El reciente anuncio de Sebastián Igonet en cuanto a su pedido de pase a retiro como jefe de la Unidad Regional VI, tras más de 30 años de servicio y siendo además abogado, no puede interpretarse como un hecho aislado, sino como una señal de alarma frente al colapso del sistema institucional policial.
Por Alberto Martinez (*)
Igonet declaró en el periódico El Sur Diario que su decisión fue familiar, emotiva, basada en un balance de aciertos y errores; reconoció que aún tenía camino para seguir, pero sostuvo que este era el momento adecuado. Además, confesó haberse recibido de abogado, y que destaca aún más la partida y que tiene un simbolismo en una fuerza donde el mando y el saber jurídico se cruzan con intereses políticos e institucionales.
Pero lo más grave no es su retiro en sí, sino cómo se enmarca en una ola de bajas, pases obligados y desmotivación interna que la fuerza viene sufriendo.
-
Desgaste Salarial: Los salarios no acompañan los riesgos ni la exigencia profesional.
-
Carrera policial truncada: Los ascensos “cuestionables”, la falta de claridad en las escalas, los vetos políticos para ciertos agentes: muchos jóvenes o agentes veteranos ven su futuro cerrado.
-
Interferencia política: Se siente la injerencia directa de actores políticos en estructuras policiales, generando que quienes “no son funcionales” queden condenados al estancamiento o al retiro.
-
Deserción en el ingreso: Ya se había expuesto en APROPOL que el ISEP no logra cubrir vacantes: los costos iniciales (estudios médicos, viajes, gestiones) suman decenas o cientos de miles de pesos, mientras que las becas ofrecidas son insuficientes y no alcanzan para mantener siquiera lo básico de un estudiante fuera de su lugar de origen.
El combo es letal: un sistema de formación desfinanciado, una carrera con reglas opacas y una política partidaria que pone sus manos sobre la policía.
Igonet, por su parte, dijo que se retira “con la satisfacción del deber cumplido” y que priorizó el vínculo con la comunidad. Pero esa narrativa suaviza lo que sucede puertas adentro: un Estado policial en crisis, que pierde cuadros valiosos, que expulsa a los más comprometidos y que deja crecer el vacío con nombramientos provisionales, improvisados o funcionales.
La pregunta que queda es inevitable: si alguien del nivel de Igonet, con trayectoria y título universitario, decide bajarse antes de que lo aparten, ¿qué mensaje reciben los que están hoy en las líneas de fuego de la fuerza? ¿Qué incentivo queda para quien entra sabiendo que sus años de lealtad podrían terminar en un retiro forzado, una baja sin causa o un ostracismo funcional?
Exigimos una reflexión profunda del modelo policial santafesino: dignificación salarial, reglas transparentes de carrera, separación real del poder político y un sistema de formación que no sea una barrera financiera. Porque si no se empieza a frenar esta sangría institucional, los retiros no serán elegidos: serán la única salida para los que resistieron hasta ahora.
¡Quién quiera oír que oiga!
(*) Periodista. Licenciado en Seguridad Pública y Ciudadana. Ex oficial de la policía de Santa Fe, Especialista en seguridad y derechos laborales de los trabajadores policiales y penitenciarios.
Facebook: Temática Seguridad
Linkedin: Martínez Alberto Rubén
Web: Temática Seguridad (Blogspot)
Notas relacionadas:

