Tras las duras críticas y la presión pública ejercida por APROPOL, el gobernador Pullaro se vio obligado a salir a aclarar los alcances de los narcotests. Una muestra más de que la política del control preventivo está haciendo agua por todos lados.
Por Marcos Anglada (*)
El discurso del cuidado y la práctica del castigo
En Santa Fe se repite como mantra que hay que “cuidar a quienes cuidan”. Pero en los hechos, se está haciendo exactamente lo contrario. Las medidas implementadas por el Ministerio de Seguridad no sólo son improvisadas, sino que profundizan la lógica del control simbólico y el castigo anticipado sobre quienes sostienen día a día la seguridad pública.
Desde APROPOL ya advertimos que los narcotests impulsados por el gobierno carecen de sustento legal, de garantías mínimas y de un protocolo claro. La prueba de ello es que, luego de nuestra denuncia pública, tuvo que salir el propio gobernador Pullaro a dar explicaciones. Cuando un acto de gobierno necesita una aclaración de urgencia, es porque fue ejecutado sin planificación ni respeto institucional.
APROPOL: una voz que incomoda
En este contexto, una voz potente y valiente: La de la Asociación Profesional Policial Santa Fe que en su comunicado público denuncia con claridad lo que se vive en las bases:
“En nombre de la salud mental, se están implementando narcotests de forma improvisada, sin amparo legal, sin resolución vigente y sin respeto hacia las personas. ¿Y la Ley de Derechos del Paciente? Ignorada por completo.”
La organización denuncia la desarticulación de los equipos que abordaban la salud mental y la violencia institucional, y acusa directamente al director de Bienestar, Ignacio Paz, por su desidia profesional y su falta de rigor técnico:
“Un funcionario que habla de un ‘suicidio consumado’ cuando no hubo fallecimiento demuestra ignorancia o desprecio por la vida de sus propios compañeros.”
Gestión de la simulación
Lo que está en juego no es solo una política fallida, sino una forma de gobernar fundada en la simulación. Se desmantelan equipos eficaces para luego “reinaugurarlos” como si fueran novedades. Se hacen charlas y jornadas para la foto, mientras los trabajadores se pagan el internet, compran sus propias impresoras o hacen colectas para arreglar computadoras.
¿Dónde está el cuidado?
¿Dónde están las inversiones en las personas?
¿Dónde está la coherencia entre el discurso y la acción?
Basta de funcionarios que no funcionan
Desde APROPOL decimos:
“La policía sigue funcionando, no gracias a ellos, sino a pesar de ellos.”
Lo decimos con claridad: no hay salud mental posible en un ambiente atravesado por la sospecha institucional. No hay prevención real si todo se reduce a controles sin alma. No hay cuidado verdadero si se desarma lo que funciona para sostener un relato vacío.
(*) Periodista. Corresponsal en Santa Fe.
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