El Presupuesto 2026 de la provincia de Santa Fe prevé destinar $46.428 millones a pauta oficial y comunicación. Más de $122 millones diarios en propaganda, imagen y difusión gubernamental. No es un dato técnico: es una definición política. Y como toda decisión de ese calibre, produce efectos concretos.
Por Alberto Rubén Martínez (*)
Uno de ellos es el silencio. Pero antes de señalar responsables, es necesario separar lo que el poder intenta mezclar.
Los trabajadores de prensa no son el problema
En estas horas, periodistas y trabajadores de prensa de Santa Fe y Rosario confirman en privado una realidad alarmante: cobran salarios incluso más bajos que los de un policía, trabajan en condiciones precarias y han recibido órdenes explícitas de no referirse al conflicto policial. En algunos casos, las presiones del gobierno provincial son directas y fuertes. En otros, bajan por vía de las patronales.
Ellos no son el problema. Son parte de los dañados colaterales de este sistema.
Hablar de “la prensa” como un bloque homogéneo sería injusto y falso. Hay periodistas que quieren contar lo que pasa y no pueden. Hay redacciones enteras sometidas al miedo, al apriete económico y a la amenaza implícita de quedarse sin trabajo.
A ellos, respeto y solidaridad.
El negociado periodístico, otra cosa
Distinto es el negociado periodístico. El de los dueños de medios, gerentes, editores y empresarios que negocian pauta por silencio, que alinean tapas con presupuestos y que administran la desinformación como parte de su modelo de negocios.
Pauta oficial Santa Fe – Presupuesto 2026
Total anual: $46.428.000.000 (pesos argentinos)
Desglose del gasto en pauta oficial
| Período | Monto |
|---|---|
| Por año | $46.428 millones |
| Por mes | $3.869 millones |
| Por día | $127 millones |
| Por hora | $5,3 millones |
| Por minuto | $0,088 millones (≈ $88.000) |
| Por segundo | $0,00147 millones (≈ $1.470) |
Traducción política (para el lector distraído)
- Cada día, el Gobierno de Santa Fe gasta en propaganda más de lo que miles de familias ganan en un mes.
- Cada hora, se van más de $5 millones en pauta mientras policías y penitenciarios cobran por debajo de la canasta básica.
- Cada minuto, se pagan $88 mil para sostener silencios, alineamientos y agendas “amigables”.
Ahí sí hay responsabilidad.
Ahí sí hay decisión.
Porque cuando se elige no cubrir suicidios, no mostrar movilizaciones masivas, no contar despedidas, no preguntar por salarios indignos, ya no se trata de censura: se trata de complicidad.
No hay mordaza cuando hay contrato.
No hay censura cuando hay factura.
El silencio como herramienta de poder
La pauta oficial, en estos volúmenes obscenos, no informa: disciplina. Ordena agendas, define qué existe y qué no. Construye una normalidad ficticia mientras el conflicto real crece por abajo.
Por eso el silencio mediático frente a la crisis policial no es casual. Es funcional. Y cuando el silencio protege al poder, se vuelve acción política.
En ese punto, algunos dejan de ser comunicadores para transformarse en partícipes necesarios.
El periodismo no es neutral
El periodismo no es neutral cuando calla frente al abuso.
No es neutral cuando invisibiliza el dolor.
No es neutral cuando cobra por no mirar.
Como escribió Rodolfo Walsh:
“El periodismo es libre o es una farsa.”
Y no hay términos medios. El periodismo es libre o no es nada.
Las sociedades necesitan periodistas que se animen, que miren al poder de frente sin doblegarse. Porque tienen en sus manos una responsabilidad enorme: ayudar a construir una sociedad informada y más libre, o una sociedad desinformada y más dócil.
Llamar a las cosas por su nombre
Por eso es necesario decirlo sin rodeos:
-
Los trabajadores de prensa precarizados no son cómplices: son víctimas de este sistema.
-
El negociado periodístico que lucra con el silencio sí lo es.
En un contexto donde se gastan $46.428 millones en propaganda, mientras se ajusta a quienes sostienen servicios esenciales, el silencio no es una omisión.
Es una decisión política.
Y quienes la toman, quienes la administran y quienes la ejecutan desde arriba, no miran desde afuera.
Son, lisa y llanamente, partícipes necesarios.
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«Quien quiera oir que oiga»
(*) Periodista. Licenciado en Seguridad Pública y Ciudadana (Universidad Nacional de Chaco Austral -. UNCAUs). Autor del libro Doctrina de la Sospecha Permanente (DSP) y «La Teoría del Foco y la Vara» (que será lanzado en marzo próximo)
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