La Hidrovía bajo presión: una causa por 500 kilos de cocaína expone una estructura con base operativa en el corredor Rosario–San Nicolás

La Hidrovía bajo presión: una causa por 500 kilos de cocaína expone una estructura con base operativa en el corredor Rosario–San Nicolás

San Nicolás (Buenos Aires) – El secuestro de casi 500 kilos de cocaína y la prisión preventiva de cinco personas volvió a poner bajo la lupa el corredor fluvial del Paraná.

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La investigación federal describe una organización con logística, embarcaciones y capacidad de operar entre Rosario, Granadero Baigorria, Capitán Bermúdez, Ramallo y San Nicolás, utilizando el río para aproximar cargamentos a buques mercantes con destino internacional.

La investigación que comenzó con un bolso de cocaína encontrado casi por casualidad en una playa de Monte Hermoso terminó exponiendo una estructura narcocriminal con capacidad para operar sobre distintos puntos de la Hidrovía y con conexiones directas con el sur santafesino.

 

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El resultado inmediato fue contundente: 499 kilos de cocaína secuestrados, cinco detenidos y una investigación federal que, según los fiscales, apunta a una organización con permanencia en el tiempo, recursos materiales importantes y capacidad para desplazarse entre distintas jurisdicciones.

Pero detrás del volumen del cargamento aparece una cuestión todavía más inquietante.

Las comunicaciones interceptadas incorporadas a la investigación sugieren que la maniobra no habría sido excepcional.

Está ahí, pero no confirman, nosotros no podemos salir hasta que confirmen boludo. Estamos los seis. Tengo un hombre dentro de mi casa hace tres días. Estamos trabados, no nos contestan de arriba”, habría dicho Damián Leyria en una conversación registrada por los investigadores.

En otro diálogo, uno de sus interlocutores respondió: “Está complicado el tema de los barcos ahora”.

Y el 28 de julio, pocos días antes del procedimiento, Leyria habría comunicado a Jorge Eduardo Ayala que una operación había sido suspendida: “Ahora vamos a trabajar en Rosario”.

Esas conversaciones constituyen, para los investigadores, parte del conjunto de indicios utilizados para reconstruir la operatoria.

Un bolso en Monte Hermoso abrió la investigación

Todo comenzó el 2 de enero.

Un grupo de guardavidas que entrenaba en la Reserva Natural Pehuen Có, en Monte Hermoso, encontró un bolso impermeable sobre la costa.

En su interior había alrededor de 35 kilos de cocaína.

El tipo de bolso llamó la atención de los investigadores porque este tipo de contenedores estancos suele utilizarse en maniobras conocidas internacionalmente como “rip-off” o contaminación de carga: la droga es introducida clandestinamente en un buque o incorporada a una carga legítima para ser retirada posteriormente en el puerto de destino.

La investigación permitió determinar que bolsos similares habían sido comprados tiempo antes a través de una plataforma comercial.

Según la reconstrucción publicada por La Capital, Sebastián Di Seri —posteriormente detenido— habría adquirido 25 unidades de 80 litros, además de una envasadora al vacío, elementos náuticos y dispositivos de comunicación.

A partir de allí comenzaron las intervenciones telefónicas, seguimientos y tareas de inteligencia.

La lancha cargada con cocaína

El 7 de agosto los investigadores detectaron movimientos de una Ford Ranger y una embarcación tipo tracker denominada Gran Brack en la zona de Ramallo.

Prefectura siguió el desplazamiento.

La camioneta llegó hasta la costa y desde allí comenzaron a movilizarse los bolsos.

La embarcación fue finalmente interceptada en el río Paraná, a la altura del kilómetro 351 y en inmediaciones de la Rada Norte del puerto de San Nicolás.

A bordo fueron detenidos cuatro hombres.

En la lancha había siete bolsos que contenían 210 panes de cocaína, con un peso aproximado de 232 kilos.

También fueron secuestrados una Ford Ranger, la embarcación, un potente motor fuera de borda, cinco teléfonos celulares y un dispositivo GPS satelital.

Otros 267 kilos en Ramallo

La investigación no terminó en el río.

Los procedimientos posteriores permitieron llegar hasta un inmueble de Ramallo vinculado con uno de los investigados.

Dentro de un garaje fueron encontrados otros bolsos similares.

Allí había 267 kilos adicionales de cocaína distribuidos en 240 panes.

El total de droga secuestrada quedó así al borde de los 500 kilos.

Además fueron incautados celulares, automóviles, motocicletas, dispositivos electrónicos, marihuana y elementos utilizados para manipular o transportar los cargamentos.

Sebastián Di Seri fue detenido en Bernal Oeste, partido de Quilmes, convirtiéndose en el quinto apresado.

Rosario aparece dentro del circuito

Uno de los aspectos de mayor interés para Santa Fe es que la investigación no describe una organización circunscripta a Buenos Aires.

De acuerdo con la hipótesis fiscal difundida por los medios, el grupo tendría capacidad de operar entre Rosario, Granadero Baigorria, Capitán Bermúdez, Ramallo y San Nicolás.

La referencia a Rosario también aparece en las comunicaciones intervenidas.

Cuando una de las operaciones habría sido suspendida, Leyria señaló a Ayala: “Ahora vamos a trabajar en Rosario”.

La frase no demuestra por sí sola cuál era la maniobra prevista ni permite afirmar qué puerto iba a utilizarse.

Pero sí incorpora a Rosario dentro del mapa operativo que los investigadores intentan reconstruir.

“Una verdadera organización narcocriminal”

Los cinco detenidos fueron llevados ante la jueza federal de Garantías de Bahía Blanca María Gabriela Marrón.

Los fiscales Diego Iglesias y Patricia Cisnero, integrantes de la Procuraduría de Narcocriminalidad, los imputaron por contrabando de exportación agravado y tráfico de estupefacientes.

La magistrada dispuso 180 días de prisión preventiva.

Durante la audiencia, Iglesias describió el escenario investigado como el de una organización estable, con logística, recursos materiales y económicos y capacidad territorial para actuar en distintas jurisdicciones.

Esa definición resulta central.

No se estaría investigando solamente un cargamento.

La sospecha apunta a una estructura de tráfico internacional.

De 2,5 a 45 millones de dólares

La dimensión económica también permite observar el salto que produce la exportación clandestina de cocaína.

Según las estimaciones expuestas por la Procunar durante la audiencia, el cargamento tendría un valor no inferior a 2,5 millones de dólares en una zona portuaria bonaerense.

Si lograba llegar a Europa, su cotización podría superar los 16 millones de dólares.

Y en mercados internacionales más lejanos, siempre según la estimación fiscal difundida, podía alcanzar aproximadamente 45 millones de dólares.

La diferencia explica buena parte de la lógica de estas organizaciones.

El gran negocio no necesariamente está en vender la droga dentro del país.

Está en sacarla del país.

Y allí los grandes corredores fluviales y los puertos adquieren un valor estratégico.

El problema no empezó con este procedimiento

El hallazgo tampoco puede analizarse de manera aislada.

En junio de 2025 fueron encontrados alrededor de 470 kilos de cocaína en un buque amarrado en el puerto de Vicentin, en San Lorenzo, después de una advertencia realizada por el capitán de una embarcación.

En julio de 2022 se detectaron aproximadamente 1.300 kilos de cocaína ocultos en una carga de maní que había llegado desde Córdoba y había pasado por instalaciones portuarias de Rosario.

Dos meses antes, en mayo de 2022, un buque que había cargado harina de soja en el complejo Renova, en Timbúes, apareció posteriormente con cocaína y con el cuerpo sin vida de un buzo brasileño después de pasar por Santos.

Cada episodio tiene características diferentes y no corresponde afirmar automáticamente que estén vinculados entre sí.

Pero todos plantean una misma pregunta:

¿Cuánta droga atraviesa la Hidrovía sin ser detectada?

Lo que se descubre no necesariamente mide lo que pasa

Los grandes secuestros pueden producir una impresión engañosa.

Parecen demostrar una mejora de los controles.

Y en parte lo hacen.

Pero un procedimiento exitoso también revela la existencia previa de una capacidad logística para colocar cientos de kilos de cocaína junto a buques mercantes que circulan por uno de los corredores fluviales más importantes de Sudamérica.

Por eso el número relevante no es solamente cuántos kilos se secuestran.

También importa saber cuántas operaciones logran completarse sin ser detectadas.

Ese dato, naturalmente, es mucho más difícil de medir.

El río como infraestructura criminal

La Hidrovía Paraná–Paraguay es una infraestructura económica estratégica.

Por allí circula buena parte de las exportaciones argentinas.

Precisamente por eso también resulta atractiva para organizaciones criminales.

Miles de movimientos de embarcaciones, puertos públicos y privados, terminales cerealeras, zonas de fondeo, riachos secundarios, embarcaciones deportivas y kilómetros de costa generan una geografía extremadamente difícil de controlar.

Las organizaciones no necesitan dominar un puerto entero.

Pueden necesitar solamente una lancha, información sobre el movimiento de un buque, un punto de encuentro y algunos minutos de oscuridad.

La causa que ahora tramita en Bahía Blanca muestra justamente esa modalidad: trasladar cocaína en embarcaciones menores para aproximarla a barcos mercantes en navegación.

Una advertencia para Santa Fe

La investigación todavía debe avanzar y las responsabilidades individuales deberán probarse judicialmente.

Pero el cuadro general ya deja una advertencia importante para Santa Fe.

Cuando dentro de una investigación federal aparecen simultáneamente Rosario, Granadero Baigorria, Capitán Bermúdez y el corredor portuario del Paraná, el problema deja de ser exclusivamente policial o aduanero.

Es también una cuestión estratégica.

La Hidrovía mueve riqueza.

Y precisamente por eso atrae organizaciones capaces de invertir millones para utilizarla como plataforma de exportación clandestina.

El secuestro de casi 500 kilos es un golpe importante.

Pero quizá la pregunta más incómoda sea otra:  si esta operación pudo ser reconstruida a partir de un bolso que apareció fortuitamente en una playa ubicada cientos de kilómetros al sur, ¿Cuántas operaciones similares nunca dejan un bolso en la costa?

(*) Periodista. Corresponsal en Rosario.

 

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