Una crónica desde la alcaidía colapsada que el gobierno prefiere ocultar.
Por Marcos Anglada (*)
Tras la denuncia mediática por el estado inhumano de la alcaidía de Reconquista, se realizó un traslado masivo de detenidos. Funcionarios montaron un operativo espectacular, con móviles, cámaras y discursos de ocasión, pero el trasfondo es una vergüenza institucional que pone en jaque al sistema penal y al sentido común: presos sin condena, en condiciones infrahumanas, y una justicia que llega —cuando llega— demasiado tarde.
Una alcaidía al borde del colapso
La alcaidía de la Unidad Regional IX, en pleno centro de Reconquista, tiene capacidad para alojar 18 personas. Hasta ayer, convivían allí más de 70 detenidos. Dormían por turnos. Las paredes se caían a pedazos, los baños no funcionaban, y la humedad convertía el encierro en un castigo anticipado.
Pero lo más grave: ninguno de esos presos tenía condena. Todos estaban allí esperando juicio. Algunos hacía meses. Otros, más de un año. Varios saldrán inocentes. Pero el tiempo no se devuelve, y mucho menos la dignidad.
El espectáculo del castigo
Tras la difusión del informe del periodista Uber Cracoña y del colega Toti Díaz, el Ministerio de Seguridad apuró un traslado hacia los pabellones de Santa Felicia. Lo que debería haber sido una medida reparadora, se convirtió en un show de disciplinamiento: decenas de patrulleros, funcionarios de saco y corbata, y el ministro Pablo Cococcioni a la cabeza.
No hubo disculpas. No hubo reconocimiento del error. Solo una escena diseñada para las cámaras. Una postal que busca mostrar “firmeza”, cuando en realidad deja al desnudo la miseria estructural del sistema penal santafesino.
Presos sin condena, condenados sin juicio
El problema no es nuevo, pero se agrava con cada gestión que repite el mismo modelo: alojar a personas sin condena en condiciones carcelarias que no cumplen con las garantías mínimas. No es justicia, es castigo por las dudas. Es el síntoma de una lógica que reemplaza el Estado de Derecho por el Estado del miedo.
Las alcaidías —como bien explicaron los periodistas— no son cárceles. Son espacios transitorios. Pero en Santa Fe, lo transitorio se vuelve permanente, y lo excepcional, regla.
La doble moral del poder
Mientras se monta este show, jubilados sin cobertura, maestros con sueldos de miseria y hospitales sin vacunas completan el paisaje de abandono. ¿Quién aplaude estos espectáculos? ¿Quién se emociona con una ministra quemando droga o un ministro supervisando traslados? Solo los que piensan que gobernar es castigar.
Porque en Reconquista, como en tantos otros lugares, la alcaidía colapsa, pero el relato sigue firme.
“No están condenados. Están esperando justicia”
Ese fue el reclamo de fondo en los micrófonos de PNM Datos Duros TV. Un llamado de atención ético y político: no podemos naturalizar que personas sin condena vivan en condiciones inhumanas, ni permitir que el Estado se desentienda de su responsabilidad básica: garantizar derechos, incluso —y sobre todo— a quienes están privados de libertad.
Epílogo provisorio
La sociedad está enferma, sí. Pero no por los que duermen en el suelo esperando juicio. Está enferma cuando los que gobiernan se suben al carro de la moral sin asumir su propia culpa. Porque como se dijo al aire con crudeza:
“La gente les tiene más bronca a los de saco y corbata que a los que estaban en esa alcaidía.”
La pregunta es quién se atreve a escucharlo.
Fuente: PNM Datos Duros TV – Uber Cracoña / Toti Díaz
(*) Periodista. Corresponsal en Santa Fe.
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