Acorralados por la situación el gobierno debió romper el silencio

Acorralados por la situación el gobierno debió romper el silencio
Cuando el poder tiembla, la «Armedia Brancaleone aparece. El relato oficial y la complicidad de algunos medios. ¿Te das cuenta porque destinan miles de millones para «pauta oficial» todos los años.

“Salud mental” o gestión de daños: el discurso oficial que los grandes diarios replicaron sin crítica. La “Armedia Brancaleone” salen a sostener el relato.

Por Rubén Pombo (*)

El ministro de Seguridad de Santa Fe, Pablo Cococcioni, volvió a hablar de salud mental y crisis institucional tras el intento de suicidio de un efectivo policial frente a la Jefatura de la Unidad Regional II de Rosario. Lo hizo por televisión y ante los micrófonos de los grandes medios, que inmediatamente reprodujeron sus palabras sin cuestionamientos ni contexto crítico.

En notas de medios con alcance provincial y nacional como Rosario3 y La Capital, se enfatizó la cifra de más de 560 policías bajo seguimiento psicológico y la conformidad oficial con protocolos asistenciales. Pero hay algo que la cobertura mediática dejó pasar de largo: el discurso oficial no aborda la raíz del problema, sino que desplaza la responsabilidad desde una falla estructural de gestión hacia una “falta de preparación individual”.

Un discurso que no incomoda… porque nadie lo confronta

Cococcioni reconoció que existen “problemas estructurales” que no se resuelven con asistencia, y mencionó el “desarraigo” por la desigual distribución geográfica de los efectivos. Estas palabras, en apariencia sensibles, deberían haber sido interrogadas: ¿qué medidas concretas se tomaron en una gestión que ya lleva más de dos años? ¿qué sistemas de detección temprana existen? ¿cómo se modificó la cultura institucional para que un policía en crisis no tema ser sancionado?

Nada de eso apareció en las notas que cubrieron su declaración. Los titulares de ambos diarios —y muchos de sus copetes— replicaron el relato oficial casi palabra por palabra, sin señalar contradicciones, omisiones o la evidente disonancia entre cifras y políticas reales de prevención.

La trampa del “protocolismo”

En su exposición, el ministro defendió la vigencia de protocolos de salud mental, la colaboración con IAPOS y la asistencia sin copagos para el personal policial. Pero hay dos datos inquietantes que no merecieron ni una línea crítica en los medios:

  1. Más de 460 efectivos abandonaron voluntariamente el tratamiento psicológico.
    La cobertura mediática no se preguntó por qué ocurre esto, ni qué implica para la efectividad de la asistencia. Lo que no dice es que lo hacen acorralados por deudas y miseria al no poder hacer adicionales y extras.

  2. Evaluar la continuidad del efectivo y su portación de arma en función de su salud mental. El ministro lo justificó en términos de “riesgo social”, una frase con consecuencias éticas profundas que merecería análisis, no repetición.

Los medios lo reportaron como una explicación más, pero no cuestionaron el efecto disciplinario de esas palabras: que la salud mental sea criterio de permanencia o exclusión laboral no es una política de cuidado, sino de castigo.

Silencio mediático sobre la complicidad institucional

Tras días de silencio y cobertura neutra o nula, el titular oficial fue una bocanada de oxígeno para la gestión. En lugar de promover una discusión pública sobre las condiciones laborales, la cultura organizacional y la responsabilidad estatal en el deterioro emocional de quienes portan armas por mandato del Estado, los principales diarios se limitaron a “contar lo que dijo el ministro”.

Ese estilo de cobertura no es inocente: colabora con el mantenimiento del statu quo y le da legitimidad a un relato político que favorece la gestión actual del Ministerio de Seguridad. No se contrapone con datos independientes, no busca voces alternativas (académicos, sindicatos policiales críticos, psicólogos laborales), y no pone sobre la mesa una pregunta elemental: ¿Cómo es posible que el mismo Estado que exige disciplina otrora silencie y minimice el sufrimiento de sus propios agentes?

No se trata de negar la existencia de protocolos o de reducir la discusión a un maniqueísmo simplista. Se trata de exigir al periodismo una mirada crítica y contextualizada cuando el poder —gobierno tras gobierno— intenta moldear la interpretación de hechos dolorosos para la sociedad.

La “Armedia Brancaleone”: cuando los medios salen a sostener el relato

Tras varios días de silencio y cobertura neutra, los grandes medios provinciales irrumpieron en escena en bloque, reproduciendo el discurso del ministro casi sin fisuras. No fue una investigación. No fue una interpelación. Fue una operación de blindaje discursivo.

A ese dispositivo comunicacional lo podemos llamar, sin eufemismos, la «Armedia Brancaleone»: una coalición mediática desordenada, ruidosa, pero eficaz, que actúa como fuerza auxiliar del poder, legitimando su relato y neutralizando cualquier lectura crítica. No es periodismo de control. Es periodismo de contención política.

Mientras los uniformados se quiebran en silencio, la Armedia Brancaleone construye sentido: no pregunta, no incomoda, no investiga. Sostiene.

Off side mediático: los medios callan, las redes hablan

Mientras la Armedia Brancaleone replicaba sin preguntas el discurso del ministro, la reacción social apareció donde siempre aparece cuando el sistema cierra filas: en las redes. Sin eufemismos ni corrección política, decenas de voces pusieron en palabras lo que los grandes medios decidieron no mirar. “¿Hay problemas estructurales? ¿Por qué no los solucionás, no te pagan para eso?”, escribió un usuario. Otro fue más directo: “560 policías en seguimiento psicológico es mentira: te dan una carpeta y arreglate. IAPOS no cubre psicólogo”.

La bronca se repite con un eje claro: sueldos miserables, jornadas interminables, desarraigo, falta de apoyo político y judicial, condiciones indignas de trabajo. “Ganan una miseria, muchos mandan dinero a sus familias y cuando tienen dos días libres se les va en viajar”, relata una vecina. “Obligan a vivir de adicionales como si fueran indigentes con uniforme”, denuncia otro. Y una frase lo sintetiza todo: “No es estructural: se llama gobierno”.

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Romper la complicidad

Si los medios siguen sosteniendo mediáticamente el relato oficial sin examen crítico, no solo fallan en su función pública: participan activamente de un discurso que naturaliza la precariedad institucional y deshumaniza a quienes sirven a la comunidad bajo un uniforme. 

La pregunta que queda flotando es inquietante: ¿quién cuida a los que cuidan, cuando la respuesta institucional y su reproducción mediática son la misma?

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Qué dijeron los medios locales

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(*) Periodista. Corresponsal en Rosario

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