La vicepresidenta aseguró que Javier Milei reproduce “insensateces e inventos” y manifestó una “genuina preocupación” por su estado. También cuestionó los exabruptos del entorno libertario y respondió por el aumento que llevará las dietas de los senadores a 12 millones de pesos mensuales.
La vicepresidenta Victoria Villarruel profundizó su distanciamiento del presidente Javier Milei mediante una serie de intervenciones en redes sociales en las que habló de “persecuciones imaginarias” y aseguró estar preocupada por el estado del mandatario.
“Me preocupa profundamente que el presidente de la Nación replique insensateces e inventos. Tengo genuina preocupación por su estado y por las persecuciones imaginarias que replica en Argentina y el exterior”, escribió la titular del Senado en respuesta a un usuario de la red social X.
La declaración adquiere una particular gravedad institucional porque no proviene de una dirigente opositora, sino de la vicepresidenta de la Nación, primera autoridad constitucionalmente llamada a reemplazar al jefe del Estado ante una ausencia, renuncia, destitución, incapacidad o fallecimiento.
Villarruel no formuló un diagnóstico médico, algo que tampoco podría establecerse mediante intercambios en redes sociales. Sin embargo, cuestionó abiertamente la capacidad del Presidente para evaluar la información que recibe y decidió hacer pública su preocupación por la reproducción de acusaciones que considera falsas.
El mensaje expone nuevamente la ruptura entre las dos principales autoridades elegidas en 2023 por la misma fórmula presidencial. Las diferencias, que inicialmente fueron presentadas como una cuestión de estilos y espacios de poder, se transformaron con el tiempo en acusaciones cruzadas, descalificaciones y cuestionamientos públicos cada vez más graves.
Críticas al entorno libertario
Más tarde, Villarruel reaccionó ante un comentario sobre defensa nacional emitido en el canal de streaming libertario Carajo, uno de los espacios comunicacionales más cercanos al oficialismo.
“Es un concurso de exabruptos y delirios. La palabra no se respeta y no se hacen responsables de lo que dicen ni de lo que hacen”, afirmó.
Con esa declaración, la vicepresidenta extendió su cuestionamiento más allá de Milei y apuntó contra una modalidad comunicacional basada en agravios, acusaciones y afirmaciones lanzadas sin asumir posteriormente sus consecuencias.
El conflicto ya no parece limitarse a diferencias políticas entre el Presidente y su vice. También alcanza al ecosistema digital libertario, cuyos principales referentes colocan regularmente a Villarruel entre los adversarios del Gobierno y la acusan de haberse apartado del proyecto que llevó a ambos al poder.
La polémica por las dietas
Villarruel también se refirió al aumento que tendrán los senadores a partir de agosto, cuando sus dietas pasarán a ubicarse alrededor de los 12 millones de pesos mensuales.
“A mí también me preocupa, por eso se los he planteado en cada oportunidad que tengo: que desenganchen sus dietas de los sueldos de los empleados. Una cosa es que sus dietas se actualizaran hace más de dos años y otra que perciban aumentos cada vez que lo hacen los empleados del Senado. Creo que dar el ejemplo es fundamental”, sostuvo.
El mecanismo vigente vincula las dietas de los legisladores con las actualizaciones salariales correspondientes al personal del Congreso. Villarruel aseguró que planteó reiteradamente la necesidad de separar ambos conceptos para evitar que los senadores reciban incrementos automáticos cada vez que se acuerdan mejoras para los trabajadores legislativos.
La titular de la Cámara alta también defendió su gestión y afirmó que desde su asunción, en diciembre de 2023, impulsó una política de austeridad.
“Se bajó el gasto en el Senado más de 35.000 millones de pesos y hay 1.000 empleados menos desde que estoy en la gestión”, aseguró.
Una ruptura que ya es institucional
Las nuevas declaraciones confirman que la relación entre Milei y Villarruel atraviesa un nivel de deterioro difícil de disimular.
Presidente y vicepresidenta no están obligados a coincidir en todas sus decisiones ni a mantener una relación personal cercana. Sin embargo, existe una diferencia sustancial entre una discrepancia política y la preocupación pública de la vicepresidenta por el modo en que el jefe del Estado interpreta y reproduce determinadas acusaciones.
Villarruel habló de “insensateces”, “inventos”, “exabruptos”, “delirios” y “persecuciones imaginarias”. El vocabulario utilizado muestra que la ruptura dejó de procesarse dentro de los canales reservados del Gobierno y se trasladó definitivamente a las redes sociales.
La fórmula presidencial continúa vigente desde el punto de vista constitucional, pero hace tiempo dejó de funcionar como una unidad política.
Las declaraciones tampoco autorizan diagnósticos improvisados sobre la salud mental de Milei. El problema verificable es otro: la vicepresidenta afirma que el Presidente reproduce información falsa y construcciones persecutorias, mientras el entorno oficial la acusa de traición y conspiración.
Cuando semejante disputa involucra a las dos primeras autoridades de la Nación, deja de ser una simple interna partidaria.
Se convierte en un problema institucional.
(*) Periodista. Corresponsal en Buenos Aires.








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