
El Trastorno del Espectro Autista (TEA) dejó de ser un tema aislado para convertirse en una preocupación central en la salud pública. Se ha detectado un aumento sostenido en la detección, diagnóstico temprano y conciencia social.
Por Rubén Pombo
En Argentina, los números son claros:
- 114.389 personas con TEA cuentan con Certificado Único de Discapacidad (CUD) a octubre de 2023.
- La Sociedad Argentina de Pediatría estima más de 500.000 argentinos dentro del espectro.
- El diagnóstico temprano hoy ocurre entre los 2 y 3 años.
- La OMS sostiene una prevalencia cercana al 1% mundial, con predominio varón–mujer de 5 a 1.
La visibilidad crece. Las necesidades también. Las familias se reorganizan. Pero dentro de la Policía de Santa Fe, la realidad avanza a un ritmo mucho más lento. Y, en algunos casos, ni siquiera avanza.
Un caso que expone lo que el Estado oculta
Una trabajadora policial —que por ahora prefiere mantener su identidad reservada— es madre de una niña de pocos años (primera infancia) diagnosticada con TEA. Su historia no es excepcional: es la síntesis brutal de lo que viven decenas de camaradas en la misma situación.
Para poder estar cerca de su hija, debió entregar el arma reglamentaria, decisión que le permitió un destino cercano a su hogar… pero que implicó un salario menor.
Aun así, siguió cumpliendo:
- las mismas funciones que un efectivo armado,
- los mismos horarios,
- la misma carga operativa.
Pero no recibió el mismo respeto. Lo que llegó fue maltrato, hostigamiento, humillación y una muestra cruda de cómo una institución puede castigar a quien cuida.
“¿No tiene padre? ¿No tiene abuelos?”
Fue una de las frases que su jefe le dijo para cuestionar su maternidad y su condición de cuidadora principal de una niña con TEA. Mientras ella gestionaba por sus derechos el hostigamiento aumentaba. Cuando pidió un pase para evitar más abuso, llegó el castigo disfrazado de trámite: un traslado punitivo, de extremo a extremo de la ciudad.
Un golpe directo al corazón diario de cualquier madre de un niño con TEA: las rutinas, las terapias, la escuela, el cuidado constante. Y, por supuesto, el jefe denunciado quedó exactamente donde estaba.
El TEA no es un problema privado: es una cuestión institucional
La evidencia científica es clara:
- La intervención temprana cambia trayectorias de vida (Lord, 2020).
- Las rutinas son indispensables para la regulación emocional (Frith, 2003).
- La discontinuidad terapéutica genera retrocesos significativos (WHO, 2023).
- El rol del cuidador principal es central en el desarrollo del niño.
Pero la Policía de Santa Fe exige:
- turnos rotativos,
- nocturnidad obligatoria,
- disponibilidad absoluta,
- traslados intempestivos,
- subordinación acrítica.
Es decir: las condiciones más incompatibles posibles con la crianza de un niño dentro del espectro autista. Para el Estado, la camarada es una pieza reemplazable.
Para su hija, es el mundo entero.
Acciones institucionales: lo positivo existe… pero es sólo hacia afuera
Para ser justos, la Policía de Santa Fe ha desarrollado esfuerzos valiosos de sensibilización pública respecto al TEA:
- Campaña “Más luces, menos ruido” Apoyada por TGD Padres TEA, orientada a desalentar pirotecnia.
- Capacitaciones a cadetes
- Jornadas de formación sobre cómo interactuar con personas con TEA en el espacio público.
- Articulación con la Dirección de Discapacidad de Rosario
- Charlas, actividades y talleres de sensibilización.
- Objetivos institucionales declarados
Promover empatía, inclusión social y eliminación de barreras. Todo esto es positivo. Todo suma. Todo es necesario. Pero también todo es insuficiente.
Porque estas acciones no incluyen ni un solo mecanismo concreto de protección para las familias policiales con hijos TEA.
La fuerza enseña a tratar con respeto a personas con autismo en la calle… pero no respeta a sus propios trabajadores cuando cuidan a un niño autista en su casa.
El contraste que exhibe una deuda ética
Sensibilización hacia afuera. Desamparo hacia adentro. Ese es el contraste que ninguna campaña puede tapar.
Hoy, la Policía de Santa Fe no cuenta con:
- licencias específicas para cuidados TEA,
- horarios adaptados a terapias,
- traslados humanitarios,
- protocolos para hostigamiento vinculado a discapacidad,
- un área de acompañamiento familiar,
- formación para jefes sobre derechos y neurodiversidad,
- resguardo contra traslados punitivos,
- medidas de estabilidad laboral para madres cuidadoras.
Es decir: no existe política interna para TEA.
Lo que sí existe —y en abundancia— es miedo:
- miedo a pedir,
- miedo a denunciar,
- miedo a perder adicionales,
- miedo al traslado castigador,
- miedo a la exposición.
La institución no sólo no acompaña:
produce sufrimiento.
La inclusión debe empezar por casa
La Policía de Santa Fe ha demostrado que puede sensibilizar a la sociedad. Ahora necesita demostrar que puede sensibilizarse a sí misma.
Porque no hay inclusión verdadera mientras una madre policía pueda ser castigada por cuidar a su hija autista.
No hay modernización institucional si la neurodiversidad no entra en la agenda laboral.
No hay derechos humanos sin derechos laborales.
No hay servicio de seguridad saludable con trabajadores emocional y estructuralmente desbordados.
La fuerza debe actualizarse. Debe crear políticas reales. Debe proteger a sus familias.
Debe dejar de castigar la vulnerabilidad como si fuera indisciplina.
Porque —y esto debe quedar claro— detrás de cada uniforme hay una familia, y detrás de cada familia hay una historia que merece ser cuidada.
APROPOL Noticias seguirá visibilizando esta deuda estructural hasta que la Policía de Santa Fe deje de mirar hacia otro lado.
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