El problema de fondo que expone el informe UFEM y que se analiza en el ensayo La doble vara disciplinaria y el gobierno del poder en las fuerzas de seguridad y militares.
Por Marcos Anglada
En las fuerzas de seguridad y militares argentinas existe una regla no escrita que erosiona silenciosamente la autoridad del Estado: la disciplina no se aplica igual para todos. Mientras los rangos bajos son controlados, sancionados y expuestos con rapidez, los mandos medios y superiores suelen gozar de una tolerancia que, en los hechos, se transforma en impunidad.
El reciente informe de la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM, 2025) pone datos concretos a esta realidad incómoda. En la mayoría de los casos de violencia sexual analizados dentro de fuerzas federales y armadas, los agresores ocupaban posiciones jerárquicas, mientras que las consecuencias laborales y administrativas recayeron principalmente sobre las víctimas. Traslados forzados, licencias prolongadas, calificaciones negativas o directamente la salida de la institución aparecen como costos habituales para quienes se animan a denunciar.
No se trata de hechos aislados ni de “manzanas podridas”. Lo que el informe deja al descubierto es un patrón estructural: la jerarquía funciona como un escudo. Cuando el denunciado manda, la institución duda, demora, relativiza o mira para otro lado. Cuando quien denuncia obedece, la respuesta suele ser rápida y disciplinadora.
Este fenómeno produce un efecto devastador pero poco visible: el silencio racional. Muchas víctimas tardan años en denunciar no por desconocimiento ni por debilidad, sino porque saben —con razón— que el sistema castiga al mensajero. Así se consolida una obediencia vacía: se cumple la orden, pero se pierde la confianza; se mantiene la forma del mando, pero se deteriora su legitimidad real.
Abordaje del problema
Este problema, que Alberto Rubén Martínez desarrolla con mayor profundidad en su ensayo “La doble vara disciplinaria y el gobierno del poder en las fuerzas de seguridad y militares”, no puede reducirse a una cuestión de género ni a una falla administrativa. Está en juego algo más profundo: cómo se gobierna el poder dentro del propio Estado. Una fuerza que aplica una doble vara disciplinaria no solo falla en proteger a sus integrantes; también pierde autoridad moral frente a la sociedad.
Las respuestas habituales —protocolos, capacitaciones aisladas, comunicados institucionales— resultan insuficientes si no se modifica la lógica de fondo. La jerarquía no puede seguir funcionando como atenuante: cuando hay abuso de poder, debería ser un agravante. Sin una sola regla clara y pareja, la disciplina deja de ser garantía de orden y se convierte en un instrumento de autoprotección.
La discusión es incómoda, pero inevitable. No hay fuerzas de seguridad fuertes con instituciones injustas por dentro. No hay autoridad legítima donde el poder se protege a sí mismo y castiga la vulnerabilidad. Y no hay Estado democrático sólido cuando quienes custodian el orden no están sometidos a los mismos principios que se exigen a la ciudadanía.
El desafío es simple de formular y difícil de asumir: gobernar el poder con la misma severidad que se exige a quienes no lo tienen. Todo lo demás es relato.
.
Informe Informe Fuerzas vs 2025 by Apropol Noticias
.
La doble vara disciplinaria y el gobierno del poder en las fuerzas de seguridad y militares by Apropol Noticias
.
APROPOL Noticias

¿Nadie ha roto el hielo todavía?
Tu opinión es importante para nosotros. Sé la primera persona en dejar un comentario.
Empezar conversación ahora