Recargados, maltratados y sin derecho al descanso: la trampa detrás del discurso de la vocación

Recargados, maltratados y sin derecho al descanso: la trampa detrás del discurso de la vocación

Mientras el gobierno multiplica discursos sobre la “vocación de servicio”, en la realidad cotidiana se repite un patrón de explotación silenciosa: personal recargado sin previo aviso, jornadas de hasta 11 horas, eliminación arbitraria de claves y uso discrecional del recurso humano. La Policía, otra vez, es tratada como descartable.

Por Rubén Pombo (*)

En las últimas horas, trabajadores policiales hicieron llegar a esta redacción una serie de denuncias concretas que ilustran —con claridad brutal— el maltrato laboral al que son sometidos por las actuales autoridades del Ministerio de Seguridad. El caso de la compañera S. M., quien fue recargada recientemente tras cumplir 11 horas de servicio el día anterior, no es una excepción: es una regla no escrita, sostenida en la informalidad y el desgaste sistemático.

La situación se agrava por la forma en que se realiza la recarga: sin notificación previa, sin constancia escrita, sin el más mínimo respeto por el descanso reglamentario. El régimen policial, ya de por sí extenuante, se convierte así en un sistema de sobreexigencia constante que viola derechos laborales básicos, incluyendo el derecho a la previsibilidad, al descanso y a la integridad psicofísica.

A esto se suma una disposición interna que comenzó a circular bajo el nombre de “ORDEN SJAC”, en la que se prohíbe el uso de móviles oficiales para trasladar personal franco, medida que afecta directamente el acceso al servicio para miles de compañeros y compañeras. ¿El resultado? Quienes deben presentarse a trabajar lo hacen muchas veces caminando kilómetros o recurriendo a medios particulares costosos e inseguros. Y por si fuera poco, el ingreso a servicio se da incluso a las 21:00, dejando al personal sin margen para organizar su vida ni su descanso.

Mientras tanto, desde los mandos medios se exige que el personal realice procedimientos 10 bis, actúe bajo código 460, implemente controles vehiculares y cubra eventos con mínima dotación. La consigna es clara: “hacer más con menos”, aunque eso implique vaciar al ser humano que hay debajo del uniforme.

Este tipo de prácticas no solo afectan gravemente la salud mental y física del personal —como bien advierte la compañera que señala el aumento de carpetas psicológicas—, sino que también socavan la moral, destruyen la vocación y erosionan la legitimidad de la propia institución.

Desde APROPOL exigimos:

  • El cese inmediato de las recargas sin notificación previa y el respeto al derecho al descanso del personal.

  • La revisión de la orden SJAC sobre el uso de móviles, garantizando traslados dignos para quienes están francos.

  • Una mesa de diálogo urgente con el Ministerio de Seguridad para abordar de fondo el régimen de trabajo policial y frenar el deterioro institucional.

El trabajo policial no puede seguir siendo una condena al desgaste físico, mental y moral. Sin descanso no hay seguridad, y sin dignidad no hay vocación que aguante.

APROPOL – Asociación Profesional Policial

(*) Periodista. Corresponsal en Rosario.

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