
Personal de la dependencia señaló a una suboficial (N. V.), encargada del turno, por presuntos malos tratos y por prolongar la permanencia de los efectivos después de concluida la jornada. Aseguran que ya realizaron reclamos internos, pero que hasta el momento no obtuvieron respuestas.
Una denuncia llegada a esta redacción expone un clima de creciente malestar entre integrantes del tercio Alfa de la BOU de Rosario.
Según el testimonio recibido, cuya fuente se mantiene bajo estricta reserva para evitar posibles represalias laborales, la suboficial, quien se desempeñaría como encargada de ese turno, habría incurrido reiteradamente en gritos, insultos y formas de trato consideradas humillantes por sus compañeros.
La información constituye, por el momento, una denuncia que deberá ser corroborada mediante testimonios, registros de servicio y una respuesta de las autoridades. Su publicación no implica atribuir responsabilidad administrativa o disciplinaria de manera anticipada.
“Ya nos quejamos y no hacen nada”
La fuente sostuvo que la situación ya habría sido comunicada internamente, pero que los reclamos no produjeron ninguna intervención visible.
“Ya nos quejamos y no hacen nada”, afirmó el personal que se comunicó con este medio.
Ese señalamiento obliga a determinar ante quiénes fueron formuladas las quejas, si quedaron registradas y qué medidas adoptaron los superiores responsables de la dependencia.
Cuando una jefatura recibe información sobre posibles malos tratos no puede limitarse a considerar el episodio como una diferencia personal entre compañeros. Debe escuchar a las partes, preservar a quienes denuncian y establecer si se trata de un conflicto aislado o de una modalidad reiterada de conducción.
El silencio jerárquico no resuelve el problema. En muchos casos lo profundiza y transmite al personal la idea de que la única respuesta disponible es soportar la situación o pedir el traslado.
Reuniones después de finalizado el turno
Otro de los cuestionamientos se refiere a la realización de “academias” o reuniones una vez concluido el horario de servicio.
De acuerdo con la denuncia, esas actividades se extenderían fuera de la jornada y provocarían que algunos efectivos pierdan los colectivos que utilizan para regresar a sus domicilios. La demora no sólo prolongaría su tiempo de trabajo, sino que también les generaría gastos adicionales de transporte y una llegada más tardía a sus hogares.
Las academias, instrucciones y reuniones de servicio pueden constituir herramientas legítimas para transmitir órdenes, revisar procedimientos o capacitar al personal. El problema aparece cuando se realizan sistemáticamente fuera del horario previsto, sin una necesidad operativa urgente y trasladando todo el costo sobre los trabajadores.
El uniforme no elimina el valor del tiempo personal. Una reunión obligatoria vinculada con el servicio no deja de ser trabajo por el hecho de recibir otro nombre.
Si existe una razón fundada para prolongar la jornada, debe quedar debidamente justificada, registrarse y organizarse de manera que no transforme una facultad de conducción en una carga arbitraria.
Un año de antigüedad y una responsabilidad de conducción
La fuente también manifestó su malestar porque Vázquez contaría con aproximadamente un año de antigüedad dentro de la institución y, pese a ello, habría sido colocada al frente del tercio.
La poca antigüedad no invalida por sí misma la designación ni demuestra falta de capacidad. Las funciones pueden asignarse de acuerdo con necesidades del servicio, formación y decisiones de la superioridad.
Sin embargo, la conducción de personal exige algo más que una designación formal. Requiere criterio, equilibrio, conocimiento de la tarea y capacidad para impartir órdenes sin recurrir a la humillación.
Tener autoridad funcional no habilita a gritar o insultar. La disciplina policial debe apoyarse en órdenes claras, legales y relacionadas con el servicio, no en la degradación del subordinado.
Disciplina no significa maltrato
La organización policial posee una estructura jerárquica indispensable para su funcionamiento. En situaciones operativas, las órdenes deben transmitirse y ejecutarse con rapidez.
Pero la verticalidad no suspende la dignidad del trabajador ni convierte cualquier forma de trato en aceptable.
Un superior puede corregir errores, exigir cumplimiento, controlar horarios e impartir instrucciones. Lo que no puede hacer es utilizar el grado o la función para insultar, hostigar o imponer cargas sin fundamento.
Confundir disciplina con maltrato termina deteriorando el servicio. El personal humillado trabaja bajo tensión, pierde confianza en sus superiores y comienza a percibir a la propia institución como una amenaza.
La autoridad obtenida mediante el miedo puede producir obediencia inmediata, pero destruye cohesión y compromiso.
Cuidar al personal también es conducir
Los conflictos internos no son asuntos menores ni simples “problemas de carácter”. Cuando una dependencia acumula malestar, destrato y reclamos sin respuesta, tarde o temprano el deterioro alcanza al servicio.
La Policía exige a sus integrantes disciplina, disponibilidad y autocontrol incluso en condiciones difíciles. La institución debe responder con una conducción profesional y respetuosa.
Nadie puede reclamar serenidad en la calle mientras naturaliza los gritos y las humillaciones puertas adentro.
La denuncia debe ser investigada, la suboficial señalada debe ser escuchada y la jefatura debe informar qué ocurrió con las quejas anteriores. Si los hechos se comprueban, corresponderá adoptar medidas. Si no se comprueban, también deberá dejarse asentado con claridad.
Lo que no resulta admisible es que el problema continúe sin una respuesta, porque cuando la superioridad conoce una denuncia y decide ignorarla, deja de ser una observadora: comienza a formar parte del conflicto.
AMPLIAREMOS.

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