La suboficial Rocío Aguilar, oriunda de Reconquista y destinada en Rosario, decidió entregar su arma y su chaleco tras no obtener traslado por razones familiares y de salud. Su testimonio en Radio EME confirmó lo que APROPOL publicó ayer y abrió una discusión provincial sobre desarraigo, conciliación familia-trabajo y salud mental en la fuerza.
Por Marcos Anglada
DESGARRADOR. La suboficial Rocío Aguilar (31), oriunda de Reconquista y con destino en el Comando Radioeléctrico de Rosario, comunicó que entregó su arma y chaleco y que no volverá a su puesto hasta obtener el traslado al norte provincial. El motivo: cuidar a su hija de 12 años, que sufrió un intento de suicidio tras episodios de bullying. En paralelo, tiene a su cargo dos hijos más, uno con diagnóstico de autismo y TDAH.
“Hoy es mi último día como policía. Mis hijos me necesitan más. Busqué el pase y no lo logré… la salud de Areli está en el medio y con eso no se juega”, escribió en redes. En diálogo con Radio EME, fue categórica: “La Policía no me va a devolver a mi hija… si no sale el pase, me voy de la fuerza”.
“Hoy es mi último día como policía”: la despedida de Rocío Aguilar para cuidar a su hija
Un esquema que no concilia: viaje eterno, guardias y familia rota
Aguilar cuenta un año y medio de servicio. Ingresó en 2024 y fue destinada a Rosario en plena emergencia de seguridad. Pasó de un régimen 12×48 a 12×36 (quincenas de día y de noche). Entre Rosario y Reconquista hay casi 500 km: 8 a 10 horas de viaje por tramo. Con el cambio de horarios, el descanso real se volvió inviable.
“No tengo horarios. No tengo tiempo para estar con mis hijos”, describió. La logística tampoco ayuda: el servicio Laguna Paiva nocturno no llega hasta Reconquista.
El pedido de pase y una respuesta de planilla
Mientras estaba en la Brigada de Orden Urbano, presentó informes médicos por su hija y por uno de sus hijos varones, diagnosticado con autismo y TDAH. La respuesta —señala— fue estándar: “solo por permuta, uno por uno”. Incluso Bienestar Policial y Medicina Legal intervinieron, pero sin solución efectiva. “La negativa me llegó al día siguiente de que le dieran el alta a mi hija”, lamentó.
El día que decidió frenar
“Estaba en Rosario cuando mi hija intentó suicidarse. Volví para hacer una guardia porque me exigían el servicio para darme la licencia… Pero cuando se acercaba otra vez la fecha de viajar, empezó con ataques de pánico. No podía dejarla”, relató. En su última guardia se activó el protocolo: le retiraron el arma y el chaleco y quedó a la espera de evaluación psicológica. Su postura no cambió: “No vuelvo a Rosario. Mi hija vale más”.
Vocación, pero con límites humanos
“Siempre quise ser policía. Estudié en el ISEP Reconquista pensando que iba a servir acá”, dijo. Pero la paradoja duele: “Hay hijos de jefes o personas sin cargas que consiguen el traslado y nosotras, las que realmente lo necesitamos, no podemos”.
La conclusión, sencilla y contundente: “Si la cabeza no funciona, nada funciona”.
Por qué importa este caso
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Desarraigo estructural: se forma personal en el norte y se lo destina al sur, con costos familiares y psicológicos elevados.
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Conciliación fallida: los pases por salud/cuidado se traban tras criterios administrativos que desatienden urgencias humanas.
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Salud mental reactiva: los protocolos aparecen después de la crisis; no hay prevención suficiente.
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Impacto en el servicio: cuando se quiebra la persona, se resiente la seguridad que la institución debe brindar.
Qué dicen las fuentes oficiales
Ante consultas previas sobre “bienestar policial” y cambios estructurales (cupos por zona, cercanía al lugar de origen), las autoridades han señalado la intención de modificar la matriz demográfica para reducir el desarraigo. El caso Aguilar pone a prueba esa promesa: o hay una ventanilla ágil para pases por salud y cuidado, o las buenas intenciones quedarán en letra muerta.
“Cuando cuidar también es servir”
Bajada: El caso de Rocío Aguilar, suboficial oriunda de Reconquista que decidió dejar la fuerza para priorizar la salud de su hija, expone una tensión silenciosa: la imposibilidad de conciliar vocación de servicio y derecho al cuidado en la Policía de Santa Fe. Entre traslados, desarraigo y protocolos que llegan tarde, su gesto interpela a la institución y a la sociedad.
La historia de Rocío Aguilar trasciende lo personal y se convierte en un espejo incómodo. Su mensaje —honesto, doloroso— desnuda una realidad naturalizada: cuando el andamiaje institucional falla, la conciliación entre trabajo y familia se vuelve una carrera de obstáculos donde casi siempre pierden las madres.
Rocío no renunció por falta de compromiso. Al contrario: reivindica su vocación, el amor por el uniforme y el sentido del deber. Pero también marca un límite humano. Cuando una organización no ofrece alternativas razonables ante situaciones de salud o cuidado, no solo se daña la vida de sus integrantes: se resiente la calidad del servicio que esa institución debe prestar.
Su carta abierta es una denuncia sobria. Detrás de la emoción hay preguntas de fondo: ¿qué lugar ocupan las personas —y en particular las mujeres— en las fuerzas de seguridad? ¿Cuántas Rocíos enfrentan a diario el dilema entre seguir en servicio o cuidar de los suyos sin políticas reales de conciliación?
Cuando Rocío dice que la fuerza “le debe a ella”, señala una deuda ética: empatía, reconocimiento y la posibilidad de elegir sin culpa entre ser madre y ser policía. Una vocación auténtica no puede exigir el sacrificio de la salud ni de la familia.
Su decisión es un acto de amor, pero también de coraje institucional. Rompe el silencio de quienes soportan la rigidez de un sistema que no se adapta a la vida, sino que la condiciona. Y nos recuerda algo esencial: no hay seguridad posible sin cuidado. Reconocerlo no debilita a la fuerza, la humaniza.
El caso de Rocío debería marcar un antes y un después. No solo en cómo las instituciones piensan a sus integrantes, sino en cómo la sociedad valora el servicio público. Porque servir no siempre es estar en la calle o portar un arma: a veces el acto más noble es quedarse junto a quien más nos necesita.
Derecho a réplica. Este medio invita al Ministerio de Seguridad y al Área de Bienestar Policial a aportar datos oficiales sobre dotación profesional, tiempos de atención, criterios de traslado y cronograma de implementación de los cupos por zona. Publicaremos su respuesta con la misma relevancia.
Fuentes consultadas: EME / Infovera / Aire de Santa Fe
APROPOL Noticias

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