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Polémica en un Regimiento: denuncian que el Jefe de las FFAA y del Ejército participaron de una fiesta

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Por Bryan J. Mayer

“No aprendemos más” dijo en postura de mea culpa un militar consultado cuando una nueva bienvenida destrozaba la vida de un novato, el Cabo Verón, a poco más de dos semanas de la fatal recepción del Subteniente Chirino.

Eso llevó a órdenes extremas como la del Jefe del Ejército que expresa como “terminantemente prohibida la ingesta de bebidas alcohólicas por parte de integrantes de la Fuerza en actividades del servicio o fuera del servicio en el ámbito de la jurisdicción militar (incluye casinos, clubes, quinchos, etc)” para la Fuerza que conduce y una directiva posterior, del Ministro de Defensa que prohíbe “ritos de iniciación”, o “cualquier tipo de actividad, cualquiera sea la denominación que se le otorgue”, como así también “el ingreso, provisión y consumo de bebidas alcohólicas dentro de unidades y establecimientos de jurisdicción militar” para todas las Fuerzas Armadas. Ambas órdenes son “incumplibles o ineficaces” según explican mismo militares, debido a que se está atacando un síntoma, cuando la razón de los problemas que llevan a tragedias como las bienvenidas desbordadas van mucho más allá. Sin embargo, y pese a cualquier consideración, ambas están vigentes y deben ser cumplidas desde el Soldado más moderno, hasta el General más experimentado. 

Hace poco más de una semana, por orden del Jefe del Ejército Argentino, todos los jefes militares del país se reunieron en el Colegio Militar de la Nación (El Palomar) en un movimiento que significó la erogación de millonarias cifras en transporte, alojamiento y racionamiento para los participantes. El objetivo era orientarlos sobre las nuevas medidas de prohibición de bienvenidas y festejos en cuarteles de la Fuerza y en cómo actuar ante el eventual incumplimiento. También se les confirmó que habrá jornadas de capacitación sobre alcoholismo y el ejercicio del mando para evitar nuevas tragedias en la misma línea. Por eso, esta nueva versión cae muy mal entre el común de los uniformados que ahora son acusados de alcohólicos y no ven en las autoridades de ir a fondo con los problemas de disciplina y motivación que causan hechos como los de Chirino y Verón, entre otros de símil gravedad.

“Esto es un caso perdido” es lo que dijo el Jefe del Regimiento donde todo ocurrió el último fin de semana. Fue en un audio enviado a sus compañeros de promoción del Colegio Militar, intentando justificar lo imposible. Sucede que un cuartel porteño fue el escenario elegido para celebrar los 60 años del General Retirado Deimundo Escobal, el mismo que está siendo investigado por malversación de fondos durante las últimas elecciones. Por eso, que retirados que tuvieron semejante exposición tengan acceso a libertades que el resto de los efectivos no, ya causó malestar por sí solo. Pero todo implosionó cuando se acusó que entre los participantes estuvieron el Jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas – Teniente General Paleo – y el mismo Jefe del Ejército Argentino, General de División Olegario Pereda. “Tienen que renunciar, no da para más” se escucha decir a un retirado cuando se entera de lo ocurrido. 

Un factor que causa mayor enojo es que, según lo trascendido, la organización y la manera de moverse de las autoridades dan cuentas de que fueron conscientes en todo momento de que estaban realizando una actividad prohibida. Es que, según fuentes que estuvieron en el lugar, tanto el Jefe de las FFAA, el del Ejército y otras autoridades de máxima relevancia para la institución armada ingresaron al lugar por una entrada que no es la de uso corriente. Del mismo modo, se prohibió el uso de teléfonos celular ni mucho menos tomar fotografías. De hecho, se dispuso de una persona para que controle la aplicación de esa medida y para tomar fotos evitando se vea el contexto y la presencia de bebidas alcohólicas. También se ordenó al servicio de guardia del lugar que no se registren a los asistentes. Todo fue premeditado para evitar trascendiera, pero la indignación de los testigos fue mayor. “Para nosotros esto es como el cumpleaños de Fabiola en Olivos, mientras todos estábamos encerrados ellos estaban de joda” compara un Cabo con una entremezcla de sorna y bronca. Es que claro, en ambos casos las autoridades habrían violado sus propias medidas y sus dependientes no logran entender semejante atropello y desprecio. El desarraigo y desapego con la tropa de los participantes es tan fuerte que, incluso y aunque suene cómico en medio de tantas prohibiciones, un participante le habría regalado un whisky al cumpleañero. 

Entre las explicaciones, se intentó decir que la organización del evento fue privada – por una fundación que depende de los propios militares – y por personas que no están en actividad. Sin embargo, es sabido que el personal en situación de retiro está sujeto a las órdenes que se generan actualmente y que, además, la orden del Ministro de Defensa es clara: está prohibido “el ingreso, provisión y consumo de bebidas alcohólicas dentro de unidades y establecimientos de jurisdicción militar”. Sin entrar en mayor análisis de la legalidad en el manejo de esta explotación de espacios Estatales con fines particulares. De hecho, no es menor mencionar que varios institutos de formación donde se realizan colaciones o en los propios cuarteles donde se acercan aniversarios o fechas especiales se decidió realizar los festejos alusivos en estructuras civiles para evitar inconvenientes. Un caso más rimbombante es el de Villa Martelli, donde un sitio común para festejar cumpleaños, bautismos o comuniones de niños quedó directamente cerrado por las nuevas medidas.

Fuentes explicaron a El Litoral que el último martes hubo una reunión en la cúpula del Ejército Argentino para evaluar argumentos que brinden excepciones y que justifiquen la realización del evento en cuestión. No hubo consenso y no se encontró ninguna respuesta que los exculpe de haber sido parte de un acontecimiento que, para el común de los Soldados, está prohibido y serían plausibles de baja, ya que se trata de una falta gravísima. Además del cumpleaños, la excusa del encuentro fue promocionar a quien sería el nuevo presidente de la comisión del arma de Infantería, lo que explica el interés de todos los participantes de no perderse la ocasión.

Se espera que, a raíz de estos hechos y lo incumplible de las órdenes dictadas, haya una resolución que flexibilice la situación. Hasta el momento, no hubo un comunicado oficial de los señalados para aclarar las versiones viralizadas.

Fuente: El Litoral

APROPOL Noticias

 

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