El adelantamiento del vencimiento de tarjetas del 4 al 1º de septiembre provocó preocupación, reclamos y una comprensible zozobra entre miles de trabajadores y jubilados que todavía no habrán percibido sus haberes.
En medio de una grave crisis económica, con familias fuertemente endeudadas y cada vez más dependientes del crédito para afrontar gastos corrientes, el Banco Santa Fe aseguró finalmente que no cobrará intereses y que adecuará los próximos vencimientos al cronograma salarial. Sin embargo, todavía resta una explicación clara sobre por qué se produjo el corrimiento.
El Banco Santa Fe debió salir a aclarar una situación que durante varios días generó malestar, incertidumbre y zozobra entre miles de clientes, después de que numerosos usuarios comprobaran que el vencimiento de sus tarjetas de crédito, inicialmente previsto para el 4 de septiembre, había sido adelantado al día 1º.

Para buena parte de los afectados no se trató de una modificación administrativa menor. Empleados públicos, trabajadores judiciales, docentes, policías, penitenciarios, jubilados y otros clientes organizan mensualmente sus obligaciones en función de la fecha en que perciben sus ingresos, de modo que encontrarse repentinamente con un vencimiento anterior al cobro abrió una pregunta elemental: ¿Cómo pagar antes de disponer del salario con el que habitualmente se afronta ese compromiso?
La inquietud adquiere una dimensión todavía mayor en el actual contexto económico, caracterizado por la pérdida de poder adquisitivo, el creciente endeudamiento familiar y la utilización cada vez más frecuente de tarjetas de crédito para financiar alimentos, servicios y otros gastos cotidianos. Para miles de hogares santafesinos el crédito dejó hace tiempo de utilizarse exclusivamente para compras extraordinarias y pasó a integrar la economía doméstica habitual.
En esas condiciones, adelantar tres días un vencimiento puede parecer insignificante desde una planilla bancaria, pero resultar decisivo para una familia que llega prácticamente sin margen al final del mes.
Por eso el problema no fue solamente la eventual generación de intereses. Durante varios días los clientes quedaron sometidos a la incertidumbre de no saber qué ocurriría con una obligación cuyo vencimiento había sido colocado antes de la acreditación de sus propios ingresos, precisamente en momentos en que cualquier cargo adicional puede profundizar una situación financiera ya delicada.
La posterior decisión del Banco Santa Fe de anunciar que no aplicará intereses a quienes cobren después del vencimiento constituye una corrección necesaria y lleva tranquilidad a los afectados, pero no borra el malestar generado ni responde todavía una cuestión fundamental: por qué se produjo originalmente una modificación capaz de alterar de manera tan sensible la organización económica de miles de clientes.
En una situación social y económica como la actual, las entidades financieras deberían comprender que la previsibilidad no es una cuestión secundaria. Cuando una familia calcula prácticamente día por día cómo afrontar sus compromisos, mover una fecha sin una explicación previa y suficientemente clara puede provocar mucho más que una incomodidad administrativa: puede generar temor a nuevos intereses, incertidumbre sobre los débitos y la sensación de que las reglas pueden cambiar justamente cuando menos margen económico existe para absorberlas.
El NBSF debe más explicaciones a sus clientes
(*) Periodista. Corresponsal en Rosario.

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