Dicen que en Santa Fe hay una «liga». Pero no es la de la justicia, ni la del fútbol.
Por El Espía
Es La Liga de los vivos, los que siempre están cerca de donde se maneja lo que queda flotando cuando el Estado incauta. Y esta vez, el foco está en la Agencia Provincial de Registro, Administración y Destino de Bienes y Derechos Patrimoniales (APRAD).
Subastas calientes, relaciones aceitadas
Según pudo saber esta columna, “La Liga” está compuesta por una red de personajes con acceso privilegiado a los remates de bienes secuestrados, vehículos, propiedades y otros activos administrados por la APRAD. Su influencia se extiende más allá del martillo del rematador: se sientan a la mesa con funcionarios, saben de antemano qué sale y cuándo, y más de una vez aparecen como oferentes “encubiertos” a cambio de un retorno.
No actúan solos. Tienen padrinos. Tienen códigos. Tienen espalda. Y sobre todo, tienen llegada: operan desde adentro o con ayuda de quienes tienen la llave del depósito.
Un dato que enciende alarmas judiciales
Uno de los nombres que se escuchan con frecuencia en estas maniobras fue señalado días atrás en un escándalo judicial, tras intentar —según trascendidos— «arreglar» con billetes una causa en un juzgado federal. Las fuentes no dan nombres, pero sí contexto: la coima no prosperó, pero dejó huella. Y esa huella lleva… a La Liga.
Un control que brilla por su ausencia
La APRAD se creó para preservar, administrar y garantizar transparencia en el uso de bienes decomisados, pero las alertas se encienden cada vez que los mismos rostros aparecen en las mismas subastas, con vehículos que terminan a nombre de terceros y propiedades rematadas por valores irrisorios.
¿Quién controla el acceso a la información privilegiada? ¿Quién garantiza que el proceso sea limpio? ¿Quién audita los vínculos entre oferentes y funcionarios?
La sombra no está en los objetos, sino en las manos que los reparten
No es la camioneta incautada, ni la casa en remate. Es el sistema paralelo que hace del Estado un botín institucional. Una especie de mercado negro de lo público, donde los bienes de los narcos, los evasores o los corruptos, terminan en las garras de otros corruptos, pero con papel en regla.
El Espía dice que alguien debería mirar mejor dónde terminan las llaves de los bienes secuestrados. Porque lo que se roba una vez, se reparte muchas veces. Y si la transparencia es solo un eslogan, el olor a podrido se siente desde lejos.
¿Que tiene para decir Matías Figueroa Escauriza, secretario de Gestión de Registros Provinciales?
Pullaro dice que son un gobierno sin casos de corrupción y es probable que no sea tan así.
AMPLIAREMOS.
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