
El histórico referente de Empalme Graneros formuló una denuncia pública ante concejales de Rosario y advirtió que las intervenciones que se realizan en una cuenca de unas 80.000 hectáreas podrían hacer que el agua llegue cada vez más rápido al arroyo Ludueña. El cruce con María Eugenia Schmuck dejó una frase que se viralizó —“los countries también se inundan”—, pero detrás de la ironía apareció una advertencia mucho más seria sobre prevención, planificación y riesgo hídrico.

El intercambio ocurrido este lunes en el Concejo Municipal de Rosario tuvo un momento de tensión entre Osvaldo “Lalín” Ortolani, histórico referente de Empalme Graneros, y la presidenta del cuerpo, María Eugenia Schmuck. Sin embargo, reducir lo sucedido a una discusión política o a una frase irónica sería perder de vista lo principal: Ortolani dijo expresamente que estaba formulando “una denuncia pública” sobre el funcionamiento de la cuenca del arroyo Ludueña.
La discusión comenzó cuando el dirigente barrial recordó que Empalme Graneros atravesó numerosas inundaciones a lo largo de su historia.
“Porque la mayoría de los que estamos acá, incluidos los que están ahí, no vivieron nunca una inundación. Nosotros vivimos 17. Levantamos muchas veces los muebles”, sostuvo.
Schmuck respondió que ella también había padecido una inundación y que había perdido casi todo. Ortolani contestó entonces con la frase que concentró buena parte de la atención:
“Los countries también se inundan”.
Pero inmediatamente aclaró que su intervención no apuntaba a una cuestión personal.
“Lo que estamos haciendo es una denuncia pública”, insistió.
Una cuenca de 80.000 hectáreas
A partir de allí Ortolani desarrolló el verdadero núcleo de su planteo.
Según explicó ante los concejales, la cuenca del Ludueña comprende alrededor de 80.000 hectáreas, por lo que —advirtió— el problema no puede analizarse como si se tratara solamente de unas pocas cuadras ni resolverse únicamente colocando instrumentos de medición en distintos puntos.
“Toda el agua de las 80.000 hectáreas va a pasar por el arroyo Ludueña”, afirmó.
El señalamiento es relevante porque pone el foco sobre el comportamiento integral de la cuenca y no solamente sobre lo que ocurre dentro de los límites administrativos de Rosario.
“Esa agua llega más rápido”
La advertencia más fuerte apareció cuando Ortolani relacionó las obras actualmente ejecutadas en distintos sectores con la velocidad con que el agua termina alcanzando el curso principal.
“Todas las obras que se están haciendo en este momento […] están aumentando la velocidad de escurrimiento de la cuenca. Esa agua llega más rápido”, sostuvo.
No cuestionó simplemente que existan obras. Su planteo fue que cualquier intervención que acelere el escurrimiento debe analizarse considerando qué efecto acumulativo produce aguas abajo.
Y para fundamentar la advertencia recurrió a una comparación histórica.
Según expuso, durante la gran inundación de 1986 el pico de crecida habría tardado aproximadamente cuatro días y medio en desarrollarse, mientras que en 2012 ese proceso se habría reducido a unas 23 horas.
“Vamos a hablar con exactitud. Esas obras nos traen agua”, afirmó.
Esos tiempos fueron expuestos por Ortolani durante la reunión y constituyen parte de la denuncia que formuló; su eventual corroboración técnica corresponde a los organismos hídricos competentes.
El problema no es solamente qué hacer durante una inundación
Ortolani cuestionó además que buena parte de la planificación parezca concentrarse en cómo responder una vez producido el fenómeno, cuando —según su planteo— debería discutirse primero cómo disminuir el riesgo.
“Estoy totalmente de acuerdo que hablemos del durante”, sostuvo, pero inmediatamente puso como ejemplo la posibilidad de instalar un centro de salud en un sector susceptible de anegamiento.
Su advertencia fue gráfica:
“El centro de salud en lugar de inundación va a tener dos metros de agua. Va a ser muy incómodo trabajar en el durante. Tenemos que planificar otra cosa”.
La frase resume el sentido de su intervención: no alcanza con diseñar dispositivos para atender una emergencia si parte de la infraestructura destinada a responder puede quedar ella misma comprometida por el agua.
La denuncia que quedó detrás del cruce
El intercambio con Schmuck ocupó unos segundos.
La denuncia ocupó el resto.
Ortolani no fue al Concejo solamente a recordar las inundaciones del pasado. Planteó que las modificaciones realizadas sobre una cuenca enorme pueden estar acelerando el escurrimiento y reduciendo drásticamente los tiempos disponibles para reaccionar ante una crecida.
Eso cambia por completo la discusión.
Si el comportamiento de la cuenca se está modificando y el agua alcanza cada vez más rápidamente el Ludueña, la cuestión deja de ser exclusivamente meteorológica y pasa a involucrar urbanización, infraestructura, obras hidráulicas, impermeabilización del suelo, planificación territorial y capacidad real de prevención.
Empalme Graneros no quiere volver a levantar los muebles
Para quienes vivieron las inundaciones de Empalme Graneros, hablar del Ludueña no es un ejercicio teórico.
Es recordar casas anegadas, familias evacuadas y muebles levantados una y otra vez para intentar salvar lo poco que podía salvarse.
Por eso la advertencia de Ortolani merece ser analizada por su contenido y no solamente por el cruce político que produjo.
Cuando alguien que carga con décadas de memoria barrial se presenta ante el Concejo y afirma que las obras pueden estar haciendo que el agua llegue más rápido, corresponde que los organismos técnicos expliquen públicamente si esa afirmación es correcta, qué estudios existen sobre el comportamiento actual de la cuenca y cuáles son los escenarios previstos ante lluvias extraordinarias.
Porque si la advertencia tiene sustento, el momento para discutirlo no será cuando el agua vuelva a entrar en las casas.
Será ahora.
(*) Periodista. Corresponsal en Rosario.




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