
Rosario – Mientras los retirados reincorporados destacan salarios elevados, reconocimiento de antigüedad y posibilidades de ascenso, entre efectivos en actividad crece el malestar por las diferencias en la carrera y por la reducción de horas OSPES y SPA.

Dos miradas sobre una misma realidad
En diálogo reservado con este medio, un policía retirado reincorporado al servicio y un efectivo actualmente en actividad expusieron, cada uno desde su lugar, las diferencias que empiezan a generar tensión dentro de la fuerza.
El primero defendió el funcionamiento del esquema de reincorporación y aseguró que las condiciones prometidas vienen siendo cumplidas, con remuneraciones elevadas, adicionales, reconocimiento de los nuevos años trabajados y posibilidades de ascenso una vez alcanzados determinados plazos.
El segundo planteó una objeción concreta: mientras el personal activo debe rendir concursos, cumplir requisitos y competir por cupos limitados para avanzar en la carrera, los reincorporados acceden a un régimen diferente que, en algunos casos, les permite obtener nuevas jerarquías sin atravesar el mismo recorrido.
Lo significativo es que, durante el intercambio, el propio reincorporado reconoció que el planteo del efectivo en actividad tenía fundamento.
Un esquema que se consolidó y empieza a generar comparaciones
Según relató el efectivo reincorporado, el sistema viene funcionando de manera favorable y existe intención oficial de sostenerlo e incluso ampliarlo. Los retirados que volvieron al servicio son destinados principalmente a hospitales, establecimientos educativos y otros objetivos fijos, donde la administración busca cubrir vacantes con personal experimentado.
El entrevistado aseguró que el régimen terminó consolidándose debido a los resultados obtenidos y que se proyectan nuevas convocatorias para cubrir servicios todavía pendientes.
Ingresos que superan ampliamente el haber de retiro
Uno de los puntos que más llama la atención es el nivel salarial. El efectivo consultado aseguró haber percibido alrededor de 4,6 millones de pesos de bolsillo en el último mes y señaló que, una vez finalizados determinados descuentos, su ingreso podría ubicarse incluso por encima de los cinco millones.
A ello se suman adicionales vinculados a la actividad y el reconocimiento de los años trabajados después de la reincorporación, que posteriormente podrían tener incidencia sobre el haber previsional.
Desde la perspectiva de quienes regresaron al servicio, el sistema aparece como una oportunidad económicamente atractiva y como una forma de reconocer experiencia acumulada dentro de la fuerza.
El problema aparece cuando se compara con el personal activo
La discusión cambia cuando el mismo esquema se observa desde quienes nunca dejaron la institución.
El policía en actividad que habló con este medio sostuvo que el principal malestar aparece en el sistema de ascensos. Mientras quienes permanecen en servicio deben estudiar, rendir, reunir antecedentes y competir por vacantes limitadas, los reincorporados pueden acceder a promociones mediante un mecanismo distinto.
La comparación se vuelve todavía más sensible en los grados superiores, donde los cupos suelen ser muy reducidos. Según el testimonio recibido, para algunas jerarquías del personal activo las vacantes fueron mínimas, mientras que dentro del régimen de reincorporación comenzaron a concretarse ascensos una vez cumplidos los períodos previstos.
OSPES y SPA: el otro costado de la tensión
El malestar no se limita a la carrera.
La expansión del personal reincorporado hacia hospitales, escuelas y otros objetivos también afecta la disponibilidad de horas OSPES y SPA, que para muchos efectivos en actividad representan desde hace años una fuente importante de ingresos complementarios.
Cuando esos servicios comienzan a ser cubiertos por retirados reincorporados, las horas dejan de estar disponibles para quienes continúan dentro del régimen ordinario.
Así aparece una situación difícil de soslayar: mientras un sector accede a una segunda etapa laboral con remuneraciones altas, adicionales y posibilidades de ascenso, otro observa cómo se reducen oportunidades de ingresos extraordinarios que forman parte de su economía cotidiana.
La cuestión no es enfrentar activos contra reincorporados
El intercambio entre ambos efectivos dejó además un punto en común: ninguno planteó el problema como una disputa personal entre retirados y activos.
Los reincorporados aceptaron condiciones ofrecidas por el propio Estado y cumplen funciones que la administración decidió asignarles. El personal en actividad, por su parte, reclama que esas políticas no terminen perjudicando su carrera ni reduciendo ingresos que durante años funcionaron como complemento salarial.
La discusión real pasa entonces por las reglas que fija la administración y por la convivencia de dos circuitos laborales diferentes dentro de una misma institución.
Una política útil puede generar una tensión nueva
El régimen de reincorporaciones puede haber resuelto necesidades concretas de cobertura y aprovechado experiencia profesional disponible. Sin embargo, a medida que se consolida, también aparecen efectos que requieren atención.
Si la reincorporación permite cubrir hospitales y escuelas pero al mismo tiempo reduce horas OSPES y SPA para el personal activo, mientras además ofrece un régimen de ascensos distinto, el problema deja de ser exclusivamente operativo y pasa a involucrar cuestiones de equidad laboral, carrera y conducción institucional.
La tensión, según surge del diálogo mantenido con ambos efectivos, no parece estar centrada en la existencia del programa en sí, sino en cómo se distribuyen sus beneficios y sus costos dentro de la fuerza.
(*) Periodista. Corresponsal en Rosario.



