En Santa Fe, un policía con casi diez años de servicio fue declarado “no apto por ingresos insuficientes” para acceder a un plan de viviendas sociales del propio Estado que lo emplea, dejando al descubierto una realidad alarmante: los salarios policiales están tan deteriorados que ni siquiera alcanzan para cumplir los requisitos mínimos de las políticas habitacionales oficiales. ¿SIGUE VIGENTE EL DECRETO Nº 0703/05 QUE ASEGURA VIVIENDAS A POLICÍAS?
Por Marcos Anglada
“Salí NO APTA por ingresos demostrables insuficientes. Nuestro sueldo es tan bajo que ni siquiera podemos acceder a una vivienda del propio gobierno.”
Así lo resume una agente policial de Reconquista, con casi diez años de servicio, al relatar su frustración tras quedar excluida del sorteo de viviendas sociales del plan provincial.
No es una excepción. Es síntoma.
En la provincia de Santa Fe, un policía con una década de antigüedad no reúne el ingreso mínimo requerido para acceder a un plan de viviendas sociales del mismo Estado que lo emplea.
Una paradoja cruel: quien garantiza la seguridad pública no alcanza el piso económico para garantizar su propio techo.
“No aptos por pobres”
El sistema fue claro: NO APTA POR INGRESOS DEMOSTRABLES INSUFICIENTES.
La agente, con nueve años de servicio efectivo y próxima a cumplir diez, se había inscripto en el padrón para el sorteo de viviendas en Reconquista. El resultado no solo la excluyó: la desnudó.
Porque si un salario estatal no alcanza ni siquiera para cumplir los requisitos mínimos de un programa social, el problema no es la persona: es la política salarial.
El Estado que se desmiente a sí mismo
El plan de viviendas es provincial.
El empleador también.
El mensaje es brutal:
“Trabajás para el Estado, pero tu sueldo no es digno ni para sus propias políticas sociales.”
La seguridad pública se sostiene sobre hombres y mujeres que no pueden proyectar una vida básica, que alquilan en condiciones precarias o viven hacinados, sin posibilidad real de acceder a una vivienda propia.
Diez años de servicio, cero derecho al futuro
En cualquier país que se pretenda serio, diez años de trabajo estatal deberían garantizar, al menos, la posibilidad de aspirar a una vivienda social. En Santa Fe, ni siquiera eso.
Mientras se multiplican los discursos oficiales sobre “inclusión” y “derechos”, los números reales dicen otra cosa: los policías están por debajo del umbral que el propio Estado considera aceptable para vivir dignamente.
El decreto que nadie explica si sigue vigente
A este escenario se suma un dato que agrava aún más la situación: en la provincia de Santa Fe existe el Decreto Nº 0703/05, firmado por el entonces gobernador Jorge Obeid y su ministro Roberto Rosúa, que establecía que una de cada cinco viviendas sociales construidas o readjudicadas por el Estado debía destinarse a personal policial y penitenciario. La norma, publicada en el Boletín Oficial, no fue formalmente derogada, por lo que surge una pregunta inevitable: ¿ese cupo sigue vigente y se respeta? Porque si un policía queda afuera por “ingresos insuficientes”, no solo se vulnera su derecho a una vivienda, sino que además se vacía de contenido una política pública que, en los papeles, reconocía la situación de quienes sostienen la seguridad pública con salarios que hoy no alcanzan ni para cumplir los propios requisitos del Estado.
No es un problema individual: es estructural
No se trata de mala suerte. Se trata de salarios de miseria, paritarias congeladas y un modelo que naturaliza la precariedad de quienes ponen el cuerpo todos los días.
Hoy, un policía santafesino:
- Cobra sueldos que no alcanzan para alquilar con garantías.
- No puede calificar para créditos.
- No accede a planes sociales de vivienda.
- Y aun así, se le exige profesionalismo, compromiso y vocación.
Que un policía no pueda acceder a un plan de viviendas sociales no es una anécdota: es una denuncia al corazón del sistema.
Porque cuando el Estado le dice a sus propios trabajadores que son “demasiado pobres” para vivir, ya no estamos hablando de política habitacional: estamos hablando de dignidad negada.
En Santa Fe, hoy, los policías ya no sueñan con una casa propia. Sueñan, apenas, con no quedar afuera de todo.
APROPOL Noticias

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