Presentación de «La última guardia» por Claudio Zeta

Presentación de «La última guardia» por Claudio Zeta

Este texto no habla de estadísticas. No habla de números, ni de partes oficiales, ni de discursos. Habla de una vida.

La última guardia es un microrrelato en prosa poética que pone en palabras lo que casi nunca se nombra: el instante invisible en el que alguien sale de su casa sin saber que no va a volver.

Marco no es un nombre propio: es todos los nombres. Es el hombre detrás del uniforme, el padre, el hijo, el compañero, el vecino. Es quien camina la calle para que otros duerman,
aun sabiendo que esa calle también puede matarlo.

Este texto no busca glorificar la muerte, sino rescatar la humanidad que suele quedar enterrada bajo una estadística.

Porque a veces los héroes no caen en grandes gestas. A veces caen intentando algo mucho más simple y más grande: volver a casa.

LA ÚLTIMA GUARDIA

Por Claudio Zeta (*)

Marco salida con la misma rutina de siempre.
El reloj no sabía que era la última vez.
Guardó el arma, acomodo la campera y respiro hondo. Pensó en el mate
pendiente, en la cena tibia, en la promesa de dormir sin sobresaltos.
Treinta años de servicio le habían enseñado a no confiarse, pero esa noche… esa noche solo quería llegar.
Camino las mismas calles que había patrullado mil veces.
Las conocía de memoria; los charcos, los árboles, los silencios.
Ahí había auxiliado a otros. Ahí había corrido.
Ahí había tenido miedo.
Pensó en su familia, en lo que iba hacer cuando se retire.
En lo que siempre se posterga creyendo que el tiempo alcanza.
No escucho los pasos.
No hubo advertencia.
No hubo palabras.
El disparo llegó por la espalda, como llegan las injusticias sin dar la cara.
Cayó al suelo mirando el cielo de su barrio, ese que tantas veces juro proteger.                  No pensó en medallas ni honores. Pensó en un nombre.
En un abrazo. En un “ya llego” que no iba a cumplirse.
La sirena sonó tarde.
Siempre suena tarde para los que caen solos.
Al día siguiente hablaron de estadísticas, de inseguridad, de otra víctima
más. Pero NADIE contó que era su última guardia. NADIE dijo que estaba volviendo a casa. Nadie explicó que también tenía miedo…. Y aún así Salía cada día.
Porque los héroes no siempre mueren salvando al mundo.
A veces mueren simplemente tratando de volver.

(*) Escritor urbano. Columnista.

(c) APROPOL Noticias (2001 / 2026) – 25 años con información y algo más.

 

0 Interacciones
Conversación en Vivo
Comunidad Segura
🕒 Puedes volver a comentar en 60s...
Opiniones de la Comunidad

¿Nadie ha roto el hielo todavía?

Tu opinión es importante para nosotros. Sé la primera persona en dejar un comentario.

Empezar conversación ahora