Trabajar enfermos: la precarización docente también se paga con la salud

Trabajar enfermos: la precarización docente también se paga con la salud

La Encuesta Nacional Docente de CTERA expone cómo salarios insuficientes, pluriempleo, sobrecarga y presentismo terminan afectando directamente la salud de los trabajadores, al punto de empujar a muchos a concurrir enfermos para no perder ingresos.

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La Encuesta Nacional de Salud y Condiciones de Trabajo Docente de CTERA expone un cuadro que excede ampliamente la discusión salarial: sobrecarga, pluriempleo, jornadas que continúan fuera de la escuela, problemas de voz, malas condiciones edilicias y sistemas de presentismo que pueden empujar a los trabajadores a concurrir aun cuando deberían recuperarse. El deterioro laboral deja así de ser solamente un problema económico y comienza a convertirse en un problema de salud ocupacional.

La precarización laboral suele medirse a partir del salario, pero limitar el análisis a cuánto gana un trabajador permite observar solamente una parte del problema. Cuando los ingresos resultan insuficientes, aumenta la cantidad de horas necesarias para sostener un hogar, aparecen segundos empleos, se multiplican los establecimientos en los que una misma persona debe trabajar y disminuye el tiempo disponible para descansar, recuperarse, capacitarse o desarrollar la vida familiar. Si además existen incentivos económicos que penalizan la ausencia por enfermedad, el deterioro termina trasladándose directamente sobre el cuerpo del trabajador.

Eso es lo que permite observar la Encuesta Nacional de Salud y Condiciones de Trabajo Docente, presentada por la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina, CTERA, a partir de un relevamiento realizado durante noviembre y diciembre de 2025 entre 3.365 docentes de diferentes niveles y modalidades de todo el país. La propia organización sindical señala que los resultados muestran intensificación del trabajo, deterioro salarial, extensión de la jornada más allá del horario escolar y consecuencias sobre la salud física y mental.

Entre los datos difundidos aparece una cifra particularmente significativa: alrededor del 70% de los docentes consultados manifestó experimentar sobrecarga laboral, mientras que el 77% depende del salario docente como ingreso principal o único. Según Adriana Monteverde, referente de Salud Laboral de CTERA, aproximadamente un 30% posee además otro trabajo y una proporción importante se desempeña en más de una escuela, configurando un escenario extendido de pluriempleo.

La precarización salarial produce así un efecto que muchas veces permanece oculto: para compensar el bajo ingreso individual, el trabajador incrementa su exposición laboral.

No solamente trabaja más.

Trabaja durante más horas, en más lugares y con menos posibilidades reales de recuperación entre una jornada y otra.

El pluriempleo no aumenta solamente los ingresos: aumenta la exposición

Cuando un docente necesita desempeñarse en dos, tres o más instituciones para alcanzar un ingreso suficiente, no debe computarse únicamente el tiempo frente al aula. También existen traslados, preparación de clases, correcciones, reuniones, comunicaciones con familias, carga administrativa, planificación y una creciente cantidad de tareas digitales que continúan después de abandonar físicamente la escuela.

Investigaciones anteriores de la propia CTERA ya habían registrado esta extensión invisible de la jornada laboral. En algunos relevamientos provinciales, más del 60% de los docentes destinaba más de diez horas semanales a tareas extraáulicas, muchas de ellas realizadas durante noches y fines de semana. Los testimonios recogidos describen además profesores que deben repartir sus horas entre numerosos establecimientos y que llegan a trabajar en cinco, seis o incluso más escuelas.

Esto permite comprender por qué hablar simplemente de “cantidad de horas trabajadas” puede resultar insuficiente.

El pluriempleo introduce una fragmentación permanente de la jornada: diferentes equipos directivos, distintas exigencias administrativas, diversos grupos de estudiantes, múltiples desplazamientos y responsabilidades que deben reorganizarse varias veces durante un mismo día.

Desde la perspectiva de la salud laboral, semejante organización puede aumentar la fatiga física y mental, reducir los tiempos efectivos de descanso y dificultar la recuperación frente a enfermedades o lesiones.

La literatura científica disponible coincide en señalar que una elevada carga laboral, altas demandas y bajo control sobre el trabajo se encuentran asociados con problemas de salud entre docentes. Una revisión sistemática publicada sobre factores psicosociales en la profesión encontró asociaciones significativas entre sobrecarga, exigencias laborales y enfermedad docente.

El presentismo: cuando enfermarse también tiene un costo salarial

Uno de los aspectos más preocupantes del relevamiento aparece en torno al denominado presentismo, es decir, la concurrencia al trabajo aun cuando el trabajador se encuentra enfermo o debería permanecer en reposo.

Monteverde señaló que los sistemas de presentismo vigentes en distintas jurisdicciones generan presiones económicas que pueden llevar a docentes enfermos a asistir igualmente a la escuela para evitar pérdidas de ingresos. Según los datos difundidos, alrededor de un 60% de quienes manifestaron problemas de voz durante 2025 concurrieron igualmente a trabajar mientras estaban enfermos.

El dato merece detenerse porque muestra una contradicción profunda dentro de cualquier política laboral que pretenda reducir el ausentismo castigando económicamente la enfermedad.

Un sistema puede mejorar formalmente su indicador de asistencia y, al mismo tiempo, empeorar la salud de quienes permanecen trabajando.

El presentismo no significa que desapareció la enfermedad.

Significa que la enfermedad ingresó al lugar de trabajo.

La evidencia internacional lleva años advirtiendo sobre este fenómeno. Una revisión sistemática de estudios longitudinales encontró que concurrir a trabajar estando enfermo puede asociarse posteriormente con mayor ausencia por enfermedad y con un deterioro de la salud autopercibida, aunque los autores advierten que la magnitud de algunos efectos todavía presenta heterogeneidad entre estudios.

En otras palabras, forzar o incentivar económicamente la presencia inmediata puede terminar trasladando el problema hacia adelante.

El trabajador no deja de enfermarse porque concurra.

Puede simplemente postergar el reposo necesario.

La voz: herramienta de trabajo y señal de alarma

En la docencia existe además una particularidad que vuelve todavía más significativa la cifra informada por CTERA: la voz constituye una herramienta central de trabajo.

Hablar durante varias horas, hacerlo en aulas numerosas, competir con elevados niveles de ruido ambiental y continuar utilizando la voz cuando existen molestias o lesiones puede profundizar problemas que inicialmente podrían haber sido transitorios.

La evidencia científica muestra que los trastornos vocales tienen una presencia elevada entre docentes. Un metaanálisis reciente que reunió 62 estudios y más de 100.000 participantes estimó una prevalencia puntual global de trastornos de voz cercana al 38%, mientras que una revisión específica sobre factores de riesgo identificó relaciones frecuentes con carga laboral, exposición al ruido, estrés crónico y uso intenso de la voz.

Por eso, que seis de cada diez docentes con problemas vocales hayan concurrido igualmente a trabajar durante 2025, según los datos comunicados por CTERA, no debería leerse simplemente como demostración de compromiso laboral.

Puede ser exactamente lo contrario de una política racional de prevención.

Si un trabajador cuya principal herramienta profesional es la voz continúa utilizándola cuando presenta síntomas porque ausentarse implica una pérdida económica, el incentivo termina enfrentando necesidad salarial y recuperación médica.

La investigación también muestra una relación estrecha entre problemas de voz, fatiga, estrés y salud mental en trabajadores cuya actividad profesional depende intensivamente del habla.

El presentismo puede esconder la verdadera magnitud de la enfermedad laboral

Aquí aparece uno de los problemas estadísticos más importantes.

Cuando se evalúa una organización exclusivamente por su nivel de ausentismo, puede producirse una conclusión equivocada: menos licencias parecerían indicar trabajadores más saludables.

No necesariamente es así.

Una parte de las personas puede estar trabajando enferma.

Por eso el presentismo funciona, en cierta medida, como una enfermedad estadísticamente invisible. El trabajador aparece como “presente”, aunque su capacidad física o mental se encuentre deteriorada, necesite tratamiento o esté posponiendo una recuperación adecuada.

Estudios específicos sobre docentes han encontrado precisamente asociaciones entre mala salud autopercibida y mayores niveles tanto de ausentismo como de presentismo.

Una investigación cualitativa publicada sobre salud docente y presentismo describe además factores como agotamiento físico y emocional, dificultades para recuperarse, pérdidas económicas, falta de reemplazos y sentimientos de responsabilidad o culpa que llevan a algunas personas a continuar trabajando a pesar de encontrarse enfermas.

Por eso resulta cuestionable evaluar el éxito de una política laboral únicamente mediante la reducción de ausencias.

Una baja del ausentismo puede ser una buena noticia si deriva de trabajadores más sanos.

Puede ser una pésima noticia si deriva de trabajadores enfermos que sienten que no pueden faltar.

Sobrecarga física y mental

La salud docente tampoco puede analizarse solamente desde las enfermedades visibles o certificables.

Existe una dimensión acumulativa vinculada con agotamiento, estrés, ansiedad, alteraciones del sueño, dificultades para desconectarse del trabajo y pérdida progresiva de capacidad de recuperación.

El propio relevamiento de CTERA señala la hiperconectividad como parte del problema: mensajes, consultas y requerimientos que continúan llegando después del horario laboral y convierten al teléfono celular en una extensión permanente del establecimiento educativo.

La jornada deja entonces de tener un límite claro.

El docente puede salir de la escuela, pero la escuela no necesariamente sale de su vida cotidiana.

A esto se agregan condiciones ambientales deficientes. Según los datos difundidos por CTERA, alrededor del 60% de los consultados reportó problemas vinculados con climatización o condiciones inadecuadas de los espacios escolares.

Una investigación realizada sobre docentes encontró precisamente que estrés laboral, trastornos de voz y una mala percepción del ambiente interior de trabajo estaban asociados con menor capacidad laboral.

Asimismo, una revisión sistemática sobre burnout docente encontró asociaciones consistentes entre agotamiento profesional y problemas somáticos, enfermedades, trastornos vocales y determinados indicadores biológicos vinculados con estrés e inflamación.

No significa que cada trabajador sobrecargado inevitablemente vaya a enfermarse, ni que toda enfermedad tenga una causa laboral única.

Significa que las condiciones laborales pueden convertirse en factores de riesgo que no deberían ser ignorados.

Salario bajo y salud forman parte del mismo problema

Existe una tendencia a separar artificialmente las discusiones salariales de los debates sobre salud laboral.

Los datos sugieren exactamente lo contrario.

Si el salario es insuficiente, aumenta la necesidad de trabajar más horas.

Si aumentan las horas, disminuye el descanso.

Si existe pluriempleo, aumentan desplazamientos y demandas simultáneas.

Si además existen tareas fuera del horario formal, la recuperación se reduce todavía más.

Y si cuando finalmente aparece una enfermedad el trabajador pierde una suma importante de sus ingresos por faltar, aparece el incentivo para concurrir enfermo.

Esa cadena permite comprender por qué la precarización económica termina transformándose en precarización sanitaria.

No existe una frontera nítida entre salario y salud.

Una remuneración insuficiente puede terminar reorganizando completamente la vida laboral hasta producir condiciones que favorecen agotamiento, enfermedad y presentismo.

El riesgo de convertir el presentismo en una política disciplinaria

Los sistemas destinados a desalentar ausencias pueden tener una finalidad legítima cuando buscan evitar abusos, pero pierden racionalidad cuando dejan de distinguir entre ausentismo injustificado y enfermedad debidamente acreditada.

Castigar económicamente al trabajador enfermo introduce un incentivo perverso: transforma la decisión sanitaria de guardar reposo en una decisión económica.

El interrogante deja entonces de ser solamente “¿estoy en condiciones de trabajar?” y pasa a ser “¿puedo permitirme económicamente faltar?”.

Cuando un médico recomienda reposo pero el trabajador sabe que la licencia afectará significativamente su ingreso, la libertad de esa decisión comienza a desaparecer.

Y esto posee consecuencias que exceden al propio docente.

Una persona que concurre enferma puede trabajar con menor capacidad, cometer más errores, prolongar su recuperación y, dependiendo de la patología, exponer también a compañeros y estudiantes.

El presentismo, por lo tanto, no es necesariamente sinónimo de compromiso.

En determinadas condiciones puede convertirse en el indicador de una organización laboral que no permite enfermarse.

Un problema que trasciende a la docencia

Aunque la encuesta analizada pertenece al sector educativo, el mecanismo que describe posee una dimensión mucho más amplia.

La combinación de salarios insuficientes, pluriempleo, sobrecarga laboral y premios o adicionales condicionados a la asistencia existe también en otras actividades estatales y privadas.

Por eso estos resultados deberían interesar especialmente a quienes estudian las condiciones laborales de trabajadores públicos sometidos a fuertes exigencias físicas, psicológicas y horarias.

La lección principal es sencilla pero profunda: una política laboral no puede considerarse exitosa solamente porque logra que haya más trabajadores presentes.

Debe preguntarse también en qué condiciones están presentes.

Porque detrás de determinadas estadísticas de asistencia puede existir una realidad mucho menos favorable: trabajadores agotados, enfermos o lesionados que continúan cumpliendo funciones porque detenerse, recuperarse o atenderse implica perder una parte del ingreso que necesitan para vivir.

La encuesta de CTERA ofrece, en ese sentido, algo más que una fotografía del malestar docente.

Expone un mecanismo de precarización que debería ser estudiado como un problema integral de salud laboral.

Si el salario obliga al pluriempleo, el pluriempleo produce sobrecarga y el presentismo obliga a trabajar enfermo, el problema ya no puede presentarse solamente como una discusión salarial.

Estamos hablando de cómo se organiza el trabajo y de cuánto deterioro humano estamos dispuestos a considerar normal para sostenerlo.

(*) Periodista. Corresponsal en Buenos Aires.

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