
Una protesta legítima que crece y molesta
La manifestación de la Familia Policial no solo crece en número y amplitud, sino que se sostiene de manera correcta, pacífica y solidaria, algo que resulta cada vez más incómodo para el poder político. Cuando una protesta avanza con legitimidad social y sin errores propios, aparecen casi de manual las operaciones destinadas a fragmentar, confundir y desgastar.
Nada nuevo bajo el sol.
Operadores, infiltración y la estrategia de la dispersión
En los últimos días se ha hecho evidente que algunos en el interior de grupos de manifestantes han sido penetrados por operadores vinculados al propio gobierno provincial, cuyo objetivo no es otro que generar dispersión en el campo de la Familia Policial, e intentan sembrar dudas, sospechas y enfrentamientos internos.
Estas maniobras no buscan fortalecer el reclamo, sino ensuciarlo, imponiendo posiciones político–partidarias que nada tienen que ver con la naturaleza transversal, amplia y autoconvocada de la protesta. Cuando eso no alcanzó, se apeló a una táctica aún más dañina: romper la confianza, base indispensable de toda lucha colectiva.
Censura, WhatsApp y ataques a quienes ponen el cuerpo
Las operaciones se trasladaron a grupos de WhatsApp, donde no solo se intentó instalar fantasmas, sino que incluso se avanzó en la censura directa de compañeros que desde el minuto cero pusieron el cuerpo, el tiempo y el compromiso en esta lucha.
No es casual: cuando no se puede conducir, se intenta silenciar. Y cuando no se puede silenciar, se busca dividir. La historia del movimiento obrero y sindical lo conoce de memoria.
El verdadero miedo del poder: los trabajadores organizados
Hay un dato que despeja cualquier duda sobre el origen y el sentido de estas operaciones. Los mismos operadores que buscan dividir la protesta salen, de manera sutil o abierta —y en algunos casos de forma grotesca— a degradar la idea de la sindicalización policial y de cualquier forma de organización colectiva.
Ahí queda claro a quién le tiene terror el gobierno: no a la protesta espontánea, sino a los trabajadores organizados. Porque si esa organización hubiese sido una realidad plena, probablemente no habríamos llegado a esta situación, o al menos esta crisis podría haberse definido de manera más rápida, eficaz y con menos desgaste humano.
Por eso no solo no quieren gremios. No quieren ningún tipo de agrupamiento. No quieren referentes, ni siquiera individualidades que molesten, incomoden o se atrevan a pensar en voz alta.
El objetivo es claro: una fuerza fragmentada, silenciosa y obediente, sin capacidad de negociación ni defensa colectiva.
El rol de una prensa que ya tomó partido
En paralelo, gran parte de la prensa tradicional dejó de jugar a la desinformación pasiva para pasar a respaldar abiertamente la propuesta primaria del gobierno, presentada como solución cuando en realidad no es más que un punto de partida.
Desde APROPOL lo hemos dicho con claridad: esa propuesta es insuficiente, no abarca a todos y no resuelve el problema estructural. El único camino real para garantizar respeto, estabilidad y dignidad es un salario digno, porque no hay relato ni parche que reemplace el reconocimiento material del trabajo policial.
La posición de APROPOL: acompañar sin prestarse a operaciones
APROPOL, como organización, no participa orgánicamente de las manifestaciones. Sin embargo, sus miembros, afiliados y simpatizantes lo hacen —y lo seguirán haciendo— en carácter de autoconvocados, junto al resto de los sectores que hoy sostienen el reclamo.
Desde este medio —que fue el único y el primero en visibilizar, mucho antes que nadie, el drama del suicidio de policías y penitenciarios, mientras otros callaban o miraban para otro lado— hemos decidido no participar en grupos de comunicación atravesados por estas operaciones. Hoy recibimos información solamente de nuestros camaradas, los mismos de siempre, los que informaron antes y siguen informando ahora.
Tomar distancia para cuidar la lucha
La distancia que tomamos no es desinterés ni especulación. Es una decisión política y ética para no quedar atrapados en maniobras que están a la vista de todos. Sabemos —como siempre supimos— que donde hay lucha real aparecen alcahuetes y traidores.
¿Qué hay de nuevo en eso? Nada.
Esta distancia nos priva, es cierto, de algunos detalles menores de enorme riqueza periodística. Detalles que muchas veces fueron la punta de lanza para perforar el blindaje mediático del gobierno. Pero hoy el cuidado de la lucha está primero.
Seguimos juntos, sin ingenuidad
Seguiremos informando cada medianoche, con un panorama actualizado del conflicto. Seguiremos acompañando el día a día de los trabajadores y de la Familia Policial, como lo hacemos desde hace años.
Seguimos colaborando.
Seguimos juntos.
Pero no desparramamos.
¡Porque en esta lucha, el que no junta, desparrama!
APROPOL Noticias
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