FRACASO

Rosario – En medio de atentando graves el gobierno de Miguel Lifschiftz destinó como nuevo jefe de la Policía de Investigaciones al Comisario General Marcelo Albornoz y en la Unidad Regional II al Comisario General Marcelo Gomez. ¿Estos cambios alcanzan para enfrentar esta seguidilla de atentados contra funcionarios, edificios públicos y ciudadanos? AVANCE AL ESTILO COLOMBIANO ANTE EL FRACASO DEL FRENTE SOCIALISTA-UCR.

Por Alberto Martínez

Gómez reemplaza a Juan Pablo Bengoechea (que queda a espera de nuevo destino ya que no fue cuestionado) y que había asumido en febrero ultimo y que parecería ser según la lectura de las medidas tomadas por el gobierno el “fusible” elegido como tantas veces estos advenedizos de la política han elegido para seguir escondiendo sus propios y graves falencias que nos han llevado a esta situación de desborde.

En tanto el Comisario General Daniel Corbellini (pasado de años en la carrera que tiene un tope de 30) le ofrecerían un lugar en la estructura del Ministerio de Seguridad al considerárselo “valioso” y es relevado por Albornoz que es oriundo de Rosario y viene de desempeñarse como jefe de las unidades regionales VI (Constitución) y IV (Caseros) entre otros tantos destinos.

Un dato importante es la presencia en la Subjefatura de la UR II (por primera vez) de una mujer, la Comisario Mayor Carina Degrá que ya asumió su nuevo puesto y que proviene del D3 – Operaciones.

La pregunta es ¿Estos cambios alcanzan para enfrentar esta seguidilla de atentados contra funcionarios, edificios públicos y ciudadanos? Y la obvia respuesta es NO. A ello deberiamos sumar otra incógnita que y es ¿Porque Lifchiftz manda a separar a estos jefes no cuestionados? ¿Sera para no relevar al ministro del área?

Los mortales no podemos dejar de recordar los affaire amoroso del propio Pullaro con la hermana del narco Carlos Ascaini, sus lazos con narco-policias ya desplazados “que le hacían la calle” y otras tantas trapizondas. Tampoco la relación de miembros del poder judicial y el MPA con “clientes” narcos y delincuentes reconocidos que ahora persiguen y pretenden desconocer.

La resultante siempre deja el sabor amargo de la evidente y gastada formula de tratar de lavar las ropas sucias de la política con “las pilchas de la policia” que no escapa a una autocritica seguramente pero que no puede ser considerada la unica y mayoritaria responsable de gobiernos que han pactado y dado ciertas licencias a las mismas bandas a las que hoy desconocen.

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