Ganó el Hartazgo

Ganó el Hartazgo

No fue una elección. Fue una advertencia. Y fue clara.

Por Alberto Martinez (*)

Este domingo, Santa Fe no solo votó: sentenció. La provincia entera, con Rosario como epicentro simbólico, protagonizó un ultimátum democrático. El mensaje no se traduce en nombres propios, sino en lo que ocurrió fuera del cuarto oscuro: más de la mitad del padrón no participó. Y de quienes sí lo hicieron, miles anularon su voto o votaron en blanco. No hubo apatía. Hubo hastío. Rechazo. Dignidad.

Cuando el silencio habla más fuerte

Los medios celebran porcentajes inflados: Monteverde 30 %, Aleart 28 %, Labayru 25 %. Pero ninguno dice que esos porcentajes se calculan solo sobre votos válidos, no sobre el padrón real. Monteverde fue el más votado con apenas el 14,7 % del padrón, y los demás, por debajo. Lo real es que el sistema político perdió por paliza. No hay relato que lo oculte.

Mientras el gobernador Pullaro bailaba en un escenario, ajeno a todo, el barco democrático crujía. Parecían celebrar arriba del Titanic, sin advertir que el hielo ya había quebrado el casco de su legitimidad.

¿Gobernar sin pueblo?

Esta dirigencia, repudiada por su propio electorado, carece de legitimidad de origen para avanzar con ninguna reforma estructural, mucho menos con una reforma electoral a espaldas de la gente. Si quieren discutir el sistema, que lo hagan de frente: convoquen a un plebiscito vinculante y escuchen al soberano.

Porque lo que pasó hoy no es aislado. En Aldao, por ejemplo, el voto en blanco derrotó a la única candidata, que sin embargo asumirá su cargo. Ciento cincuenta y siete vecinos prefirieron no elegirla. Es un símbolo: la representación política está rota.

El vuelto electoral de la familia estatal

No es casual que la familia policial, los docentes, el personal de salud y de la administración pública hayan encabezado el voto castigo. Los gobiernos —nacional, provincial y municipal— los han maltratado, precarizado y usado como carne de cañón política. La respuesta fue clara: “Así no va más.”

Poner como candidata a quien se dedicó a secuestrar motos de laburantes —como si eso fuera seguridad— es un insulto. Y no lo decimos por su persona, sino por lo que representa: la lógica punitiva sin alma, que humilla al pobre mientras protege al poderoso. Eso votaron. Y eso perdieron.

Se terminó la impunidad del desprecio

Este domingo se escuchó un grito sordo pero ensordecedor: “No en mi nombre.”
No hay más margen para gobernar con planillas, operativos inútiles y campañas huecas. Quienes creen que pueden seguir con esta farsa están fuera de foco. El pueblo, aún sin mayoría en las urnas, comenzó a decir basta.

Un mensaje para todos

Felicitaciones a todos los que fueron, no fueron, votaron, anularon o se expresaron como pudieron. Porque el acto de rebelarse también es democrático.
Este fue un mensaje a todos, sin excepción. No es un triunfo de nadie: es una derrota del sistema.
Y esa derrota, como toda crisis, puede ser el comienzo de algo nuevo… si se animan a escuchar.

¡Quien quiera oir que oiga!

(*) Periodista. Licenciado en Seguridad Pública. Especialista en seguridad y derechos laborales de los trabajadores policiales y penitenciarios.

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