Policías hacen fila desde la madrugada en Medicina Legal Rosario para pedir carpeta psicológica. Sin protocolos de contención, sin respeto y con destrato, denuncian que el sistema los revictimiza y los obliga a seguir trabajando aún en estado crítico.
Por Alberto Martínez (*)
“Llegan buscando ayuda, se van peor.” La frase, tajante y dolorosa, se repite entre quienes han pasado por la puerta de Medicina Legal Rosario, ese organismo que debería proteger la salud mental de los policías, pero que se ha convertido en una trampa burocrática y deshumanizada. Este miércoles, desde bien temprano, una fila de más de veinte personas se extendía en la vereda. Eran policías de toda la provincia: Santa Fe, San Javier, Vera. Todos agotados, arrastrando turnos 12×36, sin descanso real, sin contención institucional.
Una postal del abandono
La escena no puede ser más elocuente: hombres y mujeres esperando horas parados para conseguir una carpeta psicológica, el único “recurso” que hoy les queda ante el colapso emocional. Mujeres que no ven a sus hijos, hombres que no logran volver a casa porque los recargos, los traslados y los SPA no les permiten vivir. ¿Quién se hace cargo?
Una atención sin alma
Adentro, la situación no mejora. El equipo de psicólogos se reduce —según denuncian— a un hombre y una mujer que, lejos de contener, desalientan, revictimizan y desatienden. Se limitan a preguntar si trajeron certificado. No hay orientación, ni escucha activa, ni dispositivos de acompañamiento. Una compañera fue con su hijo. La “forrearon”. Así lo dicen, sin vueltas. Porque duele.
“Te dejan esperando horas para después decirte que vuelvas a trabajar.”
— Testimonio directo de una policía que pidió carpeta psicológica.
Cuando el sistema se equivoca, te castiga
Como si todo esto fuera poco, también ocurren hechos gravísimos como la pérdida de legajos y la apertura de sumarios a las víctimas del error administrativo. Así lo relató una trabajadora policial:
“Ayer los denuncié en judiciales. No asentaron mi carpeta en el sistema, extraviaron mi legajo y me hicieron un sumario porque cuando llamó mi jefa le dijeron que no les figuraba mi carpeta. Ya me lo habían hecho antes. Ahora los denuncié.”
Este tipo de situaciones no son hechos aislados. Son parte de un patrón institucional que no solo abandona, sino que persigue a quien se atreve a pedir ayuda. Un sistema que falla y después culpa a la víctima. Un engranaje perverso donde todo se invierte: la víctima termina siendo tratada como culpable.
Sin protocolo, sin humanidad, sin derecho a quebrarse
En el fondo, lo que se ve en Medicina Legal es la punta del iceberg: un sistema que no reconoce el derecho a la fatiga emocional, que exige rendimiento sin descanso, que te persigue si pedís ayuda y te abandona si te quebrás. No hay protocolos reales de asistencia. No hay atención continua. No hay seguimiento. Lo que hay es miedo. Miedo a no ser escuchado, miedo a ser sancionado, miedo a terminar peor.
¿Qué se espera? ¿Un nuevo suicidio? ¿Otra tragedia?
La Dirección de Bienestar y la Dirección General de Medicina Legal no pueden seguir mirando para otro lado. Los trabajadores policiales no son descartables. Necesitan atención integral, no desprecio. Necesitan psicólogos formados para contener, no para administrar carpetas. Necesitan humanización, no planillas.
Y por sobre todo: necesitan que alguien se atreva a decir lo que nadie dice.
¡Quién quiera oír que oiga!
(*) Periodista. Licenciado en Seguridad Pública. Especialista en seguridad y derechos laborales de los trabajadores policiales y penitenciarios.
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