Vigiladores superan los $2 millones, policías rondan los $900.000: la seguridad que paga mejor… afuera del Estado

Vigiladores superan los  millones, policías rondan los 0.000: la seguridad que paga mejor… afuera del Estado

Mientras la provincia de Santa Fe mantiene a un policía inicial con un sueldo de bolsillo cercano a los $900.000, los vigiladores privados del complejo agroexportador ya alcanzan —por acuerdo sectorial— salarios que superan los $2.000.000 más un bono de más de medio millón de pesos.

Por Marcos Anglada

La comparación no es para enfrentar a trabajadores contra trabajadores, sino para desnudar una paradoja brutal: la seguridad privada organizada, con sindicato y convenio, consigue lo que el Estado le niega sistemáticamente a su propia policía.

Cuánto gana hoy un vigilador privado

En el sector de seguridad privada hay dos referencias claras:

  • A nivel nacional, las escalas de vigiladores marcan para noviembre 2025 salarios brutos que van de $1.459.000 a $1.593.600 según categoría (vigilador general, principal, monitoreo, etc.), sin contar otras sumas no remunerativas.

  • En el complejo agroexportador del cordón industrial del sur santafesino, el sindicato SUTRAVIP cerró un acuerdo que lleva el salario conformado a:

    • $1.820.040,30 en noviembre,

    • $1.899.102,60 en diciembre,

    • $1.935.389,70 en enero,

    • $2.160.034,20 desde febrero de 2026,
      más un bono anual de $574.992 pagadero en dos cuotas.

Es decir: un vigilador privado en el cordón sojero puede superar los $2,1 millones mensuales, más un bono que equivale a más de medio salario extra.

El policía santafesino: salario que roza la línea de pobreza

Del otro lado, el policía de Santa Fe que recién ingresa ronda —según referencias gremiales y testimonios internos— los $900.000 de bolsillo. Sin bono equivalente, sin convenio colectivo y con buena parte del ingreso atado a adicionales y servicios que dependen de la discrecionalidad de la estructura.

Si lo cruzamos con los datos oficiales de la Canasta Básica Total del INDEC, el cuadro es este:

  • En septiembre de 2025, una familia tipo de cuatro integrantes necesitó $1.176.852 para no ser pobre.

Dicho brutalmente:

  • El vigilador del complejo agroexportador cobra casi el doble de la línea de pobreza para una familia tipo.

  • El policía santafesino inicial queda por debajo de esa canasta si sostiene solo el hogar, o apenas por encima si su pareja también trabaja.

En términos de poder adquisitivo, el mensaje es clarito: para el modelo económico actual, la seguridad privada estratégica vale más que el policía que patrulla el barrio, atiende el 911 o se juega en un procedimiento.

Pobreza, indigencia y “doble vara” salarial

Los datos de septiembre 2025 del propio INDEC marcan que:

  • Una familia tipo necesita $1.176.852 para no ser pobre.

  • Y $527.736 para no ser indigente.

Con esos números, un agente policial:

  • Está formalmente por encima de la indigencia,

  • pero muy cerca de la línea de pobreza si sostiene solo al grupo familiar y no tiene otros ingresos.

En cambio, los vigiladores del cordón agroexportador —con escalas específicas y bonos— se ubican en un tramo claramente superior del mapa social, incluso dentro del mismo territorio provincial.

Convenio, sindicato y poder de negociación: la diferencia estructural

La brecha no es solo de monto, es de arquitectura laboral:

  • Los vigiladores privados:

    • Tienen sindicato reconocido,

    • paritarias formales,

    • convenios zonales (como el del complejo agroexportador) que capturan la renta de sectores altamente rentables.

  • Los policías:

    • No tienen sindicato reconocido,

    • no participan de paritarias como trabajadores,

    • dependen de decisiones unilaterales del Ejecutivo,

    • y sus reclamos suelen ser respondidos con sumarios, traslados, cesantías o causas penales.

El resultado es que el trabajador con arma letal, responsabilidades públicas y sometido a la Doctrina de la Sospecha Permanente termina peor parado que el trabajador de seguridad privada que, con toda justicia, logra defender su salario al calor de la organización gremial.

Doctrina de la Sospecha Permanente y salarios: castigo económico al que protege

Desde la Doctrina de la Sospecha Permanente (DSP), esto tiene lógica interna:

  • El Estado desconfía estructuralmente de sus policías,

  • los trata como potenciales culpables, sospechosos, desleales,

  • los mantiene sin sindicato, sin convenio y con salarios presionados,

  • y al mismo tiempo externaliza parte de la seguridad en empresas privadas donde sí admite organización y negociación salarial robusta.

El mensaje es perverso:

“Si querés ganar bien cuidando seguridad, andate al sector privado;
si te quedás en la policía, aceptá la precariedad, el desgaste y la sospecha permanente”.

Nivelar para arriba: la comparación no es contra los vigiladores

La conclusión no debería ser “bajar” a los vigiladores, sino nivelar para arriba:

  • Si un vigilador del cordón agroexportador puede llegar a más de $2 millones más bono,

  • no hay ningún argumento serio para que un policía provincial —con responsabilidad institucional, riesgo permanente y disponibilidad absoluta— arranque en $900.000 y tenga que completar salario corriendo detrás de adicionales.

En una provincia donde la canasta básica roza los $1,2 millones, mantener a quienes garantizan la seguridad pública en el borde de la pobreza es, además de injusto, estratégicamente suicida: se erosiona la moral, se empuja a la pluriocupación y se debilita la confianza entre la institución y la comunidad.

Aclaración necesaria:

La comparación no busca quitarle nada a los vigiladores (que pelean su salario y lo ganan en paritarias), sino evidenciar lo bajo que quedó el piso estatal. La consigna es nivelar para arriba: recuperar poder adquisitivo del personal policial sin desconocer avances en el sector privado.

Nota relacionada:

Un vigilador privado cobra el doble que un policía

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