propia cabo
La causa se inició a partir de la denuncia de la propia damnificada, quien se presentó con el patrocinio de la abogada Fernanda Gabriela Santin.
A partir de esa presentación, la Fiscalía Federal Nº 2 avanzó sobre las conductas atribuidas a los tres superiores y solicitó al juez federal que sean convocados a prestar declaración indagatoria.
La investigación se encuentra, por lo tanto, en una etapa en la que los hechos atribuidos deberán ser confrontados con las explicaciones y defensas de los imputados.
De perito criminalística a preparar mates
Uno de los puntos más significativos del relato incorporado a la causa tiene que ver con la formación profesional de la denunciante.
La cabo es perito criminalística y había sido destinada al gabinete pericial de la fuerza. Sin embargo, según la acusación, pese a su especialidad terminó siendo relegada a tareas ajenas a su capacitación.
Entre ellas, se le habría asignado —en un contexto de burlas y risas irónicas— la preparación del mate para sus superiores.
La fiscalía no pone el foco en el hecho material de preparar una infusión, sino en la intención que habría existido detrás de esa conducta.
Según la acusación, la finalidad habría sido deteriorar su autoestima, desestabilizarla, menospreciarla y reducir progresivamente las tareas propias de su especialidad.
Turnos de 24 horas y una rutina de hostigamiento
Durante el tiempo en que estuvo bajo la órbita del Grupo Criminalística y Estudios Forenses, la mujer habría sufrido críticas constantes, cuestionamientos y ataques que, según denunció, le generaban un elevado nivel de estrés.
Llegó a cumplir turnos de 24 horas, dentro de una rutina que, según su relato, se repetía: presentarse al servicio y prepararles mates a sus superiores.
La denunciante manifestó en distintas oportunidades su angustia al jefe de la unidad.
Sin embargo, de acuerdo con lo incorporado a la causa, ese superior habría reaccionado con indiferencia frente a la situación.
Fotografías borradas y burlas frente a otros integrantes de la fuerza
Posteriormente, la cabo recibió tareas fotográficas vinculadas con las formaciones de rutina.
Pero también allí, según la denuncia, continuaron las descalificaciones.
Cada vez que descargaba las imágenes en una computadora, un sargento habría procedido a eliminarlas mientras le manifestaba expresiones despectivas sobre la calidad de su trabajo.
Uno de los dichos incorporados a la causa habría sido:
“Son unas porquerías. No sirven”.
La mujer también denunció otras expresiones humillantes, algunas pronunciadas delante de sus compañeros, entre ellas:
“En bolas Padilla, cabo y en pelotas”.
Para la fiscalía, la reiteración y el contexto de estas acciones resultan relevantes para analizar si existió un patrón sostenido de hostigamiento y degradación laboral.
La jerarquía bajo investigación
La particularidad del caso es que no se investiga solamente un conflicto interpersonal.
La imputación está dirigida contra tres superiores jerárquicos, y los delitos atribuidos son precisamente aquellos vinculados con el ejercicio indebido de una función pública: abuso de autoridad y violación de los deberes de funcionario público.
Esto coloca el centro de la discusión en una cuestión fundamental dentro de cualquier fuerza de seguridad: hasta dónde llega la potestad de mando y dónde comienza el abuso de la jerarquía.
La disciplina y la subordinación forman parte del funcionamiento de una institución armada y jerarquizada.
Pero ninguna de ellas habilita, en principio, la humillación sistemática, la degradación profesional o la utilización del mando para menospreciar a un subordinado.
Una perito formada por el Estado y apartada de su función
Hay además un aspecto institucional que excede el daño individual denunciado.
La propia fuerza había formado y destinado a la cabo como perito criminalística, una especialidad técnica que requiere capacitación y experiencia.
Si finalmente se comprobara que fue deliberadamente apartada de esas funciones para asignarle tareas degradantes o utilizar su especialidad como objeto de burla, el perjuicio no sería únicamente personal.
También implicaría un desaprovechamiento de recursos humanos especializados dentro del Estado.
Ahora deberá intervenir el juez federal
La Fiscalía Federal Nº 2 ya solicitó que el comandante principal, el primer alférez y el sargento primero sean citados a declaración indagatoria.
Será ahora el juez federal quien deberá resolver sobre ese pedido y, posteriormente, determinar la situación procesal de cada uno.
Hasta entonces, corresponde hablar de imputaciones y hechos denunciados, no de responsabilidades definitivamente establecidas.
Pero el caso ya deja planteado un problema de fondo: cuando la jerarquía deja de utilizarse para conducir y comienza a funcionar como instrumento de humillación, el daño no queda limitado a una persona.
Afecta también el funcionamiento profesional de la fuerza, el clima interno y la confianza que debe existir dentro de cualquier institución de seguridad.
(*) Periodista. Corresponsal en Buenos Aires.




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