Un nuevo episodio de apriete y disciplinamiento interno al personal policial fue denunciado en la ciudad de Rosario, esta vez a la vista de todos, frente al Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino, en la intersección de avenida Pellegrini y bulevar Oroño.
Por Rubén Pombo (*)
El hecho quedó registrado en un video donde se escucha a Paula Guanez, jefa de tercio del área motorizada (sería la esposa de Montero el Subjefe de la misma sección) ¿Es posible que trabajen juntos?, impartiendo órdenes en tono intimidante, negando refuerzos y disponiendo controles vehiculares y de personas como forma de castigo operativo, en el marco de las llamadas razzias “10 bis”.
Según se oye en el material:
“vos sola, otro refuerzo no vas a tener. ¿Se entendió? Control vehicular hasta las seis de la mañana. Levantan solo si necesitan ir al baño. El Águila 15 hasta nueva orden, control vehicular y de personas, horario peligroso.”
Este nuevo episodio de destrato y apriete al personal policial se produce, además, en el contexto de la peor crisis de seguridad que atraviesa el gobierno provincial, con índices de violencia en alza, territorios desbordados y una demanda social creciente de respuestas eficaces. Mientras la conducción política exhibe dificultades para recuperar control y credibilidad, la respuesta interna parece concentrarse en disciplinar a los trabajadores de la seguridad, sobrecargándolos, exponiéndolos y castigándolos, en lugar de fortalecerlos, escucharlos y respaldarlos. La paradoja es evidente: en el momento en que más se necesita una fuerza profesional, cuidada y acompañada, se profundizan prácticas que erosionan su funcionamiento y agravan el problema que dicen combatir.
El 10 bis: una práctica cuestionada, ilegal y peligrosa
Desde hace tiempo, distintos espacios de representación del personal vienen denunciando que las razzias 10 bis constituyen una práctica ilegal, ineficaz y riesgosa, que expone al personal policial a responsabilidades penales y administrativas, además de vulnerar derechos constitucionales de la ciudadanía.
La organización APROPOL ha publicado reiteradas advertencias al respecto, señalando que:
- el 10 bis no tiene sustento legal suficiente,
- se utiliza de manera discrecional como mecanismo disciplinario,
- y no demuestra eficacia real en términos de prevención del delito.
Lejos de ser una herramienta de seguridad, las razzias terminan funcionando como castigo interno para el personal que no accede a realizar servicios extraordinarios o que formula reclamos laborales.
Castigos operativos y sobrecarga horaria
Según testimonios recogidos, el personal policial se encuentra sometido a esquemas extenuantes, con jornadas de 12×36 a las que se suman servicios adicionales de hasta 8 horas, sin descanso adecuado ni refuerzos suficientes.
“Si no hacés 10 bis, te castigan con fijos y controles interminables. Para eso sí están atentos; para nuestros reclamos, no”, expresó una fuente policial, que pidió reserva de identidad por temor a represalias.
Un apriete público que revela una práctica naturalizada
El hecho de que el apriete se haya producido en pleno espacio público, en una de las zonas más transitadas de Rosario, refuerza la denuncia sobre la naturalización del maltrato jerárquico y el uso del poder interno como forma de disciplinamiento.
Desde espacios sindicales advierten que estas prácticas:
- deterioran la salud física y mental del personal,
- degradan la conducción institucional,
- y afectan directamente la seguridad pública, al exponer a efectivos agotados, sin respaldo y bajo presión extrema.
La difusión del video busca visibilizar una práctica que no es nueva, pero que se profundiza en un contexto de sobrecarga, silencio institucional y falta de respuestas estructurales.
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(*) Periodista. Corresponsal en Rosario
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