
Frente al silencio oficial, una convocatoria frente a la Jefatura de Rosario expone el hartazgo de una fuerza que reclama soluciones estructurales y el fin de la criminalización de la protesta.
Por Alberto Rubén Martínez (*)
En los próximos días, familiares de policías y penitenciarios convocan a concentrarse frente a los portones de la Jefatura de Policía de Rosario. No es un gesto vacío ni una provocación: es una decisión legítima, nacida de condiciones de trabajo y de vida que ya no admiten maquillaje.
Todos sabemos lo que implica “pararse frente a los portones”. Sabemos que estos gobiernos tienden a criminalizar la protesta, activando de inmediato el aparato judicial y mediático para disciplinar. Pero también sabemos algo más importante: estamos en democracia, y ningún reclamo justo debería incomodar.
Sobran razones para estar ahí.
Un reclamo claro
El pliego es simple y contundente:
Mejores condiciones de trabajo y de vida.
No puede agotarse en promesas, ni en la catarsis de un petitorio. Hace falta acción, y hace falta diálogo real. Desde hace tiempo venimos señalando un camino concreto y legal:
la Ley 12.913 de creación de los Comités Mixtos de Seguridad e Higiene.
Esa norma permite, hoy mismo, abrir una instancia de paritaria real entre funcionarios y representantes del personal en actividad, elegidos democráticamente por sus compañeros, no designados “a dedo” por el poder político ni por mandos que han abandonado a su propia gente. Ese sería un primer gesto —tenue pero contundente— de que se quiere abrir un canal de diálogo verdadero.
Una institución vaciada
No proponemos la renuncia de nadie. Pero sí decimos algo con claridad: hay gente que sobra en el gobierno y en los mandos de una institución policial vaciada, anarquizada y en decadencia. Necesitamos jefes que dejen de “verduguear” o ignorar a su personal, y que cumplan con sus dos objetivos básicos:
Cumplir la misión y garantizar el bienestar del personal.
Sin eso, la policía se termina. Así de claro.
El bienestar no puede ser un eslogan
La idea de Bienestar Policial, presentada por APROPOL en 2004 ante la Legislatura, debe ser reformulada integralmente. No puede seguir siendo un cascarón vacío, ni un aguantadero político, ni un trampolín electoral. Debe ser un organismo proactivo, eficiente y resolutivo, con capacidad real de intervención.
No es “sindicato sí o no”: es diálogo
El gobernador Pullaro debe abandonar su deriva autoritaria y volver a una democracia seria abriendo el diálogo con los trabajadores policiales que no son una amenaza: eso es una necesidad imperiosa.
No se trata acá de “sindicato sí o no”.
Por eso señalamos el camino de los Comités Mixtos, que son legales, democráticos y transparentes.
Que hablen los que están
Los estudios jurídicos que en 2020 tuvieron injerencia gremial deben abstenerse de repetir errores que llevaron a un contundente fracaso, no están para conducir están para auxiliar a los líderes. También quienes durante décadas se opusieron a la organización de los trabajadores, hoy deberían guardar un prudente silencio.
A quienes durante décadas no se les movió una emoción por nadie, tampoco les creemos ahora. No sobreactúen, no se disfracen: se les fue el cuarto de hora. La campera de cuero les queda ridícula. Los conocemos bien. Este tiempo no les pertenece.
Es tiempo de que los propios trabajadores construyan sus nuevas conducciones.
No sabemos quiénes serán.
No importa. Lo que importa es que sean ellos, y no otros.
Advertencia necesaria
Ya lo vivimos en 2020. Operadores a órdenes del entonces ministro Saín encaramados entre los supuestos organizadores trabajaron deliberadamente para enfrentar a las organizaciones con el propio público, sembrar desconfianza, dividir y deslegitimar el reclamo. No fue un error: fue una operación política. Usaron la protesta para atacar a quienes venían construyendo desde hacía años y para convertir una causa justa en un campo de batalla interna. Aquella maniobra fracasó porque fue rápidamente identificada y expuesta. Hoy lo recordamos con claridad: no vamos a permitir que vuelvan a usar el dolor de los trabajadores como herramienta de operaciones ajenas. Esta convocatoria es de abajo hacia arriba, sin tutelajes, sin voceros impuestos y sin intermediarios funcionales al poder. Quien intente repetir esas prácticas quedará en evidencia.
El verdadero árbitro
El gran árbitro no es el gobierno, no son los mandos ni la prensa. Es el pueblo.
Y el pueblo siempre apoya las causas nobles.
Pararse frente a los portones no es una amenaza.
Es una señal.
Una señal de que ya no se puede seguir igual.
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«Quien quiera oir que oiga»
(*) Periodista. Licenciado en Seguridad Pública (Universidad Nacional de Chaco Austral -. UNCAUs). Autor del libro Doctrina de la Sospecha Permanente (DSP) y «La Teoría del Foco y la Vara» (que será lanzado en marzo próximo)
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