
Alquilar un monoambiente en Rosario ya cuesta alrededor de $400.000 mensuales, sin contar expensas, impuestos ni servicios.

Para un policía que percibe poco más de $1,5 millón de bolsillo, ese único gasto puede representar más de una cuarta parte de sus ingresos antes de afrontar alimentación, transporte, salud, educación o cualquier otra necesidad básica.
El último relevamiento del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz sobre alquileres en Rosario vuelve a colocar en primer plano una cuestión que suele aparecer diluida cuando se discuten salarios: el verdadero poder de compra de los ingresos. Durante octubre, el valor de referencia para alquilar un monoambiente se ubicó en torno de los $400.000 mensuales, mientras que los departamentos de dos ambientes llegaron aproximadamente a $520.000 y los de tres ambientes a $650.000.
El dato adquiere otra dimensión cuando se lo traslada a la realidad de un trabajador policial. Si se toma como referencia un ingreso mensual de alrededor de $1.500.000, el alquiler de un monoambiente representa cerca del 27% del salario. Ese porcentaje, por sí solo, ya resulta significativo, pero en realidad explica apenas una parte del problema, porque no incluye expensas, electricidad, gas, agua, internet, impuestos, seguros, transporte, alimentación ni ningún otro gasto cotidiano.
En otras palabras, antes de comenzar a vivir el mes, una parte sustancial del salario ya quedó comprometida simplemente para garantizar un lugar donde dormir.
El problema se agrava cuando hay una familia
La situación es todavía más compleja para quienes necesitan una vivienda algo mayor. Un departamento de dos ambientes, con un valor aproximado de $520.000 mensuales, consume más de un tercio de un ingreso de $1,5 millón. Si se trata de una unidad de tres ambientes, cuyo valor ronda los $650.000, el alquiler puede absorber más del 40% del salario.
Y nuevamente estamos hablando exclusivamente del alquiler.
No se incluyen las expensas, los servicios ni los costos vinculados al mantenimiento de una vivienda. Tampoco se contempla la comida, el transporte hacia el lugar de trabajo, el mantenimiento de un vehículo, los medicamentos, la educación de los hijos o las deudas que puedan integrar la economía familiar.
Por eso, cuando se analiza el salario policial, la discusión no puede reducirse a la cifra nominal que aparece en el recibo. Un millón y medio de pesos puede parecer una suma importante observada de manera aislada, pero pierde buena parte de esa apariencia cuando se contrasta con el costo efectivo de vivir en una ciudad como Rosario.
El salario se mide por lo que permite comprar
El verdadero problema no es cuántos ceros tiene el sueldo, sino qué bienes y servicios permite adquirir.
Ese criterio debería ser central en cualquier discusión salarial.
El policía, como cualquier otro trabajador, paga alquiler, compra alimentos, utiliza transporte, sostiene a su familia, afronta servicios, medicamentos, ropa y gastos escolares. La diferencia es que, además, desarrolla una actividad marcada por jornadas extensas, turnos rotativos, disponibilidad horaria, exposición física y una responsabilidad administrativa y penal permanente.
Esta realidad obliga a mirar el salario desde una perspectiva más amplia.
No alcanza con comparar porcentajes de aumento. Tampoco alcanza con decir que un trabajador policial cobra más que un salario mínimo. La pregunta correcta es cuánto puede sostener con ese ingreso una vez cubiertas las necesidades elementales.
Cuando el descanso se convierte en una fuente de ingresos
La pérdida del poder adquisitivo tiene además una consecuencia conocida dentro de las fuerzas de seguridad: la necesidad de recurrir a servicios adicionales, horas extraordinarias, recargos o trabajos particulares durante los días de franco.
El problema deja entonces de ser exclusivamente económico.
Cuando el trabajador debe utilizar su tiempo de descanso para generar ingresos adicionales, se reduce su capacidad de recuperación física y mental. Esto incrementa el cansancio, el estrés y el desgaste acumulado, factores que terminan impactando no sólo sobre la salud del trabajador, sino también sobre la calidad del servicio de seguridad.
La precariedad salarial, por lo tanto, no es una cuestión privada del policía. Tiene consecuencias institucionales.
El dato del alquiler permite ver la dimensión real del problema
El informe del CESO señala además que el salario mínimo vital y móvil ya se ubica por debajo del valor necesario para alquilar un monoambiente en Rosario. El dato es contundente porque muestra hasta qué punto el costo de la vivienda se ha separado de los ingresos.
El salario policial se encuentra por encima del salario mínimo, pero eso no elimina el problema. Un trabajador policial no necesita solamente pagar un alquiler. Necesita alimentarse, transportarse, descansar, sostener a su familia y afrontar todos los gastos propios de cualquier hogar.
Y si tiene hijos, un monoambiente ni siquiera constituye una alternativa razonable.
Por eso, la discusión salarial debería incorporar una mirada sobre el costo real de vida y no limitarse a anunciar aumentos porcentuales. Vivienda, alimentación, transporte, salud, educación y endeudamiento familiar deberían formar parte de cualquier evaluación seria sobre la suficiencia de los ingresos.
Porque antes del uniforme existe una persona y detrás de cada trabajador existe una familia.
Y antes de exigir disponibilidad, sacrificio, profesionalismo y responsabilidad extraordinaria, el Estado debería responder una pregunta mucho más sencilla: si el salario que paga permite realmente sostener una vida digna.
El precio de un simple monoambiente en Rosario ofrece una medida bastante concreta para comenzar a responderla.
Fuente consultada: La Capital
(*) Periodista. Corresponsal en Rosario.
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