ÁLVAREZ: la muerte de Rolando Entiveros y una trama de hostigamientos, pases y silencios que obliga a mirar más allá del Comando

ÁLVAREZ: la muerte de Rolando Entiveros y una trama de hostigamientos, pases y silencios que obliga a mirar más allá del Comando

La muerte del inspector Rolando Entiveros vuelve a poner bajo la lupa las denuncias por hostigamientos, pases y presuntas irregularidades en Álvarez, pero también una práctica sistémica que excede a esa dependencia.

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La muerte súbita del inspector Rolando Entiveros, ocurrida como consecuencia de un paro cardiorrespiratorio, obliga ahora a reconstruir con mayor atención el contexto institucional y laboral que atravesaba durante sus últimos tiempos en el Comando Regional Álvarez, una dependencia que pocos días antes había quedado en el centro de una grave denuncia por presuntas irregularidades, privilegios, hostigamientos, utilización de recursos policiales para una actividad privada y dificultades para denunciar por los canales internos.

Dolor en la Policía de Santa Fe por el fallecimiento del inspector Rolando Entiveros

APROPOL no sostiene que esas circunstancias hayan provocado el fallecimiento de Entiveros, porque no existen elementos médicos ni científicos que permitan establecer semejante relación causal. Sin embargo, tampoco resulta razonable ignorar que, según fuentes consultadas, el inspector mantenía una postura crítica respecto de determinadas prácticas internas, se encontraba afectado por ese clima y sabía que se estaban realizando gestiones para trasladarlo hacia otra dependencia.

Una secuencia que también habla de hartazgo

Hay un dato temporal que no debería pasar inadvertido. Primero se produjo el fallecimiento de Rolando Entiveros; aproximadamente 48 horas después llegó a APROPOL la denuncia sobre las presuntas irregularidades en el Comando Regional Álvarez y, posteriormente, comenzaron a aparecer nuevas comunicaciones, testimonios y comentarios públicos que coincidían en señalar situaciones de hostigamiento, amiguismo, pases, aprietes y desigualdad en el trato.

Esa secuencia no permite afirmar que todos los hechos tengan una relación causal directa, pero sí muestra una correlación difícil de ignorar: la muerte de un compañero parece haber funcionado como punto de quiebre para que parte del personal comenzara a hablar sobre situaciones que venía padeciendo desde antes.

No estamos solamente frente a opiniones externas sobre cómo funciona la Policía. Quienes están aportando estos datos son, en buena medida, personas que conocen la estructura desde adentro, que han trabajado dentro de ella y que describen experiencias sufridas sobre el propio cuerpo. Por eso, más que una reacción circunstancial, lo que comienza a emerger es una manifestación de hartazgo acumulado frente a prácticas que durante mucho tiempo fueron soportadas en silencio.

Cuando después de un hecho grave empiezan a aparecer relatos coincidentes desde distintos lugares, la institución debería prestar atención no sólo a cada denuncia individual, sino también al mensaje colectivo que esas voces están transmitiendo. Porque muchas veces el problema no comienza cuando alguien finalmente denuncia, sino mucho antes, cuando todos saben lo que ocurre pero nadie encuentra condiciones seguras para decirlo.

Los pases previos pueden ser una pieza clave

Ese dato adquiere mayor relevancia porque, de acuerdo con fuentes consultadas por APROPOL, antes de la situación de Entiveros ya se habrían producido otros pases de efectivos que atravesaron conflictos semejantes o expresaron posiciones críticas respecto del funcionamiento interno del Comando.

Si esos antecedentes se confirman, los traslados podrían convertirse en una pieza importante para reconstruir la denuncia y determinar si fueron simples decisiones administrativas o si, por el contrario, existió un mecanismo informal destinado a desactivar conflictos, desplazar a quienes cuestionaban determinadas prácticas o disciplinar al resto del personal.

La investigación debería establecer quién promovió esos pases, quién los autorizó, bajo qué fundamentos fueron dispuestos y qué nivel de la cadena de mando conocía los conflictos que los antecedieron, porque en una estructura tan verticalizada como la policial determinadas prácticas difícilmente puedan sostenerse durante mucho tiempo sin algún grado de conocimiento, tolerancia o aval “de arriba”.

La denuncia ya hablaba de hostigamientos y represalias

La presentación publicada por APROPOL el 29 de agosto describía un escenario de trato desigual, recargas, presuntos malos tratos, privilegios para determinados funcionarios y posibles represalias laborales contra quienes manifestaban disconformidad. También advertía sobre las dificultades para utilizar de manera segura y efectiva los canales internos de denuncia, una situación especialmente grave cuando quien debe denunciar depende jerárquicamente de aquellos a quienes pretende cuestionar.

ÁLVAREZ: denuncian graves irregularidades, maltrato al personal y uso de recursos policiales para una actividad privada

A ese cuadro se sumaron comentarios públicos de lectores que hablaron abiertamente de “amiguismo de los jefes”, “aprietes” y pases contra quienes exponían irregularidades. Uno de ellos sostuvo de manera directa que quienes no pertenecían a determinados círculos debían soportar mayores exigencias y agregó que después llegaban “pases a quienes exponen las irregularidades”, mientras otro habló de “aprietes” y de una lógica en la que, cuando aparecen los problemas, “nadie se hace cargo”.

Esos comentarios no constituyen por sí mismos una prueba concluyente, pero adquieren relevancia porque coinciden con la información conocida posteriormente sobre Entiveros y con la existencia de pases anteriores que ahora deberían ser revisados.

El contraste con el recuerdo de Entiveros

Los testimonios publicados después de su fallecimiento permiten reconstruir también otra dimensión de su paso por la fuerza. Sus compañeros lo recordaron como un policía experimentado, respetado, dispuesto a enseñar a los más jóvenes y comprometido con el trabajo cotidiano. Uno de ellos relató que Entiveros aconsejaba permanentemente estudiar y capacitarse porque las nuevas generaciones serían “la policía del futuro”, mientras otro recordó que solía hacer dedo en el peaje de Sauce Viejo para llegar temprano al Comando de Álvarez.

También apareció entre las condolencias una crítica explícita a las condiciones laborales policiales, con referencias a muchas horas fuera de la casa, poco descanso y al desgaste acumulado a lo largo de los años.

Nada de esto permite establecer una relación causal con la muerte de Entiveros, pero sí permite reconstruir el contexto en el que transcurrían sus últimos tiempos dentro de la institución.

“Murió cansado de este sistema”

A las comunicaciones conocidas en las últimas horas se sumó el testimonio de una fuente que conocía de cerca la situación de Rolando Entiveros y que fue particularmente contundente: “Murió cansado de este sistema, Chapi”, aseguró. Según ese relato, el propio Entiveros manifestaba su agotamiento y, aun después de terminar una guardia, continuaba trabajando para sostener a su familia, llegando incluso a cubrir adicionales vinculados con las necesidades de su hijo; “vivía para la Policía y para sus nietos”, resumió la fuente (vivía en la ciudad de Santa Fe a 200 km de su lugar de trabajo). También sostuvo que hasta último momento se habría continuado gestionando su traslado y señaló que dentro de la dependencia existía rechazo hacia el personal de mayor edad, mencionando incluso el caso de otro policía que habría sido desplazado bajo ese argumento.

El dato adquiere mayor importancia porque, siempre de acuerdo con la fuente consultada, Entiveros había llegado a comunicarse con Asuntos Internos en Santa Fe para plantear la situación que atravesaba, lo que abre una línea concreta que debería ser verificada: si existió efectivamente ese contacto, qué informó, cuándo lo hizo, qué registro quedó de esa comunicación y qué respuesta obtuvo. La misma fuente cuestionó duramente que los jefes hayan concurrido al velorio mientras, según su versión, se habrían mantenido hasta último momento gestiones para trasladarlo a otro destino mientras vivía.

La “Ley del Gallinero”

Dentro del folklore policial existe desde hace décadas una expresión brutal que resume una determinada percepción de la estructura jerárquica: la llamada “Ley del Gallinero”, según la cual “el de arriba caga al de abajo” (sic).

La frase no pertenece a ningún reglamento ni doctrina oficial, pero precisamente por eso resulta reveladora para muchos. Describe una cultura organizacional en la que las presiones, las exigencias, los costos y muchas veces también las responsabilidades tienden a desplazarse hacia los niveles inferiores, mientras resulta mucho más difícil que esas mismas responsabilidades recorran el camino inverso.

En ese esquema, el problema no termina en quien ejecuta una recarga, dispone un cambio de servicio o impulsa un traslado. También debe analizarse quién conocía esas decisiones, quién las toleraba, quién podía corregirlas y quién eventualmente las avalaba desde niveles superiores.

Más que un problema del Comando

Reducir todo lo ocurrido a un conflicto interno del Comando Regional Álvarez sería, probablemente, quedarse en la superficie. Los pases, las recargas, los aprietes, los privilegios, el miedo a denunciar y la dificultad para hacer ascender responsabilidades aparecen reiteradamente en distintas estructuras policiales y terminan muchas veces naturalizados como parte del funcionamiento cotidiano.

Por eso los pases previos que, según las fuentes consultadas, se habrían producido antes de la situación de Entiveros son un elemento especialmente importante. Si quienes cuestionan determinadas prácticas terminan desplazados, recargados o aislados mientras las causas que originaron el conflicto permanecen intactas, el problema deja de ser personal y pasa a ser sistémico.

La muerte de Entiveros no puede ser atribuida a ese contexto sin pruebas que lo demuestren, pero tampoco puede analizarse ignorando las condiciones laborales e institucionales que atravesaba. Su caso obliga a mirar más allá de un episodio particular y preguntarse cuántas veces situaciones semejantes se repiten dentro de la Policía sin que exista una revisión profunda de las formas de conducción, de los mecanismos internos de denuncia y de la responsabilidad de quienes ocupan los niveles superiores.

Porque la “Ley del Gallinero” —“el de arriba caga al de abajo” (sic)— deja de ser una simple metáfora del folklore policial cuando sirve para describir la forma habitual en que circula el poder dentro de la institución. En ese punto, ya no estamos solamente ante un problema del Comando Regional Álvarez.

Estamos ante una práctica del sistema.

Ficha institucional – Cadena de mando (Provincia de Santa Fe)

Caso: Irregularidades y posible conexión con fallecimiento de un empleado (Santa Fe)
Fecha de relevamiento: Agosto 2026

Cargo

Nombre y Título

Gobernador de la Provincia de Santa FeLic. Maximiliano Pullaro
Ministro de SeguridadAbog. Pablo Cococcioni
Secretario de Seguridad PúblicaComandante General VGM (R) Omar Pereyra
Subsecretario de Seguridad PúblicaComandante General (R) Lic. Roque de Lima
Jefe de la Policía de Santa FeDirector General Lic. Luis Maldonado
Subjefe de la Policía de Santa FeDirector General Lic. Carlos Pagano
Jefe de las Unidad Regional IIDirector Danielo Villan
Subjefe de la Unidad Regional IIDirector Hernán Ramunno
Jefe de AUOPSubdirector Raúl Acosta Gorosito
Inspector de Zona Comisario Supervisor Walter Meza
Jefe del CRE ÁlvarezSubcomisario Gabriela Alesso
Subjefe del CRE ÁlvarezSubcomisario Lucas Andres Acosta

 

 

“Quien quiera oír que oiga”

(*) Ex oficial de la PSF. Periodista. Licenciado en  Seguridad Pública y Ciudadana (Universidad Nacional de Chaco Austral -. UNCAUs). Autor de los  libros Doctrina de la Sospecha Permanente (DSP),  «La Teoría del Foco y la Vara» (FyV)«El Principio de Reciprocidad Institucional» (PRI) ,«Gobernar mediante la sospecha»«Ciudadanía de Segunda Clase (CSC)». y ¿En nombre del odio?

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