Ataca nuevamente el sahumerio

Ataca nuevamente el sahumerio

Una joven cordobesa quiso “llenar la casa de energía positiva”, dejó un sahumerio prendido, salió un rato… y cuando volvió, el departamento era humo y cenizas. En Santa Fe suele pasar aunque atacan oficinas públicas y destruye documentación oficial sensible.

Por Alberto Rubén Martínez (*)

El video se hizo viral: llantos, muebles calcinados, animales rescatados a último momento y una familia pidiendo ayuda para volver a empezar. Un descuido doméstico, tristemente real, que los bomberos confirmaron como causa del incendio: un simple sahumerio encendido que terminó devorándola todo.

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El problema comienza cuando ese mismo guión, que en una casa común es tragedia y accidente, aparece –casualmente– cerca de expedientes, libros contables y áreas sensibles del Estado.

Cuando el sahumerio cayó justo sobre los libros de la TOE

En 2009, en el cuartel de la Tropa de Operaciones Especiales (TOE) de la policía santafesina, hubo un incendio en el área contable. La versión oficial de entonces fue de antología: “se cayó un sahumerio encendido sobre los libros contables y se provocó un incendio”.

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Hasta ahí, podría pasar como anécdota de mala suerte. Pero el detalle fino arruina la mística aromática:

  • La documentación chamuscada registraba movimientos de dinero, partidas especiales, gastos reservados, combustible, compras.

  • Los papeles no se habían perdido del todo y podían recuperarse.

  • Sin embargo, al día siguiente la jefa del área contable, subcomisario Margarita Romero (actual Jefe de la UR I y auto-candidateada JPP), dispuso la quema definitiva de toda la documentación “para seguir con libros nuevos”.

Resultado: pase a disponibilidad y sumario. Y una pregunta que, a diferencia de los archivos, no se quema tan fácil: ¿de verdad el problema era el sahumerio… o el contenido de los papeles?

Del cortocircuito místico al incendio “con acelerante” en Desarrollo Social

Años después, el fuego vuelve a aparecer, esta vez en la Secretaría de Desarrollo Social de la Municipalidad de Rosario. El incendio arrasó oficinas clave justo después de que se encontraran cajas del plan alimentario municipal “Cuidar” en la casa de Ariel “Viejo” Cantero, fundador de Los Monos.

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En un primer momento, desde el municipio se habló de algo “accidental”, un cortocircuito, nada grave. Pero Bomberos Zapadores arruinaron el relato aromático:

  • El informe técnico concluyó que el fuego se inició con “un elemento de llama libre/sostenida” sobre materiales de fácil combustión,

  • agravadо por “algún tipo de líquido acelerante” usado con intencionalidad para iniciar o propagar el fuego.

Es decir: no sahumerio zen, sino fuego adrede en una oficina donde se manejaba información sensible sobre la distribución de alimentos, en medio de un escándalo por mercadería social encontrada en poder de una banda narco.

Casas que se incendian, archivos que desaparecen

En la casa de la joven cordobesa, el sahumerio es un descuido que rompe el alma: pierde su hogar, herramientas de trabajo, recuerdos. Pide ayuda, muestra el daño, cuenta lo que pasó. Nadie sospecha un complot; se ve todo a cielo abierto.

En cambio, cuando el fuego aparece cerca de:

  • libros contables de una fuerza de elite,

  • oficinas donde se registran movimientos de dinero,

  • áreas municipales envueltas en polémicas por cajas de alimentos que terminaron en casa de un jefe narco,

La reacción oficial repite un patrón: primero se minimiza (“accidente”, “cortocircuito”, “no había documentación importante”), y recién después de las pericias empiezan los matices. Mientras tanto, la ciudadanía se entera tarde, mal o nunca de qué se perdió, qué estaba respaldado y quién responde por todo eso.

Moraleja: cuando hay expedientes cerca, desconfiá del sahumerio

Nadie se burla del drama de una familia que pierde su casa por un descuido. Eso duele y merece solidaridad, no chistes.

La ironía apunta a otro lado: en una provincia donde ya vimos sahumerios que “caen” sobre libros contables de la TOE, y oficinas de Desarrollo Social que se prenden fuego con acelerante justo cuando estallan vínculos con Los Monos, el recurso del incendio “inocente” empieza a oler raro. Muy raro.

Si el Estado quiere hablar de transparencia, la receta es sencilla y no necesita incienso:

  • peritajes públicos,

  • inventario detallado de lo quemado,

  • responsabilidades políticas claras,

  • y participación ciudadana como querellante donde haga falta.

Porque una cosa es que un sahumerio destruya una casa humilde; otra muy distinta es que cada vez que arden papeles delicados, nos pidan fe ciega y que, además, agradezcamos el aroma. Ahí el problema ya no es energético: es político.

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¿Quién miente, la policía o el gobierno?

 

«Quien quiera oir que oiga»

(*) Periodista. Licenciado en Seguridad Pública. Autor del libro Doctrina de la Sospecha Permanente (DSP)

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Web: Confianza Soberana – Teoría política en desarrollo

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