
Por Alberto Martinez (*)
La demora no es menor: se trata del único ingreso económico para muchos aspirantes que han dejado trabajos precarios o alejaron sus familias con la esperanza de obtener una carrera policial. Hoy sobreviven gracias a la solidaridad de compañeros, a changas ocasionales o al apoyo familiar. Pero la realidad es que el Estado les dio la espalda.
“No tenemos ni para el colectivo”
Desde el propio ISEP, los testimonios se repiten:
“Hace tres meses que no cobramos un peso. Comemos fideos todos los días, algunos compañeros ni siquiera tienen para pagar el pasaje al instituto”, relató un ALUMNO bajo anonimato por temor a represalias.
La falta de pago no solo refleja desorganización presupuestaria, sino una alarmante falta de respeto por quienes se están formando para cuidar a la ciudadanía. La paradoja es que el discurso oficial habla de «recuperar la seguridad», pero no puede garantizar ni siquiera que los futuros efectivos lleguen al aula con un plato de comida.
Silencio oficial y maltrato institucional
Ni el Ministerio de Seguridad, ni el área de Administración del ISEP, han dado una explicación formal. Tampoco hay información oficial sobre una fecha de pago estimada, ni mucho menos un reconocimiento del problema. La situación ya fue elevada por instructores y autoridades intermedias, pero la respuesta ha sido el silencio.
¿Cómo se pretende formar policías profesionales si se los maltrata desde el primer día?
¿Qué mensaje institucional se transmite cuando se deja a los cadetes sin cobrar durante meses?
EXIGEN UNA RESPUESTA URGENTE
Desde APROPOL reclamamos:
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Pago inmediato de las becas adeudadas a los cadetes del ISEP.
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Regularización mensual automática, sin depender del humor administrativo de turno.
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Que se termine con el maltrato estructural a los futuros policías, quienes merecen condiciones dignas desde el primer día.
Porque no se puede exigir vocación cuando lo que reina es la precariedad. Porque no se puede hablar de seguridad sin respetar a quienes están dispuestos a proteger. Porque la dignidad no puede esperar.
¡Quién quiera oír que oiga!
(*) Periodista. Licenciado en Seguridad Pública. Especialista en seguridad y derechos laborales de los trabajadores policiales y penitenciarios.
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