Tras reiteradas denuncias internas por maltrato laboral y violencia institucional, fue removida la Subcomisario Andrea Ramatti del cargo de jefa de Secretaría General de Orden Público de la Unidad Regional I con destino a la Comisaría 1ra.
Por Marcos Anglada (*)
En su reemplazo asumió el Inspector Miguel Ángel Casin. Los trabajadores celebran un nuevo clima laboral, pero reclaman que no se minimicen los daños sufridos ni se desampare a quienes se animaron y se animaran a hablar si se garantiza seguridad.
Según confirmaron fuentes internas, la oficial fue trasladada a la Comisaría Primera bajo la figura de “pase” administrativo, mientras que en su lugar asumió el Inspector Casin, de quien se destacan buenas referencias y un trato inicial cordial.
“No pedimos privilegios. Solo un trato humano justo. No está bien enfermarse o terminar en carpeta médica por culpa de un jefe que destrata”, agregó una de las denunciantes, visiblemente emocionada.
El caso había sido visibilizado por APROPOL días atrás, tras activarse el Protocolo de Violencia Laboral y/o de Género. Las agentes afectadas relataron situaciones de abuso de poder, presiones constantes, desvalorización profesional y temor a represalias.
CUANDO EL VALOR SE IMPONE AL MIEDO
En este escenario, vuelve a cobrar fuerza una frase que ya se convirtió en bandera para muchos trabajadores uniformados en todo el país:
“El silencio no es opción”, dijo recientemente la cabo Constanza Parra, de la Policía de Río Negro.
Y la historia reciente de la UR I confirma que cuando alguien se anima a hablar, siempre vale la pena intentarlo.
Porque gracias a ese coraje colectivo —a pesar del miedo, de la jerarquía, del sistema muchas veces indiferente— hoy hay compañeras y compañeros que vuelven a trabajar sin angustia en la garganta ni lágrimas contenidas.
EL COSTO DEL SILENCIO INSTITUCIONAL
Lo que más duele, repiten muchas de las víctimas, no es solo el maltrato: es el vacío posterior, la indiferencia de los superiores, la soledad al momento de denunciar, el ninguneo administrativo que convierte un pedido de ayuda en un trámite sin alma.
TESTIMONIO EN PRIMERA PERSONA
“…¿Sabe qué es lo peor y más triste? Es que cuando uno pasa por una situación como la nuestra, o que quizás no se siente bien por motivos personales y demás, uno se da cuenta que funciona tan mal todo el sistema. Porque a mí me pasó, estaba desbordada por mis asuntos personales y cuando tuve que sacar una carpeta psicológica me sentí mal por hacerlo. Porque vas, y donde tendrías que encontrar una contención o un respaldo, no lo encontrás. Te chocás con respuestas negativas o que no te dan soluciones. Y yo creo que por eso hay gente que llega a lo que es el suicidio, lamentablemente. Porque se siente desamparado, te sentís así. Está todo mal, todo al revés…”
“…Ver a tus propios compañeros que no te apoyan o que hablen por atrás, o te juzguen cuando estás pasando por algo así… por eso hay muchos que creen que es imposible. Me incluyo. Para mí era algo imposible sacar una carpeta psicológica. Y cuando me tocó, me sentía mal porque para mí era como humillante tener que sacarme el arma. Y después me terminé dando cuenta que no hay nada como la salud. Si no te sentís apto para trabajar, no te sentís apto, y punto. Y si no querés tolerar ciertas cosas, no tenés por qué tolerarlas y listo. Pero todo el sistema está mal. Vas a un lado y te tratan mal, vas al otro y te tratan mal. Hay mucha gente que no encuentra salida y recurre al suicidio. Y lamentablemente estamos cada vez peor, con un sistema que no te apoya. Y creo que eso tiene que cambiar un poco también. No se están tomando medidas con todos los casos que hay últimamente…”
¿Y AHORA QUÉ?
Desde APROPOL, celebramos la aplicación del Protocolo, pero exigimos que no se oculte lo que pasó ni se minimice el daño institucional. El traslado no debe cerrar la causa: pedimos investigación administrativa, garantías para las denunciantes, y un acompañamiento integral a quienes tuvieron el valor de hablar.
Porque no hay disciplina verdadera donde reina el abuso. Y no hay seguridad pública si quienes la garantizan trabajan bajo hostigamiento.
(*) Periodista. Corresponsal en Santa Fe.
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