La situación en el CEMAFE, particularmente en lo que respecta al personal policial asignado a la custodia del lugar, se ha vuelto insostenible.
Por Rubén Pombo (*)
El entorno de trabajo está cargado de tensión, con condiciones que no sólo atentan contra la dignidad laboral, sino que además afectan gravemente la salud física y mental de quienes prestan servicio allí.
En medio de este panorama, hay dos figuras que se autodenominan “referentes”, un cargo que no figura en ningún reglamento policial, y que no está formalmente reconocido por la institución. Nos referimos al Inspector G C. y a la Inspector A V., quienes ejercen poder sin legitimidad, sin control y con total impunidad.
Estos funcionarios no cumplen funciones operativas como corresponde, ni rinden cuentas a la superioridad de los hechos que ocurren. Por el contrario, ocultan novedades relevantes, manipulan horarios, persiguen a quienes no se alinean con sus órdenes improcedentes y se dedican a la política interna a costa del desgaste del personal subalterno. Mientras tanto, construyen una imagen falsa de orden y control frente a los jefes de dependencia y de agrupación, cuando la realidad es completamente distinta: CEMAFE es un lugar de constante movimiento y novedades, como cualquier nosocomio de alta complejidad, similar al Cullen o el Iturraspe.
El ambiente de trabajo es insalubre, marcado por el acoso laboral, las represalias, y el miedo permanente. Hay hechos graves que jamás se comunican a las autoridades, decisiones arbitrarias que afectan tanto al personal policial como al de salud, y testimonios de compañeras y compañeros que han tenido que pedir el traslado o han solicitado no volver más a ese puesto, por el nivel de maltrato recibido.
Lo más doloroso es que hace apenas unos días, una colega que fue obligada a trabajar en este contexto tan hostil, se quitó la vida. Esta tragedia no puede seguir siendo silenciada ni tratada como un hecho aislado. No es un caso más. Es una señal desesperada de un sistema que está fallando.
Desde hace tiempo venimos pidiendo audiencias, elevando notas, buscando canales institucionales para ser escuchados. Pero lo que no se escucha a tiempo, se transforma en tragedia.
Exigimos que se investigue a fondo la situación de esta dependencia. Que se ponga fin a los abusos de poder. Que se controle y supervise como corresponde. Que se escuche al personal subalterno que día a día pone el cuerpo sin garantías, sin respaldo, y bajo amenaza constante.
No se trata de rumores, ni de chismes. Se trata de hechos. De vidas. De compañeras y compañeros que no dan más.
Y se trata, sobre todo, de una deuda enorme del sistema policial con su propia gente.
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