“Policía contra policía no”: la voz que expone el límite

“Policía contra policía no”: la voz que expone el límite

El jefe de Infantería habló frente a los portones y dejó al descubierto la crisis interna.

Mientras la protesta de la Asamblea de Autoconvocados se sostenía frente a la Jefatura de la Unidad Regional II, en Ovidio Lagos 5200, una escena inesperada rompió el libreto oficial. El jefe de la Guardia de Infantería de la policía rosarina Inspector de Policía Andres “Yogui” Alfonso tomó la palabra ante efectivos, familiares y vecinos que mantenían la toma de los portones.

Lo hizo sin micrófonos oficiales, sin escenografía institucional y sin discursos prefabricados. Lo que siguió fue un testimonio crudo que dejó al desnudo la tensión, el dolor y la contradicción que atraviesa hoy a la fuerza.

“A mi gente no la quiero exponer”

Desde el inicio, el mensaje fue claro. “Yogui” explicó que el despliegue del perímetro no respondía a una iniciativa propia, sino al cumplimiento de una orden para permitir la llegada del ministro. Pero marcó un límite explícito:

“A mi gente, a mi personal, no lo quiero exponer, porque entiendo y comprendo la situación.”

Lejos del lenguaje habitual del mando, habló desde un lugar humano. Reconoció que la situación “ya nos ha pasado” y la definió como “súper dolorosa”, no solo para quienes protestaban, sino también para quienes debían cumplir órdenes en ese contexto.

El dolor que no se puede esconder

Uno de los momentos más fuertes del mensaje llegó cuando recordó el suicidio ocurrido frente a la base de Infantería:

“El compañero que se mató, se mató frente a nuestra base. Lo vimos nosotros, los infantes. Lo vimos. Y era un infante.”

No hubo eufemismos ni distancia jerárquica. El jefe habló en primera persona del plural, reconociendo que ese dolor atraviesa a toda la fuerza. “Nos duele más a nosotros”, dijo, mirando a quienes estaban del otro lado del portón.

“Policía contra policía no”

La frase que sintetizó la escena llegó poco después:

“No voy a traer a mi gente acá. Me parece algo descabellado, policía contra policía.”

En ese punto quedó expuesta la fractura interna que el Gobierno intenta negar. El jefe de Infantería reconoció que no estaba de acuerdo con muchas cosas, pero también dejó claro que debía cumplir órdenes. Una obediencia forzada, atravesada por la conciencia de que el conflicto no es con “el de enfrente”, sino con un sistema que empuja a todos al límite.

Jóvenes en el medio

Otro pasaje revelador fue cuando pidió evitar cualquier confrontación con los efectivos desplegados:

“Son todos chicos jóvenes, de 20, 25, 30 años, no entienden la situación.”

Ese reconocimiento puso en evidencia el riesgo mayor: una cadena de mando que coloca a los más jóvenes como barrera frente a un conflicto que no generaron, exponiéndolos a una tensión que debería resolverse en otro nivel.

Cumplir órdenes, explicar el porqué

Lejos de imponer, “Yogui” eligió explicar. Dijo que si le hubiera parecido incorrecto el procedimiento, no habría ido a hablar. Cerró con una frase que resonó fuerte entre los presentes:

“Somos todos vigilantes.”

No hubo amenazas. No hubo ultimátum. Hubo una admisión incómoda: la orden viene de arriba, pero el costo humano se paga abajo.

Una escena que contradice el relato oficial

El testimonio del jefe de Infantería contradice de lleno la narrativa del Gobierno. Mientras desde el poder se habla de orden, control y normalidad, en la calle los propios jefes reconocen dolor, hartazgo y límites.

Cuando un mando intermedio debe aclarar públicamente que no va a ir “contra el policía”, es porque algo mucho más profundo se rompió.

La foto completa

La imagen de la noche, el fuego en la calle, el perímetro armado y este discurso improvisado forman un mismo cuadro. No es diálogo institucional. Es gestión de crisis a los tumbos, con policías conteniendo a policías, mientras la conducción política permanece ausente o escondida.

Una versión que suma tensión

En ese mismo contexto, versiones coincidentes recogidas en el lugar indicaron que un grupo de efectivos de las Tropas de Operaciones Especiales (TOE) se hizo presente en las inmediaciones de la Jefatura durante la noche. Según relataron testigos y participantes de la protesta, habrían recibido una orden para avanzar sobre los manifestantes, pero el grupo se retiró del lugar sin ejecutar ninguna acción represiva. La versión —que no fue desmentida oficialmente— reforzó entre los presentes la percepción de un manejo errático y peligroso del conflicto, donde decisiones tomadas lejos del territorio chocan con límites operativos y humanos dentro de las propias fuerzas.

La crisis ya no es solo salarial o laboral. Es moral e institucional.

Y cuando quienes sostienen el escudo dicen en voz alta que no quieren ser usados contra los suyos, el mensaje es inequívoco: el conflicto llegó a un punto de no retorno si no hay una decisión política de dialogar de verdad, a la luz del día y dentro de la ley.

(*) Periodista. Corresponsal en Rosario

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