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El cabo Mauricio Molina, a quien debieron amputarle la pierna izquierda a causa de un accidente, demuestra a diario su voluntad inquebrantable de recuperación. ¿La meta? Poder usar de nuevo el uniforme de combate.

 

Con 22 años recién cumplidos, y luego de un 2019 exigente en la Escuela de Suboficiales del Ejército Sargento Cabral, el cabo Molina regresó a su provincia natal, Santa Fe, para pasar la licencia antes de su próximo destino en Villa Martelli.

Este joven suboficial del Ejército Argentino atravesó momentos de profunda tristeza debido a la lamentable pérdida de su pierna izquierda. Sin embargo, su inagotable esperanza y optimismo, así como el apoyo de camaradas y familiares, lo ayudaron a superar el dolor y a enfrentar el proceso de recuperación.

Hoy, gracias al Instituto de Obra Social de las Fuerzas Armadas y al Hospital Militar Central, se está rehabilitando con una prótesis de última generación, y participa activamente de diversas prácticas deportivas. En algunas, como la natación, incluso supera a sus compañeros. En otras, como la carrera extrema en la que compitió recientemente, se destaca por su férrea disciplina. Y en todas ellas, da sobradas muestras de un notable espíritu de superación.

Con la mente puesta en su rehabilitación y en los próximos exámenes, el cabo Molina relató algunas de sus vivencias más significativas...

- ¿Cómo fue su inicio en el Ejército?

- Entré al Ejército con 18 años recién cumplidos. Siempre quise estudiar kinesiología y era una manera de pagarme mis estudios. Cuando ingresé en la Fuerza, me terminé enamorando y decidí seguir la carrera militar. Estuve tres años en Santa Fe, en el Batallón de Ingenieros Anfibios 121, vine a la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral y egresé como cabo. Desde entonces, estoy destinado en el Centro de Mantenimiento de Instalaciones y Equipos de Ingenieros.

- ¿En qué momento llegó al Centro de Mantenimiento de Instalaciones y Equipos de Ingenieros?

- Me presenté en agosto de 2018. Fue un año muy largo. Superé mis metas, egresé de la escuela, empecé mi carrera lejos de mi familia y mi hogar. Llegó mi licencia en febrero, me reencontré con mis seres queridos y a los pocos días tuve mi accidente.

- ¿Qué fue lo que le pasó?

- Me había juntado con un amigo en una avenida de Santo Tomé. Estaba volviendo a mi casa, con mi moto, por una calle doble mano. Una camioneta se tiró a sobrepasar al auto que venía por el otro carril y me la encontré de frente. Mi reacción fue tirarle una patada para evitar que me agarrara de frente y salí para el lado opuesto. Sacrifiqué mi pierna pero estoy con vida.

- ¿Cómo fue para tu mamá verte así?

- Mi mamá me dio la vida dos veces. Ella es enfermera y con su frialdad salió corriendo cuando le avisaron lo que había pasado. Cuando llegó me realizó primeros auxilios y me colocó un torniquete. Es muy profesional, si bien no fue lo mismo atender a su propio hijo, se mantuvo firme e hizo todo como corresponde, eso fue lo que me salvó. 

- ¿Qué recuerda de los primeros momentos, cuando se enteró todo lo que pasó?

- Me acuerdo bastante del choque. Me desperté en el hospital sabiendo que había tenido un accidente. Saludé a mis padres y me miré, vi que algo me faltaba. Le pedí a mi papá que me sacara la sábana y no quiso hacerlo. Como pude lo hice yo mismo y fue la primera vez que me vi amputado. Me recosté, respiré y supe que tenía que salir adelante.

- ¿Qué sintió cuando la gente lo iba a visitar mientras estaba internado?

- De la unidad fue muchísima gente; me levantaron mucho el ánimo. Siempre intenté buscar el lado positivo; pero ellos ayudaron mucho. El Hospital Militar les brindó las mejores condiciones a mis padres y tuve un trato impecable.

- ¿Cómo fue el procedimiento para conseguir la prótesis?

- Primero tuve que completar varios papeles y el enfermero de la Unidad, sargento Fernando Caro, fue quien más me ayudó. Fue gracias a él que obtuve la prótesis tan rápido. Le agradezco todos los días lo que hizo por mí. Se movió muchísimo para conseguir esto. Habló con conocidos, pidió presupuestos, hizo las mil y una.

- La carrera en la que participó, ¿en qué consistió? ¿Cómo le llegó la invitación?

- Cuando estaba en Buenos Aires por controles médicos, me vino a visitar el cabo Nicolás Sosa, un camarada que está destinado conmigo. Me mostró fotos de la carrera, en la que el año pasado estuvo un hombre en silla de ruedas. Después me dijo: "Más te vale que la próxima vos también estés". Le dije que sí y la corrí en muletas. Consta de 8 kilómetros, yo corrí 4 porque sentí que había cumplido y tampoco quería lastimarme. Con la muleta era todo más complicado; pero fue una experiencia que me levantó mucho.

- ¿Cuál es el primer recuerdo que tiene después de cruzar la línea de llegada?

- Fue un desahogo, se puede. No hay algo que sea imposible. Y si dicen que es imposible, me va a llevar un poco más lograrlo pero lo voy a alcanzar. El límite se lo pone uno mismo. La gente me sacaba fotos, fue un momento hermoso. Todo eso me hizo volver el espíritu de superación que tenía.

- ¿Cuál es tu motivación más grande?

- Al principio fue conseguir la prótesis y poder entrenarme; pero lo que realmente me motiva y es mi sueño es usar nuevamente el uniforme de combate. Espero algún día poder lograrlo. Otro sueño es participar en los Juegos Paralímpicos. En natación o atletismo, me encantaría. Lo voy a lograr.

- ¿Y cómo comenzó ese sueño?

- El día siguiente a la carrera me llamaron del Estado Mayor y me dijeron que me iban a ayudar a conseguirme la prótesis, que se estaba demorando un poco. Mi mamá estaba vendiendo rifas para juntar plata y comprármela ella. Cuando recibí el llamado no pude aguantar y terminé llorando de la emoción.

- ¿Qué te genera el deporte?

- El deporte es salud. Yo estaba en reposo en Santa Fe y no veía la hora de que se me cicatrizaran los puntos para volver a hacer algo. Cuando pude, lo primero que hice fue nadar y a los dos meses ya estaba a la par de los que tienen sus dos piernas, hasta les jugaba carreras, les daba una patada de ventaja.

- ¿Cómo cambió el día a día con la prótesis?

- Fue hermoso. Al principio era duro caminar con las muletas y ver cómo la gente me miraba, se daban vuelta. Hoy todo cambió... Ahora tengo al menos una mano libre. Antes tenía que frenar hasta para tomarme un vaso de agua.

- ¿Qué te gustaría generar en el Ejército?

- Quiero demostrar que puedo. Me falta una pierna pero voy a rehabilitarme y voy a poder caminar, correr. Quizás no pueda seguir como un hombre de armas, pero puedo hacer tareas administrativas tranquilamente. Eso es lo que quiero lograr. Desde el uniforme que me enamoró a los 18 años hasta llegar a ser suboficial, que un borracho te lo quite es duro. Me quitó una pierna pero el orgullo no me lo saca nadie; es lo que me da fuerza todos los días para salir y demostrar que puedo.

- ¿Cuál es tu próximo objetivo?

- Siempre estoy con metas cortas. Ahora, caminar sin muletas. Después será poder correr y así sucesivamente hasta volver a ser el mismo de antes, aunque nunca dejé de serlo. Siempre me gustaron los desafíos y este será el más grande. Lo voy a afrontar de la mejor manera y con todas mis ganas.

Fuente: Ejercito Argentino

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