Buenos Aires (CABA) – Crecen entre policías federales, retirados y familiares las versiones sobre un posible cierre o vaciamiento del Hospital Churruca-Visca, mientras se multiplican denuncias por pérdida de profesionales, fallas en servicios y decisiones internas que alimentan la preocupación.
Entre efectivos en actividad, retirados y familiares de la Policía Federal Argentina comenzó a circular con creciente insistencia una pregunta que hasta hace poco parecía impensable: ¿están preparando el cierre del Hospital Churruca-Visca? No existe hasta el momento un anuncio oficial que confirme semejante decisión, pero las versiones se alimentan de hechos concretos, denuncias sobre pérdida de profesionales, problemas en prestaciones y hasta el reciente desplazamiento de quienes atendieron durante décadas un histórico kiosco dentro del complejo hospitalario.
La versión es grave y, precisamente por eso, exige separar cuidadosamente aquello que puede comprobarse de aquello que todavía circula como información informal dentro de la familia policial.
APROPOL Noticias no ha encontrado hasta este domingo 16 de agosto ninguna resolución, comunicación oficial o disposición gubernamental que anuncie el cierre del Hospital Churruca-Visca. Por el contrario, el sitio de la Superintendencia de Bienestar de la Policía Federal continúa ofreciendo información del hospital, números de contacto, guardia y sistema de turnos.
Tampoco existe formalmente, hasta donde surge de la información pública consultada, una decisión administrativa de disolver la Superintendencia de Bienestar. En marzo de este mismo año, el Ministerio de Economía aprobó su Plan de Acción y Presupuesto correspondiente al ejercicio 2026.
Pero una cosa es que no exista —al menos públicamente— una resolución de cierre y otra muy distinta que no haya razones para observar con preocupación lo que está ocurriendo.
Una versión que comenzó a correr dentro de la propia Federal
En las últimas horas comenzaron a circular en grupos integrados por policías federales, retirados y familiares mensajes que aseguran que “el Churruca está en vías de desaparecer”.
Uno de esos intercambios, al que tuvo acceso APROPOL Noticias, resulta especialmente significativo porque quien lo reproduce reconoce expresamente que no puede confirmar que la información sea cierta. Esa precaución importa.
Pero también importa lo que viene después.
“Señores, perdemos el Hospital”, advierte uno de los mensajes, antes de describir problemas con los ascensores y dificultades para quienes, por razones de edad, enfermedad o discapacidad, no pueden desplazarse por las escaleras.
El mismo testimonio sostiene que su hija y él se atienden en Oncología, ubicada en el noveno piso, y asegura que de ese servicio se habrían alejado ocho médicos y quedarían solamente tres profesionales para atender la demanda.
Es una afirmación testimonial que deberá ser corroborada por las autoridades sanitarias, pero coincide con informaciones periodísticas aparecidas durante los últimos días que describen una pérdida sostenida de médicos, enfermeros, residentes y otros profesionales, proceso que habría comenzado con anterioridad pero que se habría acelerado durante 2025 y 2026.
También comenzaron a aparecer en redes sociales publicaciones directamente tituladas como un supuesto avance de un “plan para cerrar la obra social de PFA”, junto con otras que denuncian “desmantelamiento y abandono” del Churruca. Debe insistirse: esas publicaciones demuestran que la preocupación existe y se está extendiendo dentro del universo policial, pero por sí solas no prueban que exista una decisión gubernamental de cerrar el hospital.
El kiosco de Dolce: un episodio pequeño que encendió una alarma mucho mayor
En medio de ese clima apareció otro episodio que, considerado aisladamente, podría parecer menor pero que entre antiguos integrantes de la Federal adquirió inmediatamente un enorme contenido simbólico.
Según testimonios que circulan entre policías retirados, habría sido desalojado el personal de un kiosco que funcionaba dentro del Churruca desde hacía aproximadamente medio siglo.
Los mensajes identifican al histórico responsable como Dolce, un antiguo compañero del área Equipamiento de Azopardo que habría quedado ciego mientras pertenecía a la institución y a quien posteriormente se le habría concedido la explotación del kiosco.
Según esos mismos testimonios, la decisión se habría producido mientras atravesaba además un tratamiento de quimioterapia.
“Rajaron a toda la gente del kiosco del Churruca después de 50 años”, sostiene uno de los mensajes difundidos entre retirados, que recuerda que Dolce había trabajado en Equipamiento y que, luego de perder la visión, había recibido ese espacio durante la época del comisario Lori.
APROPOL Noticias no pudo localizar hasta el momento una explicación oficial acerca de las razones administrativas del cierre o desalojo del establecimiento, ni establecer las condiciones jurídicas bajo las cuales funcionaba la concesión. Por ello corresponde mantener la cuestión en esos términos.
Pero existe un componente humano difícil de ignorar.
Para generaciones de policías que atravesaron el Churruca, aquel pequeño comercio no era solamente un kiosco. Formaba parte de la vida cotidiana de una institución donde policías heridos en servicio, retirados, viudas, hijos y familias enteras encontraron durante décadas una referencia sanitaria propia.
Y cuando comienzan a desaparecer médicos, prestaciones o espacios históricos, cada hecho aislado empieza inevitablemente a ser interpretado como parte de algo mayor.
El contraste de la subasta solidaria
La alarma aparece además pocos días después de otro episodio que APROPOL Noticias ya señaló: la realización de una subasta solidaria de obras de arte destinada a recaudar fondos para modernizar equipamiento sanitario y capacitar personal del Hospital Churruca-Visca.
Estado ausente: Arte y mecenazgo para sostener al Hospital Churruca Visca
La actividad se realizó el jueves 13 de agosto en Colección Amalita y fue organizada con el objetivo declarado de obtener recursos para el hospital.
La solidaridad privada merece reconocimiento.
Pero la situación deja planteada una pregunta incómoda: ¿por qué un hospital perteneciente al sistema de bienestar de una de las principales fuerzas federales argentinas necesita apelar crecientemente a iniciativas solidarias para sostener o modernizar parte de sus prestaciones?
Durante décadas el Churruca fue presentado por el propio Estado como una pieza fundamental de protección social para policías federales y sus familias.
En 2011, por ejemplo, el Gobierno nacional anunciaba un programa integral de modernización que incluía incorporación tecnológica, ampliación de camas y obras estructurales.
En 2013 fueron inauguradas nuevas instalaciones de internación y equipamiento.

En 2015 se proyectaban cien nuevos consultorios externos y se hablaba públicamente de la importancia estratégica del complejo para decenas de miles de afiliados.
Y todavía en septiembre de 2020, desde la propia Presidencia de la Nación se reconocía que “el Estado nacional tiene una deuda con las fuerzas federales”, anunciándose ampliaciones, incorporación de personal y nuevo equipamiento para el Churruca.
El contraste con las denuncias actuales resulta difícil de pasar por alto.
Cerrar un hospital sin cerrarlo
Quizás por eso la pregunta correcta todavía no sea si existe una resolución administrativa para cerrar el Churruca.
La pregunta es si puede terminar cerrándose de hecho mucho antes de que alguien firme formalmente su clausura.
Un hospital no desaparece únicamente cuando se coloca un candado en la puerta.
También puede comenzar a desaparecer cuando pierde especialistas, cuando disminuye su capacidad operativa, cuando determinados servicios dejan de responder adecuadamente, cuando la infraestructura envejece sin reposición suficiente, cuando conseguir determinadas prestaciones se convierte en una carrera de obstáculos y cuando quienes dependen obligatoriamente del sistema comienzan a buscar respuestas fuera de él.
Y allí aparece una responsabilidad que no puede trasladarse al voluntarismo de una fundación, a una subasta benéfica ni a la solidaridad entre camaradas.
El empleador de los policías federales es el Estado nacional.
Es el mismo Estado que exige disponibilidad permanente, disciplina, riesgo personal, jornadas extraordinarias y restricciones laborales que no pesan sobre la enorme mayoría de los trabajadores argentinos.
A cambio de esas obligaciones existe un principio elemental de reciprocidad: cuando ese trabajador o su familia necesitan protección sanitaria, el Estado debe garantizarla.
No concederla como favor.
Garantizarla como derecho.
Que hablen las autoridades
Por eso sería conveniente que las autoridades nacionales, la conducción de la Policía Federal y la Superintendencia de Bienestar respondieran públicamente algunas preguntas muy sencillas.
¿Existe algún proyecto de cierre, reconversión, transferencia, reducción o modificación sustancial del Hospital Churruca-Visca?
¿Cuántos médicos, enfermeros y profesionales tenía el hospital en diciembre de 2023 y cuántos tiene actualmente?
¿Cuántos especialistas abandonaron Oncología durante 2025 y 2026?
¿Qué ocurre con los ascensores denunciados como fuera de servicio?
¿Por qué fue cerrado o desalojado el histórico kiosco atribuido a la familia Dolce y cuál es la situación personal de quien estuvo durante décadas al frente de ese espacio?
¿Cuál es hoy el déficit real de la Superintendencia de Bienestar y cuáles son las medidas previstas para garantizar las prestaciones?
Son preguntas verificables y deberían recibir respuestas igualmente verificables.
Porque mientras el silencio oficial permanezca, las versiones seguirán creciendo.
Y cuando dentro de una fuerza cuyos integrantes prácticamente no cuentan con mecanismos sindicales normales para reclamar por sus condiciones laborales comienza a instalarse el temor de estar perdiendo su propio hospital, reducir todo a un rumor sería un error.
Hoy no podemos afirmar responsablemente que el Churruca vaya a cerrar.
Pero tampoco parece responsable mirar para otro lado mientras aquellos que dependen de él comienzan a preguntarse si el deterioro que observan todos los días no constituye, precisamente, otra manera de cerrarlo.
APROPOL Noticias seguirá recabando testimonios y documentación sobre la situación del Hospital Churruca-Visca y pone sus páginas a disposición de las autoridades de la Policía Federal, de la Superintendencia de Bienestar y del Ministerio de Seguridad de la Nación para que brinden las explicaciones correspondientes.
(*) Periodista. Corresponsal en Buenos Aires.
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