“No estaba loca: solo estaba agotada”

“No estaba loca: solo estaba agotada”

La salud mental en las fuerzas, una deuda que ya no puede seguir invisibilizada. El testimonio de una ex policía que expone el costo humano de la vocación

Por Marcos Anglada

El testimonio de Natali Ghione, ex policía que decidió dejar la institución después de más de una década de servicio, abrió una herida que muchos conocen pero pocos se animan a nombrar: el desgaste emocional profundo que atraviesan quienes trabajan en seguridad.

A ese mensaje se sumó en las últimas horas otro testimonio que circula en redes sociales, con un tono distinto pero con el mismo diagnóstico de fondo. Mientras Natali habla desde la decisión ya tomada —“hoy tengo paz”—, esta segunda voz habla desde la prevención, desde el intento de frenar antes del quiebre:

“Antes de tomar decisiones apresuradas, es fundamental pedir asistencia psicológica. El cansancio extremo, el agobio y las situaciones que vemos o vivimos junto a otros colegas nublan el juicio y empujan a reaccionar desde el dolor, no desde la claridad.”

Lo que aparece con claridad es una constante: el agotamiento emocional no es una excepción, es parte estructural del trabajo policial. Jornadas extensas, presión constante, exposición cotidiana a la violencia, falta de reconocimiento, incertidumbre laboral y escasa contención institucional conforman un combo que termina impactando directamente en la salud mental.

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Decisiones en el límite

El segundo testimonio introduce una advertencia clave: muchas decisiones se toman desde el límite, no desde la libertad real.

“Darse de baja del trabajo en medio del agotamiento puede parecer una salida inmediata, pero muchas veces es una decisión tomada desde el límite emocional.”

Aquí no hay contradicción con Natali, sino dos momentos del mismo proceso. Una voz habla desde el después: salir fue la única forma de no terminar destruida. La otra habla desde el antes: pedir ayuda puede evitar que la única salida sea irse… o algo peor.

Ambas coinciden en algo esencial: pedir ayuda no es debilidad. Es supervivencia.

“Medir los impulsos también es cuidarse. Pedir ayuda no es debilidad: es una herramienta para no tomar decisiones irreversibles en el peor momento.”

En un contexto donde el suicidio policial y el colapso emocional se repiten con una frecuencia alarmante, estos mensajes funcionan como espejo colectivo. No hablan de casos individuales, sino de una problemática estructural: fuerzas de seguridad sin políticas sistemáticas de salud mental, sin espacios reales de escucha, sin dispositivos de contención continuos.

Natali lo dijo con crudeza: “Entendí que solo somos un número más.”

El segundo testimonio intenta evitar que ese número termine en estadística.

Entre uno y otro aparece la verdadera pregunta incómoda para el Estado: ¿cuántos más tienen que llegar al límite para que la salud mental deje de ser un tema privado y pase a ser una política pública real dentro de las fuerzas?

Porque hoy la elección parece ser siempre la misma: resistir en silencio… o irse para poder seguir viviendo.

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